Por Agustín Peña Cruz
Tampico, Tamps.- La fotografía profesional enfrenta uno de sus mayores retos: una transformación tecnológica que ha reducido espacios laborales, modificado los hábitos de consumo y colocado a la inteligencia artificial como una herramienta cada vez más presente. Para Arturo Bustos Carmona, secretario general de la Federación Nacional de Fotógrafos y Camarógrafos de la República Mexicana, la respuesta no es resistirse al cambio, sino aprender a utilizarlo.
“Cuando nace una nueva tecnología, todos tenemos miedo, pero hay que enfrentarla y tenemos que estar siempre al día”, afirmó Bustos Carmona durante una entrevista en la que describió la situación de un gremio que busca mantenerse vigente mientras incorpora a nuevas generaciones.
La federación agrupa al menos a 12 organizaciones en distintos estados del país. Cada agrupación reúne entre 20 y 70 fotógrafos y camarógrafos, con una composición generacional amplia: desde jóvenes de alrededor de 20 años hasta profesionales de 70 u 80. Bustos Carmona estima que entre 50 y 60 por ciento de sus integrantes son adultos mayores.
Esa brecha generacional explica, en parte, el énfasis de la organización en la capacitación. La federación ofrece cursos gratuitos o de bajo costo para facilitar el acceso a herramientas que, en el mercado privado, pueden resultar prohibitivas.
“Ayer hubo un curso de inteligencia artificial, Photoshop y más trabajos que muchas personas no tienen la oportunidad” de tomar, explicó. La intención, añadió, es que los fotógrafos puedan incorporar conocimientos tecnológicos sin que el costo se convierta en una barrera.
La estrategia es particularmente importante para los jóvenes que ingresan al oficio después de estudiar comunicación u otras carreras relacionadas. Pero también busca acompañar a los profesionales veteranos que encuentran mayores dificultades para actualizar sus métodos de trabajo.
“No se obliga; quien quiera. Más que nada para los jóvenes es la oportunidad de que estén más preparados”, señaló.
Bustos Carmona calcula que actualmente existen alrededor de 600 a 700 fotógrafos vinculados a las agrupaciones representadas por la organización, una cifra inferior a la registrada antes de la pandemia.
El mercado social también se ha vuelto más competitivo. En salones y eventos todavía se venden fotografías impresas, pero la competencia ha presionado los precios. Los paquetes pueden ir de 10 mil a 50 mil pesos o más, dependiendo del mercado y del tipo de cliente.
“Vivimos muchos de la fotografía”, sostuvo. La clave, dijo, está en ofrecer productos novedosos, prácticos y accesibles para mantener la actividad como un negocio rentable.
El gremio enfrenta además una fragilidad estructural: la mayoría de los fotógrafos trabaja por cuenta propia y carece de prestaciones laborales equiparables a las de un empleo formal. Aunque algunos cuentan con seguros de vida, ahorro y otros mecanismos, el acceso a seguridad social y vivienda sigue siendo complicado.
“Sí, está un poco complicado. Estamos trabajando en ello”, reconoció.
La federación también intenta ordenar la relación de sus integrantes con iglesias, escuelas y organizadores de eventos. En el caso de las ceremonias religiosas, ha recibido capacitación de autoridades eclesiásticas sobre conducta profesional y respeto de los espacios.
El organismo cuenta con un reglamento interno y aplica sanciones cuando alguno de sus integrantes incumple las normas. Dependiendo de la gravedad, pueden ir de una semana o un mes de suspensión hasta la expulsión.
Para Bustos Carmona, la supervivencia del oficio dependerá menos de competir contra la tecnología que de aprender a convivir con ella. La inteligencia artificial puede transformar la producción de imágenes, pero no elimina la necesidad de preservar momentos irrepetibles.
“Es un recuerdo muy bonito”, resumió al defender una profesión que, pese a la digitalización, continúa encontrando clientes y nuevas formas de trabajo.
La fotografía enfrenta la era digital sin renunciar a su oficio