CRÓNICAS DEL DESCARO.
Por José Gregorio Aguilar
Noviembre 06, 2026
En la mañanera del 4 de noviembre la presidenta volvió a salir a decir lo mismo: «¿Hay censura? No hay censura».
Y tiene razón en una cosa: el derecho de las audiencias sí está en el artículo 6 de la Constitución. Eso nadie lo discute.
El problema, no es el derecho. El problema es para qué inventar otra regla si ya teníamos reglas.
Como ya han señalado algunos periodistas, entre ellos Adela Micha, el peligro no es que te multen por lo que dices, sino quién define qué es «veraz», qué es «opinión» y qué es «publicidad».
Pero aquí va nuestro grano de arena, lo que parece que nadie recuerda:
Ya existe el derecho de réplica.
Está en la Ley Reglamentaria del artículo 6, párrafo primero, de la Constitución. Si un medio te difama, te inventa algo, te pone palabras que no dijiste, tú tienes derecho a que ese mismo medio te publique tu réplica, en el mismo espacio y con la misma importancia.
¿Que no se usa? Eso es otra cosa. Que no se use no significa que no exista.
También ya existe el Código de Ética que los medios están obligados a tener, también existe la obligación de distinguir publicidad de contenido. Eso ya estaba en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión desde hace años.
Entonces la pregunta no es si hay censura o no hay censura. La pregunta es: ¿Para qué otra capa de lineamientos, si los que ya había ni siquiera los hacen cumplir?
Y aquí viene la segunda, la más importante:
Si de verdad les preocupa la desinformación, ¿por qué no regulan con cuidado lo que pasa en redes?
Ahí sí hay un vacío, carnal. Ahí sí hay riesgo real.
Hoy cualquiera abre una página anónima, sin nombre, sin cara, sin domicilio, y se pone a levantar falsos, a subir imágenes apócrifas hechas con IA, a inventar audios, a inventar notas, y nadie lo regula. No hay defensor de audiencias, no hay derecho de réplica, no hay nada.
Ahí sí te destruyen la reputación en 5 minutos y no tienes a quién reclamarle.
Entonces, ¿por qué tanta prisa para ponerle pleca y cortinilla a la radio y la tele, que sí tienen nombre, concesión, domicilio y responsable, y cero prisa para ponerle orden a las páginas falsas que son las que de verdad están envenenando la conversación?
Esa es la contradicción.
No estamos diciendo que el gobierno quiera censurar. Estamos preguntando algo más incómodo:
Si ya teníamos la ley y no la aplicaban, ¿para qué otra ley? Y si les preocupa lo falso, ¿por qué no empiezan por donde lo falso sí está desatado?
Porque regular al que ya está regulado es fácil. Regular al anónimo, al que de verdad hace daño, eso sí da trabajo.
Y ahí es donde se les ve el descaro.