Palabras libres
Mi sentir
Más que una crisis, la coyuntura que rodea el regreso de Rubén Rocha Moya en Sinaloa se ha convertido para la presidenta Claudia Sheinbaum en una pausa obligada de introspección: una oportunidad vital para priorizar el bienestar común sobre los intereses del poder.
Sostener actitudes que benefician a grupos del pasado y del presente resulta un costo ético y social demasiado alto al demeritarse las instituciones y perderse la credibilidad.
La política reducida al enriquecimiento personal y a la impunidad genera agravio, pobreza social y desgaste institucional. Y la presidenta ha decidido marcar su raya; pero, la premisa replicada en sus redes “Ningún interés personal puede estar por encima de los intereses del pueblo y de la nación”, cobrará sentido solo si se acompaña de una verdadera voluntad de cambio.
La lealtad en la gestión pública no es para una cúpula, sino para la sociedad entera. Responder a la afrenta de Rocha Moya y de quienes lo impulsaron al retorno, exigió valentía y límites claros al injerencismo político.
Rocha Moya regresó, le cerraron las puertas y se va al destino que èl construyó.
La presidenta se encuentra en el momento justo para trazar su propia ruta y dedicarse a proteger la dignidad colectiva, demostrando con acciones, más que con palabras, que el compromiso y la lealtad con el pueblo tiene que ser innegociable.
La soberanía del país permanece firme; lo que verdaderamente se encuentra en riesgo es el bienestar de las familias ante el problema de la impunidad. La clave para enderezar la ruta es la honestidad.