Golpe a golpe

Por Juan Sánchez Mendoza

Las inconformidades, denuncias de presuntas irregularidades, renuncias y amenazas de ruptura hacia interior de Movimiento Regeneración Nacional (morena), exhiben un problema que su dirigente Ariadna Montiel Reyes no debe minimizar.

Sobre todo, cuando ella y Minerva Citlalli Hernández Mora –presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones–, asoman dificultades para conciliar las decisiones cupulares con las expectativas de su propia militancia.

Estos conflictos surgieron tras la asignación de las 17 coordinaciones estatales, pues en casi todos los casos algunos participantes cuestionaron la transparencia del proceso y las encuestas denunciando falta de equidad.

Quintana Roo y Michoacán aparecen entre los estados en los que la dirigencia ha reconocido fricciones y acusaciones de fraude, aunque este problema no radica únicamente en la designación, sino en la confianza que genera el procedimiento selectivo.

Ese espectáculo es deprimente, ciertamente. Y más, porque un partido que hizo de la democracia participativa una de sus principales banderas de lucha enfrenta, ahora, cuestionamientos sobre sus propios mecanismos internos, exhibiendo una contradicción entre su oferta y el pragmatismo con que se resolvieron la mayoría de los casos.

En Nuevo León, la diputada federal Tatiana Clouthier Carrillo mostró su desacuerdo con la designación de Clara Luz Flores Carrales –como coordinadora estatal de la cuarta transformación–, pues, a su juicio, esa decisión refleja una señal equivocada respecto de la intención de competir por la gubernatura, aunque aclaró no contar con elementos para afirmar que existió una negociación detrás del nombramiento.

Su inconformidad adquiere relevancia por su trayectoria política y por el distanciamiento que mantiene con la dirigencia, pues no se trata de una militante sin antecedentes.

Al abandonar el Partido Acción Nacional (PAN) en 2005 por cuestionar el rumbo que tomó bajo la dirección de Manuel de Jesús Espino Barrientos, participó en el proyecto político de morena. Y ahora, sus diferencias con el partido guinda vuelven a colocar sobre la mesa una interrogante incómoda: ¿qué espacio existe para las voces discordantes cuando las decisiones internas no satisfacen a todos?

En otro frente, la senadora Martha Lucía Micher Camarena, conocida como ‘Malú’ –quien mantiene empatía política con el proyecto político de Marcelo Luis Ebrard Casaubón–, ha advertido sobre una posible renuncia por la falta de respaldo de su bancada en el quehacer legislativo. Episodio que recuerda su amago (igual de renuncia) durante la discusión de la Ley de Ingresos en el Senado.

A ello se suma la salida de Mariano Casas, el ex secretario general de morena en Zacatecas, quien denunció un proceso interno amañado, falto de transparencia, condiciones desiguales, opacidad y contradicciones.

En Colima, el senador Virgilio Mendoza Amezcua renunció a la dirigencia estatal del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en desacuerdo con la alianza con morena y el Partido del Trabajo /PT), y por la designación de Rosa María Bayardo Cabrera como coordinadora estatal, evidenciando que las decisiones cupulares no solo generan tensiones dentro de sus filas, sino que también pueden repercutir en sus acuerdos con los partidos aliados.

La relación de morena con el PT enfrenta cuestionamientos por exigir el membrete de ‘Beto’ Anaya procedimientos transparentes y mecanismos de comparación entre aspirantes. Y esto significa que, si las diferencias no se procesan mediante acuerdos verificables, la coalición podría resentir los efectos de una selección que algunos de sus integrantes consideran poco equitativa.

Las inconformidades no sólo se limitan a las coordinaciones estatales. Norma Otilia Hernández, en Guerrero, formalizó su renuncia a morena; en Xicotepec, Puebla, se difundieron exigencias de una renuncia colectiva de funcionarios municipales ante la inconformidad del alcalde Carlos Barragán Amador, por la negativa del partido a registrarlo para buscar la reelección; y en Naucalpan, Estado de México, cerca de 200 militantes y fundadores anunciaron su salida, cuestionando, entre otros aspectos, la incorporación de antiguos integrantes del PRI y del PAN.

Son episodios distintos, cierto, pero con motivaciones particulares, que no deben confundirse ni atribuirse a una sola causa.

Sin embargo, en conjunto plantean una discusión sobre la congruencia entre los principios fundacionales de morena, la incorporación de nuevos cuadros y el trato que reciben quienes han participado en su construcción.

Así, a menos de un año de que el proceso electoral de 2027 concentre toda la atención nacional, morena enfrenta el desafío de demostrar que sus procedimientos internos responden a reglas y no solamente a decisiones cupulares.

La inconformidad de aspirantes, las renuncias y los desencuentros con sus aliados, no determinan por sí mismos el resultado de la contienda, pero sí revelan dificultades que el partido en el poder necesita atender.

Más, cuando la dirigencia nacional tiene ante sí una tarea que va más allá de repartir coordinaciones o conceder otras posiciones –como ocurrió en Chihuahua con Andrea Chávez Treviño–, para contener deserciones.

Así que ahora está obligada a practicar procedimientos convincentes, garantizar condiciones de participación y transparentar los resultados, en los procesos distritales federales, municipales y distritales locales.

Habrá que esperar, entonces, que no repita la misma historia.

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