Por: Luis Enrique Arreola Vidal
En política existen dos tipos de gobiernos.
Los que viven del discurso.
Y los que hablan a través de los resultados.
Los primeros pueden construir narrativas.
Los segundos construyen confianza.
Y la confianza, en economía, tiene un nombre muy concreto: calificación crediticia.
Porque las calificadoras no evalúan simpatías partidistas.
No califican campañas.
No votan en elecciones.
Califican riesgos.
Califican capacidad de pago.
Califican estabilidad.
Califican disciplina.
Califican futuro.
Por eso, cuando cuatro de las agencias financieras más importantes coinciden en otorgar a una entidad la máxima confianza crediticia posible, deja de ser propaganda gubernamental para convertirse en un hecho económico de enorme relevancia.
Eso acaba de ocurrir con Tamaulipas.
Mientras México enfrenta uno de los momentos fiscales más delicados de las últimas décadas, con crecientes presiones sobre sus finanzas públicas, un déficit histórico, una deuda en constante aumento y advertencias de los mercados sobre la sostenibilidad de las finanzas nacionales, Tamaulipas avanza exactamente en sentido contrario.
La Federación enfrenta un escenario en el que diversos analistas advierten que, de no corregirse el rumbo fiscal, el país podría acercarse peligrosamente al límite inferior del grado de inversión, una situación que elevaría el costo del financiamiento y reduciría la confianza de los mercados.
En contraste, Tamaulipas obtuvo nuevamente la máxima calificación crediticia AAA con Perspectiva Estable otorgada por HR Ratings, reconocimiento que confirma que el estado mantiene una de las administraciones financieras más sólidas del país.
No es una diferencia menor.
Es la diferencia entre inspirar confianza o generar incertidumbre.
Entre atraer inversión o espantar capital.
Entre administrar con visión o sobrevivir financieramente.
Y detrás de ese resultado existe un trabajo silencioso que pocas veces recibe el reconocimiento que merece.
El arquitecto financiero de la estabilidad
Las grandes obras públicas tienen un rostro visible.
Las grandes finanzas públicas, casi nunca.
Mientras la atención suele concentrarse en quienes inauguran carreteras, hospitales o puentes, pocas veces se reconoce a quienes hacen posible que existan los recursos para construirlos.
En Tamaulipas ese papel recae en el secretario de Finanzas, Carlos Irán Ramírez González.
Su trabajo no se mide en discursos.
Se mide en indicadores.
En balances.
En reservas.
En capacidad de pago.
En confianza de los mercados.
Pero también responde a una visión clara de gobierno.
Carlos Irán Ramírez González ha ejecutado con rigor técnico la política financiera impulsada por el gobernador Américo Villarreal Anaya, quien ha establecido como principio irrenunciable el manejo honesto, transparente, eficiente y responsable de los recursos públicos. Bajo esa directriz, la Secretaría de Finanzas ha consolidado una administración caracterizada por el orden presupuestal, la disciplina en el gasto, la rendición de cuentas y una planeación de largo plazo que hoy es reconocida por las principales agencias calificadoras del país.
Mantener la calificación AAA no es producto de la casualidad.
Es consecuencia de una estrategia financiera basada en disciplina presupuestaria, planeación de largo plazo, administración responsable de la deuda, fortalecimiento de los ingresos públicos y mecanismos de protección financiera que hoy colocan a Tamaulipas entre las entidades con menor riesgo crediticio de México.
Los mercados no premian la improvisación.
Premian la consistencia.
Y eso explica por qué no sólo HR Ratings ratificó la máxima calificación para Tamaulipas.
También Moody’s Local México, Fitch Ratings y PCR Verum coinciden en reconocer la fortaleza financiera del estado.
Cuando cuatro agencias independientes llegan prácticamente al mismo diagnóstico, la evidencia deja de ser una opinión.
Se convierte en una certificación.
El liderazgo que hoy proyecta Tamaulipas
Existe además otro dato que merece atención nacional.
Hace apenas unos días, Tamaulipas fue sede de la CCCLXX Reunión de la Comisión Permanente de Funcionarios Fiscales, el órgano de coordinación hacendaria más importante del federalismo mexicano.
No fue un acto protocolario.
Fue un reconocimiento institucional.
En Tampico se reunieron la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la Tesorería de la Federación, el Servicio de Administración Tributaria, la Agencia Nacional de Aduanas y los secretarios de Finanzas de las treinta y dos entidades federativas.
Que Tamaulipas encabezara ese encuentro no es producto del azar.
Es consecuencia de la credibilidad que hoy proyecta su administración financiera.
Bajo la conducción de Carlos Irán Ramírez González, y con el respaldo permanente del gobernador Américo Villarreal Anaya, el estado no sólo administra correctamente sus recursos.
También participa activamente en la construcción del nuevo federalismo hacendario mexicano.
Eso coloca a Tamaulipas como un referente nacional en materia de responsabilidad fiscal.
La excepción en medio de la tormenta
Mientras algunas administraciones públicas viven presionadas por déficits crecientes, mayores costos financieros y una deuda que limita su capacidad de inversión, Tamaulipas ofrece una historia distinta.
Una historia donde la responsabilidad fiscal dejó de ser un discurso para convertirse en una política pública permanente.
La calificación AAA significa algo muy sencillo para cualquier ciudadano.
Significa que el estado inspira confianza.
Que puede acceder a mejores condiciones de financiamiento.
Que paga oportunamente sus obligaciones.
Que administra responsablemente los recursos públicos.
Y que cada peso bien administrado termina convirtiéndose en más infraestructura, más hospitales, mejores carreteras, mayor inversión, más empleo y mejores oportunidades para las familias tamaulipecas.
Las finanzas sanas no son un dato técnico.
Son calidad de vida.
Son certeza para quienes invierten.
Son tranquilidad para quienes generan empleo.
Y representan una ventaja competitiva frente a otras entidades y frente a un entorno nacional que atraviesa importantes desafíos fiscales.
El verdadero patriotismo económico
Como tamaulipeco, celebro cualquier decisión pública que fortalezca a nuestro estado, sin importar colores partidistas.
Porque los buenos resultados no pertenecen a un partido.
Pertenecen a los ciudadanos.
Reconocer una administración financiera eficiente no significa renunciar a la crítica cuando sea necesaria.
Significa tener la honestidad intelectual de reconocer aquello que funciona.
Y hoy las cifras hablan con una claridad difícil de cuestionar.
La estabilidad financiera que hoy distingue a Tamaulipas es consecuencia de un trabajo coordinado entre un gobernador que ha privilegiado la honestidad, la transparencia y la eficiencia en el ejercicio del gasto público, y un secretario de Finanzas que ha convertido esos principios en resultados medibles y reconocidos por los mercados.
Mientras el entorno nacional enfrenta desafíos importantes, Tamaulipas acredita estabilidad.
Mientras otros generan incertidumbre, Tamaulipas genera confianza.
Mientras algunos discuten narrativas, Tamaulipas presenta resultados.
La Torre Bicentenario, los proyectos estratégicos, el dinamismo energético, la plataforma logística y el crecimiento industrial tienen un denominador común: sólo pueden sostenerse sobre finanzas públicas sanas.
Porque ningún proyecto de desarrollo perdura cuando las finanzas se deterioran.
Y ninguna economía regional puede aspirar al liderazgo sin estabilidad presupuestaria.
La historia demuestra que las naciones y los estados no se fortalecen únicamente por la riqueza que generan.
Se fortalecen por la manera en que administran esa riqueza.
Hoy, Tamaulipas demuestra que la responsabilidad fiscal también puede convertirse en una política de Estado.
Y mientras México busca recuperar certidumbre en un entorno económico cada vez más complejo, nuestro estado envía un mensaje poderoso al país y a los mercados internacionales.
La confianza no se improvisa.
Se administra.
Se construye.
Y, sobre todo, se califica.
En tiempos de incertidumbre nacional, Tamaulipas ha decidido hablar con el lenguaje que más respetan los inversionistas y los mercados:
El lenguaje de la disciplina, la responsabilidad, la honestidad, la transparencia y los resultados.