Por Jaume Osante

A ver, hay que decirlo como es: la iniciativa de Jesús Nader Nasrallah cae bien. Así, sin tanta vuelta. Es de esas propuestas que la gente entiende rápido y que, además, se sienten en la cartera, que es donde más duele. ¿Cierto?

Porque, siendo honestos, ¿quién no quisiera pagar menos luz? ¿O cargar gasolina sin ese impuesto que cada semana se nota más? No es un tema técnico, es cotidiano. Es lo que pega directo en la mesa de las familias. Y la solución no es gastar menos luz o comprar gasolina regular o de plano andar en ruta.

Y ahí hay que reconocer algo: cuando un legislador voltea a ver esos temas, se nota. Se agradece, incluso.

Pero… (porque siempre hay un “pero”) tocar el IEPS o las tarifas eléctricas no es cualquier cosa. No es solo buena voluntad o ganas de ayudar. Es meterse con una de las principales fuentes de ingreso del Estado. Y eso ya es otro nivel de discusión. Y más en este gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Mira, hay antecedentes claros. En 2017, Ivonne Ortega Pacheco empujó una iniciativa para reducir el IEPS a la gasolina. No era menor: venía respaldada por más de 400 mil firmas. Había presión social, había argumento, había ruido.

¿Y qué pasó? Nada. Se desechó.

Y no fue la única. En 2019 se acumularon varias propuestas similares (de distintos partidos, incluso) con la misma intención. Todas terminaron igual: en la congeladora. ¿La razón? Simple… el gobierno no quiso soltar ingresos menos hoy que no les alcanza.

Así de claro.

Entonces sí, lo de Chucho Nader conecta, genera expectativa y hasta abre una conversación necesaria. Pero también entra en ese terreno complicado donde las buenas intenciones se topan con la realidad presupuestal.

Y ahí es donde uno se pregunta, sin dramatizar: ¿hasta dónde alcanza la voluntad cuando el dinero público está de por medio?

No es desacreditar la iniciativa (al contrario, ojalá avance), pero tampoco se puede ignorar el contexto. Porque muchas propuestas bien planteadas se han quedado en el camino… no por falta de razón, sino por falta de margen.

Ojalá esta vez sea distinto. De verdad.

Pero si no lo es, tampoco nos hagamos los sorprendidos.

Porque en política energética (y en temas fiscales), querer ayudar no siempre alcanza, se debe empujar con todo… cuando el Estado también tiene que «sostenerse».

Porque callar también es decidir… ahí se los dejo, para pensarlo con calma o con coraje.