La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
La partición de investigadores y alumnos del Tecnológico de Madero, en la construcción del primer coche eléctrico mexicano, es un enorme éxito de la comunidad que forma parte de esa grande institución educativa. Por décadas, ha sido uno de los planteles de educación pública más relevantes de la entidad y del país; está ranqueada en el top 5 de los tecnológicos dependientes del Tecnológico Nacional de México (TNM).
Los estándares educativos de alto perfil es trabajo de personal docente -la mayoría con posgrado- el trabajo de los estudiantes y la coordinación del cuadro directivo.
Por más de 70 años, esta escuela ha alimentado con cuadros profesionales a la industria de la región, del país e importantes empresas del extranjero.
En función de sus indicadores que reflejan la alta calidad educativa del TEC-Madero, el TNM eligió a sus estudiantes y docentes a sumarse al proyecto de Olinia el coche con todos sus componentes mexicanos y construido por mano de obra totalmente nacional.
En parte ese encomioso logro es la innovadora visión de su director el ingeniero Dionisio Cruz Guerrero, que cuyo trabajo de vinculación del plantel con áreas productivas de la comarca y la apertura de programas de colaboración con escuelas de nivel superior nacionales y extranjeras lo ha llevado a posicionarse como uno de los planteles con mayor potencia y prestigio educativos en el estado.
La presencia de manos tamaulipecas en ese programa que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, calificó como estratégico para el país en el deseo de construir la soberanía tecnológica nacional, fue aplaudido y reconocido en la presentación del auto en la CDMX.
Ese avance de los estudiantes y maestros del TEC-Madero, les abre expectativas laborales y de estudio en el país, por su trascendente colaboración en un automóvil con exigencias competitivas en el mercado nacional.
En tanto los coches eléctricos se cotizan en al menos 350 mil pesos Olinia entrará al mercado con un costo de 150 mil.
Tradicionalmente, el TEC-Madero por décadas, había sido proveedor de mano de obra especializada para la industria petrolera. Ahora, ha incorporado a su plan de estudios carreras como robótica y mecatrónica que enriquecen la oferta educativa y amplían el horizonte laboral de los egresados. Y eso habla, de un sentido de adaptación a los vuelcos en el conocimiento, para sobrevivir a la vorágine de los saberes.
Otro dato de esa prestigiada escuela: más del 70 por ciento de la matrícula son hijos de trabajadores; lo que la convierte en el centro educativo público, ejemplo en el cumplimento de los preceptos de la escuela pública.
(Nuestros funcionarios de escuelas de educación superior públicas, deberían preguntarle al director Dionisio Cuz Guerrero, el secreto de su admirable institución).
La tarea nada sencilla cuando en el sur de Tamaulipas existe el mayor número de escuelas de educación superior privadas -incluyendo algunas patito- que presumen, sin indicadores válidos, una calidad dudosa.
Sin duda: en Tamaulipas, también suceden cosas buenas.