CONFIDENCIAL

Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.

Tamaulipas vive tiempos de renovación institucional. En cuestión de días, se definirán seis cargos clave en el entramado de la justicia electoral: tres magistraturas del Tribunal Electoral del Estado (Trieltam) y tres consejerías del Instituto Electoral de Tamaulipas (IETAM).

En apariencia, se trata de un simple relevo administrativo. En el fondo, un ejercicio que pondrá a prueba la independencia de los órganos encargados de garantizar la limpieza de los procesos electorales.

En el Trieltam, está pendiente la elección del sustituto de Édgar Danés Rojas, (desaforado para ser sujeto a proceso por delitos sexuales); la de Marcia Laura Garza Robles, que renunció el 18 de octubre del 2021 para asumir como consejera electoral; y la de quien sustituirá a Blanca Eladia Hernández Rojas a quien se le vence su periodo el próximo 13 de noviembre.

En paralelo, en el IETAM concluyen funciones Déborah González Díaz, Italia Araceli García López y Jerónimo Rivera García, quienes completan su ciclo de siete años como integrantes del Consejo General.

Se trata, en conjunto, de seis posiciones neurálgicas: tres en el tribunal que imparte justicia electoral y tres en el órgano que arbitra los comicios. Ambos pilares sostienen la arquitectura democrática de Tamaulipas. Pero el proceso de renovación ocurre bajo un ambiente cargado de suspicacias.

En el caso del Tribunal, la responsabilidad recae en el Senado de la República, que será el encargado de elegir a los nuevos magistrados. Sin embargo, la actual composición del Senado —con mayoría absoluta del partido Morena— levanta legítimas dudas sobre si la decisión responderá a criterios técnicos o a intereses políticos.

Cuando se reformó la ley para trasladar al Senado la facultad de designar magistrados electorales —antes en manos del Congreso local—, se argumentó que con ello se evitaría la injerencia de los gobiernos estatales. El problema es que aquel razonamiento partía de un contexto de equilibrio político que hoy no existe.

Hoy, el Senado es dominado por una sola fuerza, y por tanto, el riesgo de que la designación se incline hacia perfiles “afines” al poder es real. Las ternas pueden parecer impecables en el papel, pero la elección final es donde suele incubarse la sospecha.

El IETAM, por su parte, vive un proceso similar de renovación, solo que bajo la conducción del Instituto Nacional Electoral (INE). En este caso, el cuestionamiento se repite: ¿podrá el INE, cuya integración actual también refleja mayorías políticas, garantizar una designación verdaderamente imparcial?

Las tres vacantes en el Consejo General tamaulipeco ya tienen decenas de aspirantes, entre hombres y mujeres con formación sólida. Pero el reto no está en el número de inscritos, sino en la objetividad de quienes decidirán.

El árbitro electoral y el juez electoral están siendo reconfigurados al mismo tiempo. Es una coincidencia que podría fortalecer la democracia si las designaciones se hacen con responsabilidad, o debilitarla gravemente si se privilegia el cálculo partidista.

La confianza en las elecciones no se decreta; se construye. Y el punto de partida son instituciones creíbles. Cuando la ciudadanía sospecha que el árbitro está inclinado o que el juez no es neutral, la legitimidad se erosiona.

Tamaulipas ha tenido episodios complejos en materia electoral, pero en los últimos años ha logrado mantener cierta estabilidad institucional. Ese equilibrio podría romperse si la renovación del Trieltam y del IETAM se maneja con criterios políticos.

La sociedad espera transparencia, no simulación. Que las comparecencias sean públicas, que los perfiles se evalúen por méritos, no por vínculos. Y que la designación de nuevos magistrados y consejeros marque un antes y un después en la forma de construir confianza democrática.

El riesgo no es menor: si los nuevos nombramientos responden a cuotas partidistas, las decisiones del Tribunal y los acuerdos del Instituto quedarán bajo sospecha antes de comenzar.

En cambio, si se privilegia la independencia y la experiencia, Tamaulipas podría enviar una señal alentadora al resto del país: que todavía es posible fortalecer las instituciones más allá del color del gobierno.

El relevo en los órganos electorales no debería ser una amenaza, sino una oportunidad para consolidar su credibilidad. Pero para ello, el Senado y el INE deberán demostrar que están a la altura de la responsabilidad.

De lo contrario, el mensaje será claro: la justicia electoral no se renueva, se recicla.

EL RESTO.

¿Porqué se fue Lavín?.- El inesperado reemplazo de, Jesús Lavín Verástegui, como secretario de Finanzas, deja muchas dudas en el aire.

¿Lo cesaron? Esa es la pregunta que muchos se hacen hacia dentro y fuera del gobierno estatal.

La respuesta la dará el tiempo: Si lo reacomodan en otra secretaría, todo estará bien; pero si lo dejan fuera del gobierno algo hizo mal. Y debe ser algo muy malo.

Veremos y diremos.

ASI ANDAN LAS COSAS.

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