DE PRIMERA ….  LA DAMA DE LA NOTICIA

POR ARABELA GARCIA …

En Matamoros, el negocio de la fe se ha convertido en una de las industrias más lucrativas y menos fiscalizadas. Bajo el disfraz de «asociaciones civiles», «casas de restauración» y «templos de reconversión espiritual», opera una red donde convergen desde el lavado de dinero y la extorsión hasta la explotación de personas vulnerables, todo amparado bajo el discurso del perdón divino y el respaldo de políticos incautos —o cómplices— a los que les prometen estructuras y votos.

Paradoja total: mientras las autoridades miran hacia otro lado, corremos el riesgo de incubar en estos centros cristianos y de rehabilitación un escándalo igual o peor al caso de Dafne y las escuelas militarizadas. Resulta alarmante que, escudándose en la ayuda a adictos y en la bandera de la salud mental, se abran espacios sin control ni supervisión oficial, donde el aislamiento y la manipulación psicológica dejan a los internos a merced de todo tipo de abusos.

El caso de la Casa de Restauración de Adicciones «Mesón del Cielo» destapó apenas la punta del iceberg. Encabezado por el pastor Paco García y su esposa Ana de García, este centro se promociona como un refugio, pero en la práctica opera con una lógica muy distinta. ¿Cuál es el verdadero interés tras el discurso religioso? El dinero y el beneficio personal. A los internos no solo se les imponen cuotas «voluntarias» a sus familias y se les vende en la «tiendita» interna, sino que la comida proviene en gran medida de donaciones y desperdicios del mercado. Más grave aún es el uso de las personas como mano de obra no remunerada: desde limpiarles la casa, cuidarles a los perros y hacerles las mudanzas, hasta criar a sus hijos.

Pero la ambición no se detuvo ahí. En contubernio con un personaje identificado como Erick «N», el Mesón del Cielo pretendía apoderarse de un área de equipamiento municipal en el fraccionamiento Paseo Residencial, justo detrás de Televisa, maniobra que afortunadamente la movilización ciudadana logró frenar.

No es un caso aislado. Hoy la alerta se traslada a la colonia Obrera, donde vecinos denuncian que otro grupo de la misma corriente pretende adueñarse de un predio de equipamiento público para construir un templo. La indignación social crece y los colonos ya preparan la denuncia formal, siguiendo el precedente de Paseo Residencial: los espacios públicos son de la comunidad, no para el enriquecimiento de vividores de la fe.

¿Y los famosos «casos de éxito» en la rehabilitación? Pura mercadotecnia. El ejemplo más presumido por la congregación fue el de Israel Morales, ex pastor a quien exhibían como trofeo tras rescatarlo de las calles, pero cuyo desenlace terminó en escándalo de adulterio con una de sus propias discípulas. La realidad es que estos centros no rehabilitan; entretienen y manipulan mientras la persona permanezca subordinada al grupo.

Es urgente que la Dirección de Asuntos Religiosos, la Secretaría de Salud y las autoridades competentes supervisen e intervengan en estos centros antes de que enfrentemos una tragedia mayor. El contubernio entre la política y estos falsos profetas debe parar; la fe y la necesidad de la ciudadanía no pueden seguir siendo el escudo impune de la delincuencia y la especulación inmobiliaria.

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