Columna.
Crónicas del Descaro:
Qué raro.
El lunes 3 de agosto se reanudaron labores en todo el gobierno de Tamaulipas después de dos semanas de vacaciones. Hubo honores, hubo fotos. Todos fueron.
Todos, menos uno
El gran ausente fue, otra vez, el secretario de Educación, Miguel Ángel Valdez García. El mismo que nunca falta a honores, el que suele tomarse foto. Hoy no estuvo. Qué casualidad.
¿Enfermo? ¿Comisión? ¿O es que ya no sabe cómo explicar lo inexplicable?
Porque mientras el secretario no fue a honores, en la calle ocurrieron dos hechos que lo exhiben.
Primero, el Fiscal declaró con frialdad que no existe carpeta abierta contra autoridades educativas por haber autorizado los permisos de la Academia Militarizada Marina Doenitz. Tres detenidos por feminicidio, una niña de 13 años muerta por asfixia por sumersión, una orden federal que señala que esas escuelas nunca debieron operar porque la educación militar es exclusiva de la SEDENA… y aun así, ninguna investigación contra quien firmó el RVOE y la clave de centro de trabajo. La pregunta de la gente es simple: ¿entonces quién autorizó, el Espíritu Santo?
Segundo, el profesor Miguel Tovar Tapia, con papeles en mano, se metió al Sistema Integral de Información de la propia Secretaría y encontró que como director de la Doenitz aparece un nombre distinto al del detenido Jorge Luis “N”. En el sistema oficial figura otro director. ¿Quién es? ¿Por qué hay un prestanombres? ¿Cuántos directores fantasmas más tienen las otras academias que la federación exhibió?
Mientras tanto, el silencio persiste. La diputada presidenta de la comisión de Educación en el Congreso Yuriria, haciendo documental de “ser mama de 5 hijos y diputada al mismo tiempo”, pero callada sobre el caso Dafne y la academia militarizada donde la torturaron hasta matarla. Nadie en la SET quiere tocar el tema.
Solo Tovar Tapia. Un profesor de aula. No el secretario con toda la estructura jurídica y de comunicación.
Hoy no fue a honores. Pero no puede faltar para siempre. La orden de cerrarlas ya no es suya, es de la Federación. La investigación por feminicidio no es de la SET, es de la Fiscalía. Y la pregunta de quién autorizó y quién supervisó a la Academia donde murió Dafne ya no se podrá esconder bajo la visera.
La gente lo sabe, lo comenta, lo pregunta. Y espera respuestas.
Al final, este aporte no busca otra cosa más que pedir respuestas a las autoridades. Señalar las incongruencias, el doble discurso y hasta la doble moral de quienes, por el cargo que ocupan, tendrían la obligación de hablar, declarar y exigir, pero han preferido callar. Esa insensibilidad contrasta con el gesto del propio gobernador Américo Villarreal Anaya, que sí dio la cara y acudió ante la abuela de Dafne. Otros, en cambio, ni siquiera un pronunciamiento. Y así queda flotando la gran duda, como un misterio muy parecido al del incidente del paso Diatlov de febrero de 1959: ¿qué se trata de esconder o proteger en la Academia Doenitz? ¿Qué tantas barbaridades se cometían ahí que hoy nadie quiere explicar?