Por la Libre
Por Edelmira Cerecedo García.
Organizar al pueblo. Ahí está la diferencia entre quienes hacen política y quienes sólo administran el poder. Hay quienes con un solo grito logran convocar voluntades y hay otros que, teniendo todo el aparato gubernamental, no consiguen generar confianza.
Y los tiempos ya están encima. La definición de candidaturas comenzó a mover piezas en todos los partidos.
En el PAN ya se abrió el juego. Después de dejar fuera al menos formalmente al grupo cabecista, nadie debería olvidar que esos grupos son como el cáncer: cuando parece que desaparecen, simplemente hacen metástasis. Ahí está José Ramón Gómez Leal, el cuñado incómodo y desleal del cabecismo, ejemplo de que las lealtades políticas cambian de camiseta, pero rara vez de intereses.
Pero donde verdaderamente llama la atención es en El Mante.
Porque alguien debería explicarle a la alcaldesa Patricia Chío que una cosa es sentirse segura y otra muy distinta actuar como si la reelección ya estuviera firmada. Ella misma, cuentan, presume que ya recibió la bendición para repetir en el cargo; habla del próximo trienio como si la elección fuera mero trámite y hasta comienza a repartir promesas futuras.
Las famosas Patyaventuras, acompañadas de las ya conocidas Rigomaquiaveladas, terminan enviando señales que difícilmente pasan desapercibidas.
Porque si el gobernador Américo Villarreal ya había depositado su confianza en ese gobierno municipal, ¿qué necesidad había de convertir un evento gastronómico en un escaparate político trayendo al senador incómodo del grupo de Adán Augusto, acompañado además por Lalo Gattás y toda una comitiva?
En política las fotografías hablan. Las presencias pesan. Los mensajes se leen aunque nadie los pronuncie.
Y cuando, además, comienzan movimientos dentro del Ayuntamiento con el argumento de «reforzar» la administración, la pregunta inevitable es: ¿reforzar qué? Porque desde fuera pareciera que más bien intentan reforzar una estructura que hace agua por todos lados.
Ni siquiera el ingeniero, hoy enlace del Gobierno del Estado, alcanza a sostener con fotografías el supuesto auge mantense. La propaganda tiene límites cuando la realidad termina imponiéndose.
Recordemos a Rigo cuando José Benítez enlace de Gobierno cuando Egidio y quien conoce perfectamente cómo se mueven esos engranes y mantiene cercanía desde aquellos tiempos en que el PRI lo dejó solo y perdido obvio vendió la causa con una facilidad sorprendente, entonces la pregunta deja de ser quién mueve las piezas y pasa a ser para quién las está moviendo.
Las señales importan siempre.
En Tamaulipas.
Mientras tanto, el gobernador Américo Villarreal anuncia el reforzamiento del operativo de seguridad para el periodo vacacional. Más de 60 mil paisanos han ingresado por Tamaulipas sin incidentes, se despliegan 3 mil 500 elementos y el mensaje es uno: estabilidad, coordinación y prevención. En esa misma conversación también recordó algo que varios parecen olvidar: quienes aspiren a contender deberán separarse de sus cargos cuando los tiempos legales lo indiquen. Traducido al lenguaje político: nadie tiene todavía la candidatura en la bolsa.
En la Universidad Autónoma de Tamaulipas ocurre exactamente lo contrario al ruido político. Dámaso Anaya consolida una primera Copa UAT de Básquetbol que reunió a 49 equipos y más de 612 niñas, niños y jóvenes. Ahí la competencia sí termina con trofeos, no con rumores. Ahí el protagonismo se gana en la cancha y no en las fotografías.
La Tarea
Y un último dato para quienes siguen creyendo que todo puede esconderse bajo la alfombra.
En el Congreso del Estado, la preocupación por el cierre de empresas en El Mante llegó primero a la bancada del PAN que a los propios legisladores de Morena.
Ojo con eso.
Porque cuando la oposición comienza a hablar de los problemas antes que los propios aliados del gobierno, alguien dejó de escuchar a la calle.
Y la calle, tarde o temprano, siempre termina cobrando la factura.