DE PRIMERA …. LA DAMA DE LA NOTICIA

POR ARABELA GARCIA ….

La mesa está puesta para el 2027 y, como era de esperarse, el banquete político en Tamaulipas ya empezó a apestar a oportunismo. La reciente bendición del INE a dos nuevas franquicias electorales, Somos México y PAZ (Construyendo Sociedades de Paz), no vino a democratizar el estado; vino a engrosar la nómina de vividores del presupuesto público y a servir de esquirol para quienes hoy ostentan el poder.

Dice el refrán que «el que tiene más saliva, traga más pinole», y hoy vimos al dirigente estatal del Partido Verde, Manuel Muñoz Cano, salir muy salsa a ningunear a los recién llegados, tachándolos de membretes que no aguantarán ni el primer round. ¡Vaya descaro! Escuchar al Verde hablar de supervivencia propia es como ver a un lobo dar sermones sobre el vegetarianismo. Si alguien sabe lo que es colgarse del presupuesto y mutar de piel según sople el viento —del PRI de Geño a los brazos de Morena— es precisamente la franquicia del tucán. Pero en algo tiene razón Muñoz Cano: los nuevos partidos nacen con el destino marcado y el cordón umbilical amarrado al dinero de los ciudadanos.

Hablemos claro. Por mandato de ley, tanto el Somos México del eterno sobreviviente Guadalupe Acosta Naranjo, como el Partido PAZ, no pueden ir en alianzas en su debut en 2026 ni en la intermedia de 2027. Tienen que rascarse con sus propias uñas si quieren mantener ese codiciado 3% de la votación que les garantice seguir pegados a la ubre presupuestal.

¿Andarán buscando votos limpios? Por supuesto que no. Aquí en la frontera norte, la estrategia no es convencer, sino pepenar. En Matamoros, estos membretes ya le echaron el ojo a la estructura «huérfana» y resentida que dejó el desastroso manejo de la alianza PAN-PRI. Saben perfectamente que hay operadores que terminaron asqueados del agandalle del grupo del «Cachorro» Cantú y de las migajas del priismo. Hacia allá van, a recoger los despojos y a venderles espejitos de candidaturas a los que se quedaron fuera del reparto.

La llegada de estos dos nuevos juguetes políticos no es para ganar alcaldías ni diputaciones; su verdadero negocio es la pulverización del voto. En distritos locales clave de Matamoros, donde la moneda siempre está en el aire y los márgenes se vuelven milimétricos, un miserable 2% o 3% que estos partidos satélites le arranquen al electorado indeciso o al panismo inconforme será más que suficiente para entregarle la plaza en bandeja de plata al oficialismo. No juegan a ganar; juegan a estorbar al servicio del mejor postor.

El IETAM ya los llamó a pasar la báscula para su acreditación local, y muy pronto veremos a los sospechosos de siempre, a esos reciclados de la política aldeana tamaulipeca, levantando la mano como «coordinadores» de estas nuevas ventanillas de empleo temporal.

Al tiempo. El 2027 ya se está cocinando en los sótanos del poder con los mismos ingredientes de siempre, pero con diferente envoltura. La política en Tamaulipas no evoluciona, solo se fragmenta para que los mismos de siempre sigan cobrando el cheque, mientras al ciudadano le siguen vendiendo la misma basura, pero con un logotipo nuevo. Al final, el negocio de la democracia nunca pierde, y los platos rotos, como siempre, los paga usted.

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