Por La Libre
Por Edelmira Cerecedo García
A Alejandro Guevara Cobos lo han subestimado más de una vez.
Gobernadores, secretarios, grupos políticos y hasta personajes de su propia tierra llegaron a verlo como un político cuyo mejor momento ya había pasado. En El Mante, incluso hubo quienes pensaron que su nombre podía ir perdiendo peso conforme aparecieran nuevas generaciones y nuevos operadores.
Pero la política tiene una mala costumbre para quienes se apresuran a escribir epitafios: a veces los que parecen fuera de la jugada solamente están jugando en otra mesa.
Y Alejandro Guevara vuelve a dar señales.
No es solamente el mantense que fue tres veces diputado federal. No es únicamente el político que construyó buena parte de su carrera desde el PRI. Tampoco es solamente aquel personaje que durante años se movió en los círculos de poder nacional.
Hoy la lectura es distinta.
Su nombre aparece vinculado públicamente con Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, y medios tamaulipecos incluso lo identifican actualmente como coordinador de asesores del funcionario federal.
Eso cambia la dimensión de la conversación.
Porque una cosa es presumir fotografías con personajes nacionales y otra muy distinta es que, con el paso del tiempo, el nombre siga apareciendo alrededor de uno de los hombres con mayor peso dentro del Gobierno federal.
Y aquí hay que reconocer algo: Álex no desapareció.
Mientras algunos se quedaron atrapados en la fotografía de la política tamaulipeca de hace años, Guevara Cobos mantuvo relaciones que hoy vuelven a tener valor estratégico.
Ya desde 2024 circulaban versiones sobre su cercanía con Harfuch y sobre una eventual participación en el equipo de seguridad federal. Aquellas versiones fueron entonces eso: versiones. Pero el dato político que permanece es que la relación entre ambos no era una ocurrencia reciente.
Y ahora aparece otro movimiento que tampoco puede pasarse por alto.
En octubre, desde Nuevo Laredo, Alejandro Guevara hizo pública su lealtad política al gobernador Américo Villarreal Anaya, a quien reconoció como líder y amigo.
No anunció candidatura.
No confirmó formalmente su incorporación a Morena.
Pero sí dejó algo mucho más importante para quien sabe leer política: dijo de qué lado está.
Y eso ocurre justo cuando Tamaulipas entra de lleno en la conversación rumbo a 2027.
¿Coincidencia?
Puede ser.
¿Señal?
También.
Porque mientras algunos personajes necesitan que les organicen escenarios, otros comienzan a aparecer naturalmente donde están las decisiones.
Y aquí es donde Alejandro Guevara vuelve a adquirir valor político.
Su relación con Harfuch lo coloca en una dimensión federal; su acercamiento público con Américo lo coloca en la conversación estatal; y su origen mantense le mantiene una raíz territorial que, para quienes conocen la política del sur tamaulipeco, no es un dato menor.
Por eso resulta curioso que todavía haya quienes quieran medir a Alejandro Guevara con la vara de lo que fue hace diez o quince años.
Álex no necesariamente está regresando a la política: quizá nunca se fue.
Simplemente dejó de necesitar el reflector local para mantener abiertas sus relaciones nacionales.
Y hay algo todavía más interesante.
En política, no todos los que tuvieron poder conservan vigencia. Algunos fueron secretarios, otros diputados, otros operadores, otros estuvieron cerca de gobernadores y después se apagaron.
Algunos ya ni siquiera figuran.
Pero cuando un personaje que muchos daban por disminuido vuelve a aparecer conectado con figuras nacionales de primer nivel y, al mismo tiempo, establece públicamente su posición frente al gobernador de Tamaulipas, entonces ya no estamos hablando solamente de nostalgia política.
Estamos hablando de presencia.
Y sí, en política existen niveles.
Hay quienes necesitan explicar todos los días dónde están.
Y hay quienes, sin hacer demasiado ruido, simplemente aparecen en la conversación correcta.
Alejandro Guevara Cobos hoy está dando señales.
La pregunta ya no es si aquellos que lo subestimaron tenían razón.
La pregunta es otra:
¿qué tanto peso tendrá Álex Guevara en los nuevos tiempos políticos de Tamaulipas?
Porque mientras unos todavía discuten si cuenta o no cuenta, él ya está haciendo algo mucho más importante:
mantener abiertas las puertas.
Y en política, mi querido Mante, las puertas que permanecen abiertas suelen ser las que después conducen a los lugares donde se toman las decisiones.
Se lo dejo de tarea.
UAT: cuando la universidad deja de formar solamente profesionistas y empieza a formar emprendedores
Hay otro tema que merece una lectura aparte.
La Universidad Autónoma de Tamaulipas está mostrando una faceta que vale la pena mirar más allá del boletín institucional: la de una universidad que busca que sus estudiantes no solamente terminen una carrera, sino que aprendan a convertir sus conocimientos en proyectos reales.
La Feria del Libro UAT, celebrada en Tampico, se convirtió también en escaparate para jóvenes emprendedores.
El caso de Christopher Medina, estudiante de tercer semestre de Negocios Internacionales, es un buen ejemplo. Su proyecto “Crux Gallery”, dedicado a ropa, calzado, accesorios y joyería, comenzó con la venta de gorras y hoy busca convertirse en un negocio con mayor catálogo, un local comercial y hasta una línea propia de joyería.
Lo interesante no está solamente en el emprendimiento.
Está en lo que ocurre detrás.
Christopher reconoce que lo aprendido en las aulas le permite administrar mejor sus recursos, controlar mercancía, planear reinversiones y entender procesos de importación y logística.
Ahí está el verdadero valor de una universidad.
No solamente entregar un título, sino darle al estudiante herramientas para defenderse en el mundo real.
Y en ese sentido, la visión del rector Dámaso Anaya Alvarado encuentra un punto importante: vincular el conocimiento académico con la iniciativa de los jóvenes.
Porque Tamaulipas necesita profesionistas, sí.
Pero también necesita jóvenes capaces de crear empresas, generar empleos, innovar y encontrar oportunidades donde otros solamente ven dificultades.
La Feria del Libro, entonces, deja de ser únicamente una actividad cultural.
Se convierte en un escaparate para algo mucho más grande: el talento que se está formando hoy y que mañana tendrá que mover la economía de Tamaulipas.
Y esa también es política pública, aunque no aparezca en una boleta electoral.
Porque formar jóvenes con herramientas para emprender significa darles algo que ningún discurso puede sustituir:
la posibilidad de construir su propio futuro.