La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
Desde tiempos de la posrevolución, la clase política tamaulipeca, por lo regular, ha tenido un interlocutor con el factor presidencial. Unos con mayor, otros con menor fortuna. Unos con mucha sapiencia, otros con menor sabiduría. Algunos llegaron a gobernadores, los menos dilapidaron sus capitales políticos.
Venustiano Carranza, tomó afecto por Luis Caballero, quien lo representó en la región cabalmente.
Álvaro Obregón, llamó a Emilio Portes Gil y por la gran confianza que le tenía lo hizo gobernador con el Plan de Agua Prieta.
EPG depositó su confianza en Marte R. Gómez. Lo llevó hasta la cima del poder.
Miguel Alemán Valdez, insertó en Tamaulipas, a su personero: Raúl Gárate. Esa imposición -por la muerte de Vicente Villasana- fragmentó a toda la clase política regional y sumió en una crisis estructural a la red de autoridad en la entidad.
Adolfo López Mateos depositó su salud y toda su fe en el gastroenterólogo Norberto Treviño Zapata. Poderoso gobernador fue el médico: venía con toda la venia presidencial a gobernar un estado, que transitaba por la destrucción del portesgilismo y el desgaste del alemanismo.
Luis Echaverría Álvarez, promovió a su amigo de la infancia: Enrique Cárdenas González. Con una inteligencia e intuición sobresalientes, fue uno de los políticos empíricos más eficaces: generó una red de aliados desde los cargos que le encomendó el presidente y llegó a la gubernatura relativamente en forma apacible.
José López Portillo, comisionó como su intermediario con los tamaulipecos, a Emilio Martínez Manautou. Sin raigambre en la entidad, representó para el presidente un pago a favores del pasado y no el impulso de un nuevo proyecto político para el estado.
Carlos Salinas de Gortari, tuvo a su lado al martamorense Manuel Cavazos Lerma. Fue el gobernador con mayor preparación académica que sus antecesores; justo la cualidad que exigía el presidente.
Miguel de la Madrid, señaló como su amigo al ingeniero Américo Villarreal Guerra. La Nomenklatura intentó imponerle candidato: Manuel Garza González; resistió el presidente postulando en medio de una tormenta mediática a Américo.
Andrés Manuel López Obrador, tuvo dos personajes que encarnaron su proyecto: el victorense Américo Villarreal Anaya y el reynosense, Héctor Garza González. Se impusieron los viejos vínculos de Villarreal Guerra con AMLO, definiendo la gubernatura para Villarreal Anaya.
A Garza González no le fue mal. El presidente lo instaló en cargos de alta relevancia político-administrativo del gobierno federal: oficial mayor de educación, oficial mayor de gobernación y oficial mayor de economía. En esas tres dependencias, se maneja un presupuesto anual de aproximadamente 650 mil millones de pesos.
Es el único intermediario de presidente, que enfrentó la declinación y no la exitosa emergencia que se esperaba.
¿Impericia?
¿Mala suerte?