Columna Opinión Económica y Financiera.
Dr. Jorge A. Lera Mejía. Especialista en políticas públicas UAT. SNII-2 SECIHTI.
La desregulación estratégica propuesta en el marco del Plan México puede ser un catalizador importante para el nearshoring, pero por sí sola es insuficiente para garantizar un flujo sostenido de inversión y una competitividad global duradera.
Contexto del Plan México y el nearshoring
El Plan México se presenta como una estrategia nacional para el desarrollo económico equitativo y sostenible, con metas a 2030 centradas en la relocalización de empresas, el incremento del contenido nacional y el fortalecimiento de mercados regionales.
En este marco, el nearshoring se concibe como el vehículo para atraer inversión extranjera directa (IED) mediante incentivos fiscales, simplificación administrativa y apoyo a la innovación, particularmente en sectores industriales exportadores.
Sin embargo, la estrategia se despliega en un entorno de bajo crecimiento, espacio fiscal reducido y tensiones comerciales con Estados Unidos, donde los aranceles y la aplicación estricta del T‑MEC condicionan la viabilidad de nuevos proyectos.
Desregulación estratégica: alcances y límites
La desregulación estratégica apunta a reducir cargas administrativas, simplificar trámites y generar certidumbre normativa para inversionistas, buscando corregir un entorno donde la complejidad regulatoria y la debilidad del estado de derecho generan incertidumbre.
El enfoque de “regular mejor para atraer más inversión” insiste en que no se trata de desregular indiscriminadamente, sino de eliminar trabas innecesarias, mejorar la calidad de la regulación y fortalecer la competencia.
No obstante, diversos diagnósticos sobre nearshoring en México subrayan que, además de regulación más ágil, se requieren mejoras profundas en infraestructura logística, disponibilidad de energía y agua, seguridad pública, financiamiento productivo y capital humano especializado. Una estrategia centrada sólo en desregulación corre el riesgo de ignorar estos cuellos de botella estructurales.
Pros del Plan México frente al nearshoring
Desde una perspectiva de política pública, el Plan México ofrece varios elementos positivos para aprovechar el nearshoring.
Primero, articula incentivos fiscales y lineamientos operativos específicos para proyectos de inversión, con un fondo del orden de decenas de miles de millones de pesos orientado a innovación, capacitación dual y apoyo a pymes.
Segundo, vincula la relocalización con objetivos de desarrollo regional, buscando que el nearshoring se traduzca en mayor contenido nacional, sustitución de importaciones y encadenamientos productivos locales.
Tercero, reconoce la necesidad de alinear la estrategia con el T‑MEC y con políticas industriales de Estados Unidos (como la Ley de CHIPS), lo que abre oportunidades en sectores de alta tecnología y manufactura avanzada siempre que México ofrezca condiciones estables. Este enfoque, bien ejecutado, permitiría pasar de una simple plataforma maquiladora a un sistema productivo con mayor valor agregado.
Contras y riesgos de la apuesta actual
Sin embargo, el Plan México enfrenta varias debilidades que limitan su impacto potencial sobre el nearshoring.
La primera es el reducido espacio fiscal y la fragilidad de las finanzas públicas, que ponen en duda la sostenibilidad de los incentivos y la capacidad de invertir simultáneamente en infraestructura, seguridad y servicios básicos.
La segunda es la persistencia de riesgos regulatorios y políticos: cambios de reglas, aplicación discrecional de normas fiscales o laborales y conflictos con grandes empresas han deteriorado la confianza en algunos casos.
La tercera debilidad es la brecha entre la narrativa de oportunidad y los resultados efectivos: estudios recientes muestran que, pese a la expectativa de grandes flujos de IED por nearshoring, los beneficios observados son más modestos, afectados por infraestructura deficiente y condiciones fiscales poco competitivas.
Finalmente, una desregulación mal diseñada puede profundizar asimetrías regionales, favorecer sólo a grandes corporaciones y debilitar estándares ambientales y laborales, generando resistencias sociales y conflictos territoriales.
Propuesta desde una óptica de política pública
Desde la Universidad Autónoma de Tamaulipas y con enfoque en políticas públicas, la desregulación estratégica debe insertarse en una agenda más amplia de Estado.
Primero, se requiere una política de competencia y mejora regulatoria que combine simplificación de trámites con fortalecimiento institucional, transparencia y estabilidad normativa, especialmente en materia fiscal y de permisos energéticos.
Segundo, el Plan México debería priorizar proyectos de nearshoring que generen articulaciones con pymes locales, inversión en capital humano y transferencia tecnológica, en vez de limitarse a atraer plantas de ensamblaje.
Tercero, es indispensable un enfoque territorial diferenciado: regiones como la frontera norte, el Corredor del Golfo y el noreste (incluido Tamaulipas) requieren paquetes específicos de infraestructura, seguridad y logística que hagan viable la relocalización y reduzcan riesgos percibidos por las empresas.
En síntesis, la desregulación estratégica puede ser condición necesaria, pero sólo será suficiente si se acompaña de inversión pública inteligente, gobernanza regulatoria sólida y una visión de desarrollo regional que convierta el nearshoring en una verdadera palanca de bienestar y no sólo en un episodio transitorio de relocalización.