Por: Ulises Chapa Juárez


La exsecretaria de Economía promovió su imagen en bardas y espectaculares de Nuevo Laredo con un documental cuyo estreno sigue sin confirmarse. ¿Otra estrategia de posicionamiento político que se quedó en publicidad?


Nuevo Laredo, Tamaulipas 27 de octubre de 2026.-Primero fueron las bardas, después los espectaculares y una campaña para anunciar “Ninfa, el documental”, una producción que supuestamente mostraría aspectos de la vida de Ninfa Cantú Deándar. Agosto y septiembre circularon como posibles fechas de estreno, pero octubre está por terminar y del anunciado documental no hay una presentación pública confirmada.


Lo que sí quedó fue la publicidad. El nombre y la imagen de la exsecretaria de Economía de Tamaulipas aparecieron en distintos espacios de Nuevo Laredo, despertando expectativas sobre una producción que, hasta ahora, no parece haber pasado de la promoción. ¿Se trataba realmente de presentar un documental o simplemente de encontrar otra manera de posicionar políticamente a Ninfa?


El asunto podría parecer menor, pero adquiere otra dimensión cuando se trata de alguien que busca encabezar los trabajos de Morena en Nuevo Laredo y eventualmente aspirar a gobernar el municipio. Porque si algo necesita demostrar quien pretende asumir una responsabilidad de esa magnitud es capacidad para organizar, cumplir y dar resultados, no solamente para colocar su nombre en una barda.


Ninfa parece empeñada en construir una imagen política antes que una trayectoria de cercanía con la ciudadanía. Su estrategia de promoción genera más preguntas que respuestas, mientras siguen pendientes las muestras de experiencia, arraigo y conocimiento territorial que deberían respaldar sus aspiraciones.


Y aquí surge otra interrogante: ¿qué le aporta a Nuevo Laredo un documental sobre la vida de Ninfa? La ciudadanía necesita conocer propuestas, soluciones y compromisos concretos, no solamente la historia personal de quien busca convertirse en protagonista de la política municipal.


La promoción de un proyecto que no se ha presentado públicamente deja una mala señal. No basta con anunciar, generar expectativas y desaparecer del tema. Quien aspira a representar a la ciudadanía debe entender que la credibilidad comienza con la congruencia entre lo que se promete y lo que se cumple.


Pero quizá el mayor error de Ninfa sea creer que su imagen es el centro de la conversación política de Nuevo Laredo. No lo es. La prioridad debe ser el bienestar de las familias, la continuidad de los avances municipales y la atención de las necesidades de la población, no las aspiraciones personales de quienes buscan llegar al poder.


Morena tendrá que valorar perfiles con trabajo en territorio, sensibilidad social, experiencia y verdadera conexión con la gente. Porque ni los espectaculares, ni las bardas, ni los documentales sustituyen el conocimiento de una ciudad y mucho menos el respaldo ciudadano.


Ninfa Cantú Deándar debería recordar una de las máximas que ha acompañado al movimiento que dice representar: “El pueblo pone y el pueblo quita”. Y en Nuevo Laredo, por encima de cualquier apellido, campaña publicitaria o aspiración personal, debe estar la voluntad de su gente.


Al final, el problema no es que Ninfa quiera contar su historia. El problema es que, mientras intenta convertir su vida en un documental, todavía tiene pendiente demostrar por qué debería formar parte de la historia política de Nuevo Laredo.