DE PRIMERA ………. LA DAMA DE LA NOTICIA
POR ARABELA GARCIA …… 21 DE OCTUBRE DE 2026
EL «GASPARIN» LEGISLATIVO Y LAS FANTASÍAS ELECTORALES
En la fauna política de nuestra sufrida región, las especies raras abundan, pero pocas son tan descaradas como el fantasma del Distrito 9. Nos referimos, por supuesto, a Elifa Gómez, el auténtico «Gasparín» de la política local, aunque con una marcada diferencia: el del dibujo animado por lo menos intenta caer bien y tiene un mínimo de empatía. Elifa, en cambio, es un espectro que solo cobra vida terrenal y se materializa en el mundo de los vivos cuando necesita desesperadamente el voto de la gente.
Pasa la elección, obtiene el fuero y ¡puf!, desaparece en el éter. Lo peor no es solo cómo borra de su mapa mental al electorado, sino la costumbre sistemática de desamparar a sus propios aliados. Deja a sus suplentes completamente al garete, usando a la gente como mero peldaño desechable para sus ambiciones personalistas. Así se la aplicó en el trienio pasado a Jorge Suárez cuando fue diputado local, y con esa misma frialdad le está haciendo la jugada a Manuel Rodarte, insigne representante del sector campesino en Matamoros. A los dos los usó vilmente como boleto de entrada al Congreso. Y todo para qué: para alimentarse el ego y pretender catapultarse hacia la alcaldía de Valle Hermoso. ¡Vaya desfachatez! Hay que recordarle al señor legislador que en Valle Hermoso ni lo quieren ni lo conocen bien, además de ser una plaza con una matriz cien por ciento panista. Bajo ese escenario, ni Lucero González ni el eterno «chapulín» de Efraín de León tienen la menor oportunidad de coronarse. Quizá el único con posibilidades reales sea Zayro, siempre y cuando se deje invitar por el partido correcto y madure la sensatez al tomar decisiones. Fuera de ahí, el consenso en la calle es unánime y contundente: a Elifa simplemente no le alcanza.
Pero el virus de la fantasía teatral no es exclusivo de un solo distrito. En Río Bravo tenemos la mismísima versión en drama con Casandra de los Santos, de quien en los pasillos políticos se murmura con insistencia que hasta «inventó» su célebre accidente para generar lástima, ganar adeptos y armar un espectáculo circense. Cuando las propuestas son huecas y la gestión es nula, parece que no queda otro método que el show mediático para intentar aferrarse a la candidatura a la alcaldía.
El verdadero punto de inflexión —el verdadero cáncer de estos personajes— es que padecen una amnesia fulminante en cuanto pisan el poder: se olvidan por completo de la gente. En lugar de regresar a sus distritos, caminar el territorio o aguantar el sol aunque sea un ratito cada fin de semana, prefieren agarrar la camioneta e irse directo de compras o de paseo a Brownsville o McAllen. Cualquier destino es bueno con tal de no ver a la masa que les da de comer. No cabe duda: en cuanto se ponen la corbata y cobran la primera dieta, se les olvida quién les pone la papa en la mesa.
La ciudadanía ya se cansó de los políticos de aparador y exige gente de terreno, gente que conozca el lodo y la necesidad real. Por eso, en el sector agrícola empieza a sonar con fuerza un nombre que genera comentarios muy distintos: Manuel Gómez M., actual dirigente del Comité Campesino en Matamoros. Él reúne las virtudes que a la camada actual de Morena le faltan a gritos: tiene trayectoria genuina, sabe andar en el surco, conoce la problemática de raíz y, sobre todo, parece ser de los pocos que si un día se ponen la corbata, no se le va a olvidar jamás de dónde viene ni a quién se debe. Mientras tanto, a los fantasmas del Congreso habrá que ir preparando el espantapájaros para la próxima contienda.
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