Por José Gregorio Aguilar
Junio 22 2026
Morena insiste en que “no somos iguales”. Y tiene razón: no son iguales, son peores en creatividad. Porque mientras el viejo régimen se conformaba con contratos inflados, la 4T perfeccionó el arte de la empresa fantasma con sello oficial.
La investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad destapó que una red de compañías sin experiencia en obras hidráulicas recibió más de 2,300 millones de pesos en contratos de Conagua. El epicentro: una empresa constituida en la notaría de Adán Augusto López, hoy catalogada por el SAT como “facturera”.
La ironía es brutal: el partido que presume “no robar, no mentir, no traicionar” dispersa contratos como si fueran volantes de feria. Y cuando alguien pregunta por transparencia, la respuesta es un laberinto burocrático que termina en silencio.
Los proyectos beneficiados —presas en Sinaloa, distritos de riego en Sonora— son estratégicos. Pero la estrategia parece ser otra: simular competencia, adjudicar a empresas ligadas entre sí y repartir millones como si fueran dulces en campaña.
¿Y la autoridad? Bien, gracias. El INE no se mete, la Función Pública calla, el SAT señala pero no sanciona. La justicia en México es como el aire caliente de Victoria: se siente, se sufre, pero nunca se ve.
El catálogo de escándalos no se detiene. Ahí está el caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, acusado formalmente por el gobierno de Estados Unidos de haber colaborado con “Los Chapitos” para llegar al poder, mediante robo de boletas, secuestro de candidatos y vínculos con el Cártel de Sinaloa. Y apenas esta semana, ya se investigaba a la alcaldesa de Tenancingo, Estado de México, Nancy Nápoles Pacheco, por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), tras ser acusada de simular su propio secuestro para presuntamente encubrir un desfalco de 40 millones de pesos del erario municipal y a quien por cierto ya le suspendieron sus derechos partidistas.
Cada episodio derrumba en pedazos la confianza y la honestidad que Morena ofreció como bandera: la transparencia se convierte en simulación y la justicia, en un fantasma que nunca aparece.
La 4T presume que no roba, no miente y no traiciona. Pero cuando las empresas fantasma salen del cajón notarial de Adán Augusto, cuando un gobernador es señalado por Estados Unidos de pactar con el narco, y cuando una alcaldesa inventa un secuestro para quedarse con millones, la frase se convierte en chiste cruel.
En este país, la justicia no llega… pero la burla sí. Y mientras tanto, los millones siguen fluyendo como agua en las presas que nunca terminan. Morena dice que no son iguales, y tiene razón: son iguales en corrupción, pero distintos en descaro. Porque la transparencia fantasma, los secuestros inventados y los pactos con el narco son la nueva marca registrada de la política que prometió ser diferente.