Palabras libres

Un texto para la reflexión y la enmienda

Por Edgar Joel Yépez Ibarra

Las palabras pueden servir para disfrazar, pero las acciones revelan la realidad. Es decir, por más que se use la máscara de “buenas personas”, “benevolentes”, nada habrá de cubrir el verdadero rostro, ni la huella de daño a la humanidad, que va dejando con sus actos deshonestos y ambición de riqueza fácil, el ambicioso carente de moral.

Recordemos que la frase “por sus actos los conoceréis”, revela que la verdadera naturaleza de una persona se refleja a través de sus acciones y no solo por sus palabras o apariencias.

Recordemos que la búsqueda incesante de grandeza, de poder, de fortuna, lleva al ambicioso a un estado permanente de insatisfacción, a una inquietud interna insaciable donde siempre quiere más, olvidando el dolor social y el daño que causa al apropiarse de la riqueza que no le pertenece.

Los ambiciosos enfermizos son poseídos por un éxtasis que los empuja a tener todo en exceso, y cada día están tan enfocados en poseer más y más fortuna, y ya briagos de poder pierden la capacidad de medir el enorme daño y gran dolor que ocasionan con su aridez moral.

Pero, cuidado, la historia nos señala con frecuencia, pero no se quiere aprender de ella, que la ambición sin límites tarde o temprano cobra factura, porque ninguna riqueza vale más que la paz, la dignidad y la humanidad. Y a final de cuentas, todo el daño que el ambicioso ocasiona tiene un alto precio que habrá de pagar con su caída, con volver a un punto menos que nada, en el que, después de acumular enorme cantidad de bienes, en su caída ya no podrá saborear un taco, ni volver a tener paz interna.