El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez
Para encontrar respuestas correctas en la política se necesita transitar por varios caminos. Reynosa se convirtió en una base de operaciones y una pasarela de vanidades. Entre mensajes ensayados y aplausos de cortesía, nos quisieron vender la idea de una victoria electoral basada en el complejo —y a veces imposible— mundo de la unidad y las alianzas, justo cuando estas parecen más lejanas que nunca.
El informe de labores del alcalde Carlos Peña Ortiz mutó rápidamente en una cumbre de suspirantes. Ahí se congregaron todos aquellos que aspiran a pepenar una nueva posición, ya sea una diputación local, una alcaldía o, para los más osados, la propia gubernatura.
Ninguno de ellos pretende perderse en la niebla de las ilusiones; todos saben que deben hablar con precisión para pedir, pero cuidando de no hacerlo de más, porque el saco de la ambición suele romperse cuando se llena de soberbia. Claro que ese baile del cinismo no es para todos: está reservado solo para aquellos que saben cómo simular para obtener la cercanía con el poder.
Una de las primeras respuestas de la tarde fue para la senadora Maki Ortiz Domínguez, quien horas antes del evento ya andaba muy activa tejiendo acuerdos con el líder del Partido Verde Ecologista de México (PVEM). El mensaje a su favor llegó rápido, posicionándola como la única carta visible y oficial de ese partido rumbo a la gubernatura.
“Con Maki vamos hasta donde tope”, soltó de forma premeditada Manuel Muñoz Cano. El dirigente del Verde no es ningún novato y sabe que el término «tope» puede significar muchas cosas.
En el argot político, es la advertencia de que no retirarán su apoyo por más presiones que vengan desde otras oficinas, decididos a sostenerla como su candidata.
Maki es una política de manual: sabe negociar, conversar y arreglar. No por nada posee una de las carreras más sólidas del norte del país y es bien conocida en el centro de la República, presumiendo incluso de tener línea directa con la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo.
Por su parte, el presidente de la Junta de Gobierno del Congreso del Estado, Humberto Prieto Herrera, también tuvo sus codiciados minutos de gloria. «Beto» Prieto llegó al evento pegado al gobernador Américo Villarreal Anaya, en lo que toda la comentocracia local interpretó de inmediato como una señal de afecto y respaldo hacia su persona. Prieto es uno de los aspirantes más apuntados para buscar la alcaldía y el detalle le supo a gloria: fue seleccionado para ser el acompañante del mandatario justo al ingresar al recinto donde Carlos Peña Ortiz entregaría sus cuentas.
Por supuesto, el alcalde reynosense no se quedó atrás y montó su propia demostración de fuerza y respeto institucional ante el gobernador. Peña Ortiz se deshizo en elogios y reconocimientos públicos hacia Américo Villarreal Anaya, aplaudiendo de pie los casi 150 millones de pesos que el gobierno estatal inyectó en diversas obras públicas para la ciudad.
En la lectura de sus datos, Carlos Peña desglosó la danza de los millones: más de 7 mil millones de pesos en obra pública; más de 2 mil 800 millones en agua potable y drenaje sanitario —un dolor de cabeza eterno en Reynosa—; más de 2 mil 300 millones en pavimentación y 311 millones en infraestructura educativa. A la lista de despensa electoral le sumó 1,600 millones en apoyos sociales, 820 millones en becas estudiantiles y hasta toneladas de semillas de sorgo para el campo. Todo muy vistoso, todo muy aplaudido.
El propio gobernador Américo Villarreal validó la pasarela con su discurso: «La visión humanista que compartimos se ve con toda claridad hoy que el señor presidente municipal rinde su informe. Nuestra relación cruza todos los temas de la agenda de Tamaulipas».
Un espaldarazo institucional indispensable para mantener la fiesta en paz. Carlos Peña, acompañado por la senadora Maki Ortiz y su padre Carlos Luis Peña Garza, remató agradeciendo la sintonía con la presidenta de la República.
Al final, Reynosa operó como un faro que atrajo a los cazadores de ilusiones. Esos políticos que caminan arrastrando el calzado con tal de pescar un guiño, un abrazo o un mensaje del líder moral en turno, convirtiendo un informe de gobierno en el mercado de las futuras candidaturas.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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