La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
Emilo Portes Gil en los años 20, impulsó un proyecto político para suplir a las añosas élites porfiristas que sobrevivieron en Tamaulipas, a la revolución. El exitoso intento, fue apuntalado por sus hombres de confianza en Nuevo Laredo -Hugo Pedro González-, Reynosa -Marte R. Gómez-, Matamoros Francisco Castellanos Tuexi, en Victoria -Magdaleno Aguilar y Juan Rincón- en Tampico, zona fabril del estado, no se complicó la vida: a los representantes del proletariado -sus verdaderos amigos y compadres- los destinó a manejar entidades económicas y políticas como el Gremio Unido de Alijadores y el Sindicato de PEMEX; y sobre todo: las vitales -para los obreros y para él mismo- juntas de trabajo y los ayuntamientos -administraban justicia laboral-.
A los potentados del puerto, les permitió hacer negocios.
Fueron, amablemente, soslayados de las decisiones fundamentales del poder público. Por una razón muy evidente: los magnates de la zona mantenían vínculos fraternos con las compañías petroleras extranjeras. Ni señas había, por esa época, del nacionalismo revolucionario, que proveería de un sólido sentido de patriotismo y de mexicanidad.
El desarrollado instinto de Portes Gil, le decía que los capitales no tienen patria y que esa conducta, se tornaba riesgosa en una época de expansión de las compañías petroleras por todo Latinoamérica.
No chocó con los magnates tampiqueños; sí, los asimiló con su programa de gobierno.
En todos esos centros de interés político, EPG, creó las condiciones para que una nueva clase política irrumpiera en los diferentes escenarios regionales.
A vuelo de pájaro, podemos realizar una evaluación de los logros en esas ciudades.
Nuevo Laredo, es quizá para el portesgilismo el sitio en donde más pobres resultados obtuvo para su causa.
Muy probablemente, por el monopolio de la acción política de una sólo familia; la de Hugo Pedro González. Hugo Pedro González padre e hijo, senador y gobernador respectivamente, se apropiaron de la influencia de EPG; la transformaron en un capital exclusivo para su clan.
Los resultados ahí están: escasa trascendencia de la clase política nuevolaredense.
En Reynosa, uno de los sitios más fructíferos para el portesgilismo, tuvo su detonante en Marte R. Gómez. Este hombre, articuló una clase política reynosense, vigorosa; impulsó a numerosos cuadros reynosenses que destacaron a nivel regional y nacional.
En Matamoros ocurrió algo semejante. Castellanos Tuexi, patrocinó y abrió espacios a sus paisanos. Aún hoy, la clase política matamorense ilumina el firmamento local y nacional.
En Victoria, ante la vigilancia de EPG, crecieron políticos de verdadera actitud y moral profesionales.
Portes Gil, no gobernó para enriquecerse; se hizo gobernante, para servir y para delinear un sistema político ético y eficiente.
¿Será mucho pedir a nuestra autoridad?