ORBE
Ma. Teresa Medina Marroquín.-
¿Quién en pleno uso de sus facultades mentales podrá negar que este país
vive una de las horas más violentas de su historia?
Al menos desde las trincheras políticas las siniestras intenciones es que la
nación entera se tropiece a cada momento con una retahíla interminable de
personajes patológicos y acontecimientos pavorosos.
Lo que viene en forma de acusaciones es (principalmente desde la
oposición, encabezada por Alito Moreno y Marko Cortés, contra Andrés
Manuel López Obrador y Morena) de un tremendismo que a diario casi
provoca que el pueblo devuelva el estómago.
Para no pocos esto es sintomático de una grave desesperación, ante la falta
de recursos y argumentos sólidos e inteligentes, por la diferencia y ventaja
holgada que la mayoría de las encuestas presentan a favor de los
candidatos de Morena. Y los números son fríos.
Empezando por Claudia Sheinbaum que en las aspiraciones presidenciales
lidera en los sondeos de opinión con un promedio de 46%, contra Xóchitl
Gálvez que alcanza una media de 25%.
Una diferencia de aproximadamente 21 puntos avalada (para empezar) por
las encuestas del periódico Reforma, las que (se infiere) agudizan y
suscitan los violentos enfrentamientos que amenazan con llegar a niveles
de mayor brutalidad, como la del 23 de marzo de 1994, hace 29 años,
cuando fue asesinado Luis Donaldo Colosio.
Una historia horrible que refleja la incapacidad de una clase política no sólo
para “digerir” la democracia, sino para atemperar sus desmesuradas
ambiciones de poder y riqueza.
OPOSITOR NO ES ENEMIGO DE QUIEN GOBIERNA
De ese entonces, tiempos en que también fue ultimado el secretario general
del PRI nacional, José Francisco Ruiz Massieu, a la fecha, la violencia se ha
multiplicado a niveles inimaginables, insospechados e increíbles.
Todo indica que las cosas se salieron de su cauce, que ya nadie tiene el
control de una nación que alguna vez acaso pensó vivía una época de
catarsis, pero que en realidad estaba y continúa enfrentando la
multiplicación geométrica de una crisis que revela descarnadamente la
forma en que la clase política entiende la democracia y rechaza
abiertamente la civilidad.
Es como estar observando una generación de poderosos oligofrénicos y
salvajes, una turba de chimpancés y gorilas que uno nunca sabe el
momento en que atacarán despiadadamente a los humanos.
Pese a todo, todavía existe muchísima gente que rechaza aceptar que el
pueblo mexicano vive en las postrimerías y decadencia irreversible de su
civilización.
Porque al igual que en el plano nacional, se cree que en breve aquí en
Tamaulipas las cosas igual estarán amenazadas por una “clase política” que
no sólo no sabe perder el poder político, sino que ha extraviado su
espontaneidad para contribuir al bienestar de la sociedad.
Que todo lo ven, quiero decir, con enormes ganancias de por medio, el gran
negocio, sin la vocación de servir a los demás, carentes penosamente de
las ideas universales que le dieron al México de la Independencia y de la
Revolución los sólidos cimientos sociales y políticos con los que ha podido
llegar hasta este 2023.
¿ES MUCHA CIVILIDAD Y DEMOCRACIA PARA LA OPOSICIÓN?
Esperemos que en Tamaulipas no vuelvan a repetirse las crisis recurrentes
que al país dejan sin paz y hasta sin esperanza, y que las grandes razones
sociales que deben enarbolar los partidos políticos no se extravíen en medio
de pleitos que por el contrario deberían reconvertirse en energías positivas,
que contribuyan alrededor de los esfuerzos que lleva a cabo el gobernador
Américo Villarreal Anaya.
Y es que, entiéndase, ser opositor no es significado de enemigo de quien
gobierna a la entidad. Pero desgraciadamente olvidaron que una oposición
que colabora con un gobierno que no es de su partido, gana mucho más en
vez de enfrentarse sólo por las diferencias ideológicas.
Pero quizá sea mucha civilidad y democracia para gente tan atrasada
mentalmente, la que parece fue “programada” a fin de ser sometida a la
voluntad autoritaria y codiciosa de tres o cuatro personajes patológicos.
¡Excelente inicio de semana!
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