CRÓNICAS DEL DESCARO

Por: José Gregorio Aguilar

Agosto 10, 2026

Hasta que a la presidenta Claudia Sheinbaum se le ocurrió sembrar árboles, en el marco de la jornada nacional de reforestación, resulta que todos en Tamaulipas nos volvimos ecologistas y ambientalistas.

De un día para otro. Milagro de la 4T.

El domingo, más de dos mil servidores públicos, entre secretarios de Estado, directores, jefes y demás fauna oficial, muy puntuales, con pala nueva y tenis blancos, sembrando 15 mil arbolitos en 11 municipios. Hubo foto, video, boletín y hasta enlace con la Presidenta. Todo muy verde, todo muy sustentable. Funcionarios tan apretados en la foto oficial como pasajeros en un pesero a las siete de la mañana.

Pero el amor, ya se sabe, dura un día. Y el desamor, los otros 364. El entusiasmo duró menos que un celular con 20% de batería en TikTok.

Hace como siete años, el entonces alcalde Xicoténcatl González Uresti y todo su equipo, guardando proporciones por supuesto,  hicieron exactamente lo mismo. Muy ecológicos, se fueron al bulevar Fidel Velázquez, exactamente entre Carrera Torres y Nicolás Bravo, a plantar decenas de arbolitos. Salió el boletín, salieron las fotos, todo muy bonito.

¿Y qué cree? Exacto. No sobrevivieron ni cinco. Porque jamás nadie volvió a echarles agua. Claro, ya no hubo convocatoria oficial, ya no hubo reflectores y pues ya no hubo exigencia de ir.

Entonces, se acabó la foto, se acabó el amor. Y poco a poco ese tramo del bulevar, como otros a lo largo de este corredor,  se volvió árido, descuidado, sin sombra; con árboles más secos que los chistes de un informe de gobierno.

Pero desde hace dos años, gente de la sociedad civil, empresarios, maestros, alumnos, sin convocatoria oficial ni chaleco guinda, fueron al mismo bulevar y plantaron. Y regaron. Y cuidaron.

Hoy, agosto del 2026, ahí están. Verdecitos, creciendo, echando raíz.

La diferencia es clara: unos siembran para la foto, otros siembran para que el árbol viva.

Unos procrean hijos y los abandonan. Otros los crían, los riegan y los educan.

El amor por los árboles puede ser tan fugaz como las promesas de campaña: mucho ruido, poca raíz. Y este fin de semana, perdónenme, pero lo que vimos, sin temor a equivocarme,  fue puro amor de un día. Puro descaro.