Por La Libre

Por Edelmira Cerecedo García

Hay universidades que forman profesionistas.

Y hay universidades que forman generaciones enteras de un estado.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas es de esas.

Porque si uno se pone a revisar quiénes son los médicos que atienden, los abogados que litigan, los maestros que enseñan, los ingenieros que construyen, los investigadores que producen conocimiento, los administradores que dirigen empresas, los servidores públicos que toman decisiones y los profesionistas que hacen funcionar buena parte de la vida cotidiana de Tamaulipas, se encontrará una constante:

muchos pasaron por la UAT.

Por eso sus 76 años no son una celebración universitaria más.

Es la celebración de una institución que se volvió parte del ADN profesional de Tamaulipas.

La historia comenzó el 18 de septiembre de 1950, cuando en la antigua Escuela Preparatoria de Tampico se realizó la ceremonia de inicio de cursos de las escuelas de Derecho y Medicina, correspondientes al ciclo 1950-1951.

Dos carreras.

Dos áreas fundamentales.

Y detrás de ellas, una visión que terminaría transformando la vida educativa del estado.

El 30 de octubre de aquel mismo año se constituyó formalmente la asociación civil Educación Profesional de Tampico.

Seis años después llegaría el paso definitivo.

El Congreso del Estado expidió el Decreto 156, mediante el cual se estableció la Ley Constitutiva de la Universidad de Tamaulipas.

El 4 de febrero de 1956 fue promulgado y el 11 de febrero se publicaron los decretos correspondientes a la Ley Constitutiva y la Ley Orgánica.

Así comenzó formalmente una historia que hoy alcanza 76 años.

Pero lo verdaderamente importante no está solamente en las fechas.

Está en lo que ocurrió después.

La Universidad creció y Tamaulipas creció con ella.

La UAT dejó hace mucho de ser solamente un lugar al que los jóvenes van a estudiar.

La Universidad se metió en la vida de Tamaulipas.

Está en los hospitales.

Está en los juzgados.

Está en las escuelas.

Está en las empresas.

Está en los laboratorios.

Está en la investigación.

Está en el servicio público.

Está en los medios de comunicación.

Está en cada región donde un profesionista formado en sus aulas decidió quedarse, regresar o llevar consigo el nombre de su Universidad.

Eso es lo que muchas veces se pierde cuando se habla solamente de cifras.

Una matrícula superior a los 45 mil estudiantes impresiona.

Más de 28 facultades y unidades académicas hablan de dimensión institucional.

Los 93 programas de licenciatura y posgrado hablan de crecimiento académico.

Y la acreditación del 100 por ciento de la oferta evaluable habla de una Universidad que ha colocado la calidad en el centro de su desarrollo.

Pero detrás de cada número hay una historia humana.

Hay un estudiante que algún día se convertirá en profesionista.

Y detrás de cada profesionista hay una familia que apostó por la educación.

Por eso la UAT no solamente ha producido títulos.

Ha producido movilidad social.

Ha abierto puertas.

Ha cambiado destinos.

Ha permitido que jóvenes de diferentes regiones de Tamaulipas encuentren en la educación una herramienta para construir una vida distinta.

Y eso, en cualquier sociedad, tiene un valor enorme.

Porque la verdadera dimensión de una universidad no se encuentra únicamente en sus edificios.

Se encuentra cuando sus egresados salen al mundo.

Cuando un médico atiende a un paciente.

Cuando un abogado defiende una causa.

Cuando un maestro forma a otro estudiante.

Cuando un ingeniero participa en una obra.

Cuando un investigador encuentra una solución.

Cuando una mujer o un hombre formado en la UAT ocupa un espacio de responsabilidad y utiliza sus conocimientos para servir a su comunidad.

Ahí está la Universidad.

A 76 años de distancia, el rector Dámaso Anaya Alvarado encabeza una etapa en la que la Universidad busca profundizar una transformación con sentido humanista.

Y hay una responsabilidad que viene incluida con ese desafío.

Porque una institución de la dimensión de la UAT no puede conformarse con formar buenos profesionistas.

Debe formar profesionistas con conciencia de su responsabilidad social.

Que sepan mucho, sí.

Pero que también sepan para qué sirve lo que saben.

Que tengan preparación, pero también compromiso.

Que puedan competir profesionalmente, pero sin perder de vista a la comunidad que ayudó a formarlos.

El rector ha definido esta visión al señalar que la UAT debe ser una universidad moderna, dinámica, con rostro humano y corazón social.

Y esa definición cobra especial sentido cuando se observa la dimensión actual de la institución.

Más de 45 mil estudiantes.

Más de 28 facultades y unidades académicas.

93 programas de licenciatura y posgrado.

Una oferta académica evaluable acreditada en su totalidad.

Pero también investigación, innovación y vinculación.

El reto, entonces, no es pequeño.

Una Universidad que tiene semejante presencia en Tamaulipas tiene también una enorme responsabilidad con el futuro del estado.

Porque quienes hoy ocupan sus aulas serán mañana quienes ocupen hospitales, empresas, escuelas, tribunales, laboratorios, instituciones públicas y organizaciones sociales.

La Universidad está formando a quienes mañana tomarán decisiones.

Y eso convierte a la educación superior en algo mucho más grande que una política académica.

Es una inversión en el futuro de Tamaulipas.

En ese sentido, la coordinación institucional con el Gobierno del Estado, encabezado por el gobernador Américo Villarreal Anaya, forma parte del esfuerzo por fortalecer proyectos de educación, investigación e innovación orientados al beneficio de la sociedad.

La Universidad pública y el Estado tienen, desde sus respectivas responsabilidades, un punto de encuentro:

formar y servir a Tamaulipas.

Hay instituciones que tienen un domicilio.

La UAT tiene territorio.

Su historia comenzó en Tampico.

Pero su impacto terminó siendo tamaulipeco.

Está presente en las distintas regiones del estado y en la vida profesional de generaciones enteras.

Por eso decir “soy UAT” tiene un significado que va mucho más allá de una credencial universitaria.

Es pertenecer a una comunidad.

A una memoria.

A una generación.

A una institución que ha acompañado durante décadas la transformación de Tamaulipas.

Y sí, también es orgullo.

Porque cada generación que egresa lleva consigo una pequeña parte de la Universidad.

Y cuando esos profesionistas salen al mundo, la UAT también sale con ellos.

Ahí está el verdadero tamaño de la Alma Mater.

En sus egresados.

En sus maestros.

En sus investigadores.

En sus estudiantes.

En las familias que durante décadas han confiado en ella.

En las comunidades que han recibido el conocimiento producido desde sus aulas.

En los profesionistas que un día regresaron a su tierra para poner en práctica lo aprendido.

Setenta y seis años parecen mucho cuando se cuentan en calendarios.

Pero cuando se cuentan en generaciones, se entienden de otra manera.

Son miles de jóvenes que llegaron con una mochila y salieron con una profesión.

Son maestros que dejaron huella.

Son investigadores que abrieron caminos.

Son médicos que atendieron y salvaron vidas.

Son abogados que defendieron derechos.

Son ingenieros que construyeron.

Son mujeres y hombres que desde sus respectivas trincheras ayudaron a mover a Tamaulipas.

Eso es la Universidad Autónoma de Tamaulipas.

Una institución que dejó de ser solamente una casa de estudios para convertirse en casa de generaciones.

Por eso, al cumplir 76 años, la UAT no solamente celebra su pasado.

Celebra todo lo que ha sembrado.

Porque una universidad verdaderamente grande no se mide únicamente por el número de alumnos que tiene.

Se mide por la sociedad que deja después de que sus alumnos se convierten en profesionistas.

Y en Tamaulipas, esa sociedad tiene muchas caras, muchos oficios, muchas historias y un punto de encuentro:

la UAT.

La Alma Mater.

La Universidad que nació en Tampico y terminó formando parte de la historia profesional de todo Tamaulipas.

76 años después, la historia sigue escribiéndose.

Y lo mejor es que todavía hay miles de estudiantes sentados en sus aulas que serán los protagonistas de las próximas páginas.

Porque la UAT no solamente tiene 76 años de historia.

Tiene 76 años formando la historia de Tamaulipas.