#DESDELAFRONTERA

POR #PEDRONATIVIDAD

El grito que lanzó el dirigente del PRI en Tamaulipas, Bruno Díaz Lara, parece más un llamado de desesperación que de convicción.

Escuchar al líder tricolor exigirle al PAN y a Movimiento Ciudadano que dejen la «oposición tibia» suena muy valiente… hasta que uno revisa el estado en el que se encuentra el propio PRI. Entonces el discurso cambia de color.

Seamos sinceros. El llamado no parece obedecer a una estrategia para derrotar a Morena. Más bien luce como una maniobra de supervivencia política. Porque si el PRI decide aventarse solo al ruedo en 2027, el panorama no pinta precisamente alentador.

Hoy el tricolor carga con el peso de años de derrotas, una militancia disminuida y una estructura que ya no tiene la fuerza de otros tiempos. Pensar que puede recuperar el terreno perdido sin aliados sería apostar todas las fichas a un número que hace mucho dejó de salir.

Por eso resulta curioso que Bruno Díaz hable de carácter. El verdadero problema no es si el PAN o Movimiento Ciudadano levantan más la voz contra Morena. El problema es si alguno de ellos estará dispuesto a cargar con un partido que, para muchos observadores, pelea más por mantenerse con vida que por regresar al poder.

En política nadie regala oxígeno. Las alianzas se construyen cuando todos aportan algo. Y la pregunta inevitable es, ¿qué tanto aporta hoy el PRI a una eventual coalición? Porque una cosa es sumar votos y otra muy distinta es sumar problemas.

Desde luego, falta para 2027 y cualquier escenario puede cambiar. Pero con las cartas que hoy están sobre la mesa, el PRI difícilmente aparece como protagonista. Más bien parece un partido que busca cómo seguir sentado en la mesa cuando cada elección le quita una silla.

Al final del día, el grito de Bruno Díaz no parece ser un llamado de guerra contra Morena. Más bien suena al de alguien que busca con urgencia un salvavidas llamado PAN y Movimiento Ciudadano… porque sabe que, si se lanza solo al mar electoral de 2027, el riesgo de ahogarse políticamente es enorme.

OBRAS QUE EN VERDAD TRANSFORMAN

En Nuevo Laredo se está viendo una diferencia que muchas veces pasa desapercibida para quien solo observa la superficie. Mientras durante años la costumbre fue tapar baches, echar una capa de asfalto y tomarse la fotografía, hoy las obras tienen una lógica distinta, primero resolver el problema de raíz y después construir una ciudad que dure muchos años.

Eso es precisamente lo que está ocurriendo en el crucero de la Avenida Reforma.

Muchos automovilistas se preguntan por qué tarda tanto la pavimentación definitiva. La respuesta es sencilla, porque antes de colocar el concreto hay que hacer las obras que nadie ve, pero que son las que verdaderamente garantizan que una vialidad no vuelva a romperse a los pocos meses.

Ahí está la diferencia entre administrar y gobernar.

La alcaldesa Carmen Lilia Canturosas decidió apostar por una modernización integral. No se trata únicamente de cambiar la imagen de una avenida. Se trata de renovar la infraestructura que permanece enterrada durante décadas y que es la responsable de que las calles soporten el crecimiento de una ciudad que cada año exige más movilidad.

Las grandes ciudades no se construyen únicamente con puentes, parques o edificios modernos. También se edifican con drenajes, colectores, líneas hidráulicas y servicios eficientes que permanecen ocultos bajo toneladas de concreto.

Y eso es justamente lo que hoy sucede en Nuevo Laredo.

La transformación ocurre por encima del suelo, donde los ciudadanos podrán disfrutar de vialidades más amplias, modernas y seguras. Pero también ocurre debajo del pavimento, donde se está invirtiendo para evitar que dentro de unos años haya que volver a romper lo que hoy se está construyendo.

Esa visión pocas veces genera aplausos inmediatos, porque las obras subterráneas no lucen en las fotografías ni cortan listones espectaculares. Sin embargo, son las inversiones que realmente cambian el destino de una ciudad.

TAMAULIPECOS A SEGUIR MANTENIENDO MAS POLITICOS

Hay noticias que no emocionan a nadie, excepto a quienes están por empezar a cobrar. La más reciente es que Somos México ya recibió la acreditación del IETAM como partido político con presencia oficial en Tamaulipas. Traducido al español político de todos los días, los tamaulipecos tendrán que mantener a otro partido político con dinero de sus impuestos.

Porque aquí no hay magia. Cada vez que nace una nueva franquicia electoral, la cuenta no la pagan los dirigentes ni los candidatos. La paga el ciudadano que trabaja, paga impuestos y ve cómo una parte de su dinero termina financiando oficinas, asesores, representantes, viáticos, propaganda y toda la estructura de un partido que apenas comienza a caminar.

Y por si alguien pensaba que era poca cosa, ahí está el antecedente. Hace apenas unas semanas apareció Partido Paz, al que le autorizaron cerca de dos millones de pesos para operar solamente durante el segundo semestre del año. Ahora llega Somos México, que muy probablemente recibirá una cantidad similar.

Lo curioso es que cuando se habla de austeridad, siempre le aprietan el cinturón al ciudadano. Pero cuando se trata de partidos políticos, el presupuesto parece tener una elasticidad impresionante. Siempre alcanza para uno más.

Así que el menú rumbo al 2027 seguirá creciendo. Morena, PAN, Movimiento Ciudadano, Partido del Trabajo, Partido Verde, Partido Paz y ahora Somos México. Más logotipos en las boletas, más dirigentes, más comités, más representantes… y, por supuesto, más recursos públicos repartidos entre todos… ¿Qué, no?, NOS LEEMOS.

Comentarios: [email protected]