El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez
La ineptitud cuesta dinero, pero sobre todo cuesta vidas, por desgracia, esta negligencia criminal es el pan de cada día bajo el amparo de la 4T en el país, y Tamaulipas no escapa de esta terrible realidad.
Se trata de una crisis profunda que provoca un malestar social generalizado, el cual los gobiernos guindas pretenden apagar de forma cínica mediante la entrega de becas, consolidando un burdo clientelismo electoral que lucra con la necesidad de la gente.
Uno de los programas que mejor ejemplifica este rotundo fracaso es el IMSS-Bienestar; simplemente no hay manera de que funcione adecuadamente. Es alarmante la escasez de medicamentos, la falta de doctores y el abandono del personal, mientras la infraestructura física literalmente se viene abajo.
Hace poco se reportó la infame presencia de fauna nociva —como cucarachas y roedores— en las salas hospitalarias del IMSS en el estado, en el colmo del descaro, las autoridades reconocieron la inmundicia, pero fueron incapaces de presentar una sola propuesta de solución. El colapso es de tal magnitud que en Ciudad Madero se dio el caso de un mapache que irrumpió en plena sala de operaciones.
Esta flagrante inoperancia en los hospitales de Tamaulipas tiene nombre y apellido: se le debe atribuir directamente al delegado del IMSS-Bienestar, Margid Rodríguez Avendaño. A pesar de las demoledoras acusaciones de ineptitud y de los descarados actos de corrupción que hunden a la institución, Rodríguez Avendaño sigue aferrado al cargo, cobijado por la impunidad.
Su único castigo, por lo pronto, fue recibir la orden de frenar sus aspiraciones, pues ya le advirtieron que no será el candidato de Morena a la alcaldía de Ciudad Victoria; razón por la cual, de la noche a la mañana, dejó de moverse.
Pero la podredumbre institucional no termina ahí. La misma alarmante situación se vive con el delegado del ISSSTE, Néstor Eduardo Barrera Durán, un personaje de perfil binacional que antes de llegar al puesto deambulaba en temas culturales y como maestro de arte en los Estados Unidos.
Barrera Durán carece por completo del perfil técnico y de la sensibilidad necesaria para dirigir una institución tan compleja, cuyas decisiones impactan directamente en la vida de cientos de miles de derechohabientes. Su gestión ya raya en lo delictivo: se negó a firmar el convenio de subrogación de servicios vitales, como las diálisis, una omisión atroz que atenta contra los pacientes con insuficiencia renal crónica cuya salud pende de un hilo.
Estos enfermos no pueden interrumpir su tratamiento sin que se les contamine la sangre; debido a la negligencia del delegado, hoy se ven obligados a pagar de su propio bolsillo un servicio que el ISSSTE tiene la obligación constitucional de proveerles. Las consecuencias de esta ineptitud ya son fatales: en Matamoros se reportó el deceso de dos profesores jubilados que murieron por la falta de este servicio.
Aquí en Ciudad Victoria, el panorama en la clínica del ISSSTE es igualmente tétrico. Los trabajadores denunciaron que el delegado se negó a autorizar el servicio de recolección de residuos peligrosos biológico-infecciosos (RPBI), como resultado de esta tacañería administrativa, las jeringas usadas, gasas empapadas de sangre, bolsas de suero y desechos quirúrgicos se acumulan en un cuarto improvisado que hoy funciona como un foco de infección masivo y una auténtica «bodega de la muerte».
El olor es fétido e insoportable para los vecinos y representa una amenaza biológica directa para los empleados del instituto. Es una necedad criminal orientada a «ahorrar» unos cuantos pesos a costa de la vida de los derechohabientes y del personal médico.
Para cerrar esta cadena de desgracias con broche de oro, la negligencia gubernamental alcanzó al patrimonio ecológico en el zoológico de Tamatán. Primero tuvimos que lamentar la absurda muerte de un capibara, apenas días después de haber sido presentado con bombo y platillo a los victorenses.
El ejemplar pereció por un manejo totalmente inepto: no se le respetó el periodo obligatorio de cuarentena, se les escapó de su recinto y permitieron que conviviera con el público sin estar adaptado. Ahora, la incompetencia vuelve a vestirse de luto con la muerte de un jaguar negro, provocada nuevamente por el descuido, la mala alimentación y una flagrante negligencia veterinaria.
El ejemplar, bautizado como Yahuic, presentaba un hermoso exceso de pigmentación oscura y desde muy pequeño estuvo bajo el cuidado especializado de Javier Olivos, experto del Centro Interpretativo Ecológico (CIE) en la Reserva de la Biosfera El Cielo, en Gómez Farías.
Olivos, quien laboraba para el gobierno estatal desde el sexenio de Eugenio Hernández Flores, era prácticamente el padre adoptivo de Yahuic. Lamentablemente, este imponente felino murió a los cinco años de edad debido a la impericia de los nuevos cuidadores improvisados por el actual régimen.
Insistimos: la ineptitud cuesta vidas. Ya basta de seguir utilizando las dependencias federales y estatales como agencias de empleo para improvisados; el servicio público y la salud de los tamaulipecos no son un juego de azar.
Los recientes despidos en la estructura estatal son la prueba más clara de ello: los funcionarios cesados se fueron por incompetentes y por corruptos. A nadie se le corrió por eficiente; los pescaron con auditorías que arrojan irregularidades millonarias.
Lo indignante es que se marchan con los bolsillos llenos y sin pisar la cárcel. Esperemos que este tipo de perfiles nefastos no sean reciclados como candidatos de Morena en las próximas elecciones, porque el riesgo de seguir tolerando estas negligencias se paga muy caro. A veces, la factura se cobra con la vida de seres inocentes, como la de esos maestros jubilados desatendidos, o la de ese hermoso jaguar negro al que le arrebataron a su cuidador original por culpa de cuotas partidistas y compadrazgos sin sentido.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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