CONFIDENCIAL
ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.
La presidenta Claudia Sheinbaum tiene razón cuando dice que “una visa no define a una persona”. Claro que no. El problema es que nadie está discutiendo la calidad humana de los personajes a quienes Estados Unidos les ha cerrado la puerta. Lo inquietante no es que les hayan quitado la visa, sino qué encontró Washington para decidir hacerlo.
Porque una cosa es que el gobierno estadounidense niegue o retire ese documento a cualquier ciudadano por incumplir alguna de sus reglas migratorias, y otra muy distinta que lo haga con gobernadores, alcaldes, dirigentes partidistas o personajes cercanos al poder político mexicano.
Ahí están los casos de Andrés Manuel “Andy” López Beltrán y de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila. Y aunque él ha negado que el hecho haya ocurrido, también están lo casos del alcalde de Matamoros, Alberto Granados, y de su antecesor, Mario, “La Borrega”, López.
Y ese es precisamente el punto. Cuando quienes pierden el documento son figuras vinculadas al poder, la visa pasa a segundo término y lo que comienza a generar ruido son las razones. Porque Estados Unidos podrá reservarse los motivos, pero difícilmente puede evitar las sospechas.
Por supuesto que el Gobierno mexicano está en su papel al tratar de bajarle volumen al asunto. Políticamente no le queda de otra. Estamos en la antesala de una elección intermedia particularmente importante para Morena y mantener durante meses la percepción de que personajes del movimiento están bajo la lupa estadounidense representa un desgaste nada despreciable.
Sin embargo, la defensa presidencial resulta insuficiente. Es correcto decir que la cancelación de una visa no demuestra por sí misma la comisión de un delito. También es cierto que Washington no suele explicar públicamente los motivos de esas decisiones. Pero justamente ese silencio es lo que convierte cada caso en una bomba de especulaciones.
Y hay algo todavía más delicado: Estados Unidos ya dejó claro que sus acciones no necesariamente terminan con el retiro de una visa. Washington dispone de muchas otras herramientas y, cuando considera que tiene elementos suficientes, no duda en utilizarlas.
Ahí está el caso de Sinaloa. El gobernador Rubén Rocha Moya fue acusado por fiscales estadounidenses junto con otros funcionarios y exfuncionarios por presuntos delitos relacionados con narcotráfico y armas. Las acusaciones tendrán que probarse, desde luego, pero el mensaje político está enviado.
A eso súmele toda la información que las autoridades estadounidenses deben haber acumulado a partir de los procesos contra personajes de primer nivel del narcotráfico mexicano. Ahí están Ovidio y Joaquín Guzmán López, además de Ismael “El Mayo” Zambada. Qué dijeron, cuánto dijeron y sobre quiénes hablaron es algo que solamente ellos y los fiscales conocen.
Y si a eso se agregan los personajes que durante años estuvieron cerca de políticos, gobernadores, alcaldes y funcionarios mexicanos, entonces se entiende por qué el asunto de las visas debería preocupar bastante más de lo que públicamente admite el Gobierno federal.
México puede protestar, invocar la soberanía nacional y exigir pruebas antes de condenar públicamente a cualquiera. Eso es lo correcto. Lo que difícilmente puede hacer es impedir que Estados Unidos investigue, integre expedientes o actúe judicialmente cuando considere que tiene elementos para hacerlo.
Por eso, la visa termina siendo lo de menos. La verdadera preocupación no debería estar en quién puede o no cruzar la frontera, sino en qué nombres aparecen en los expedientes de Washington y hasta dónde está dispuesto a llegar Donald Trump. Si vienen más golpes, entonces entenderemos que las visas apenas eran el aviso.
EL RESTO.
POR LAS DUDAS.- Por cierto, la clase política, (de todos los partidos) ha optado por evitar viajar a Estados Unidos. Quienes se atreven lo hacen porque tienen la doble nacionalidad.
Nadie quiere exponerse a ser retenido en los puentes internacionales y que le quiten su documento migratorio.
Así será por lo menos hasta que Donald Trump permanezca en el poder. Pobrecitos.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.
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