Columna Opinión Económica y Financiera.
Dr. Jorge A. Lera Mejía.
Tamaulipas atraviesa una fase de crecimiento económico relativamente sólida dentro del contexto nacional, con indicadores que lo colocan entre las entidades de mejor desempeño reciente; sin embargo, la consolidación de ese avance dependerá de su capacidad para diversificar la estructura productiva, elevar la productividad regional y reducir vulnerabilidades ambientales y sociales.
El comportamiento reciente del estado contrasta con el deterioro acumulado en entidades como Campeche, Tabasco, Quintana Roo, Coahuila, Chihuahua y Baja California, donde diversos indicadores estatales han mostrado caídas o estancamiento prolongado.
De acuerdo con información difundida a partir del ITAEE del INEGI, Tamaulipas registró un crecimiento anual de 3.1% en 2025 y se colocó entre las cinco entidades con mayor expansión económica del país durante el tercer trimestre de 2026.
En otra medición posterior, el gobierno estatal reportó un avance de 3.2% y el segundo lugar nacional en actividad industrial, reforzando la percepción de una economía estatal en expansión sostenida.
Al mismo tiempo, basado en cifras de INEGI ubican a Hidalgo, Guerrero y Tamaulipas entre las entidades con mayor dinamismo, con tasas de 4.5%, 3.7% y 2.8%, respectivamente, en las comparaciones más recientes disponibles.
Este desempeño ha sido impulsado sobre todo por las actividades secundarias. Las manufacturas, la construcción, la minería y la generación de energía explican buena parte del repunte, mientras que la posición fronteriza del estado, su conectividad carretera, ferroviaria y portuaria, y su papel en las exportaciones fortalecen su ventaja competitiva frente a otras entidades.
Tamaulipas también ha reportado llegada de nuevas inversiones y ampliaciones empresariales, además de una mayor colocación de crédito productivo a pequeñas y medianas empresas, factores que ayudan a explicar el dinamismo industrial y laboral reciente.
No obstante, el crecimiento presenta desequilibrios que deben atenderse.
Algunas fuentes señalan que las actividades terciarias mostraron retrocesos, lo que indica que el auge no se distribuye de manera homogénea entre industria, comercio y servicios.
Esta asimetría eleva el riesgo de depender en exceso de unos cuantos motores económicos, especialmente en un entorno nacional e internacional sujeto a volatilidad comercial, energética y financiera.
Riesgos estructurales
La experiencia de otros estados ofrece una advertencia útil. Campeche y Tabasco han resentido la alta dependencia petrolera; Quintana Roo exhibe sensibilidad frente a choques en turismo; y entidades manufactureras del norte como Coahuila, Chihuahua o Baja California pueden sufrir ciclos de desaceleración asociados al mercado externo y a la relocalización desigual de inversiones.
La lección es clara: crecer rápido no basta; es necesario construir bases productivas más amplias, resilientes y con menor costo ambiental.
En Tamaulipas también persisten retos en materia de cohesión territorial, aprovechamiento de cadenas locales, uso sustentable del agua y fortalecimiento del capital humano.
Si el crecimiento se concentra en algunos corredores industriales o ciudades fronterizas, puede ampliarse la brecha entre regiones dinámicas y regiones rezagadas.
De igual forma, un crecimiento industrial sin planeación ambiental suficiente puede traducirse en presiones sobre energía, agua, suelo urbano y emisiones.
Medidas para consolidación sostenible
La primera medida consiste en profundizar la diversificación productiva.
Además de consolidar la manufactura exportadora y la logística fronteriza, el estado debe promover agroindustria, servicios avanzados, proveeduría local y economía del conocimiento para reducir su exposición a choques sectoriales.
La integración de pequeñas empresas locales (pymes) a cadenas de valor industriales permitiría que el crecimiento se distribuya mejor en el territorio.
La segunda medida es vincular competitividad con sustentabilidad.
Tamaulipas puede convertir su fortaleza energética en una plataforma de transición hacia procesos industriales más limpios, mayor eficiencia energética y expansión de energías renovables donde existan condiciones técnicas y regulatorias favorables.
Esto no sólo reduce impactos ambientales, sino que mejora la competitividad futura ante exigencias internacionales de descarbonización.
La tercera medida es fortalecer capital humano e innovación.
Resulta indispensable alinear educación técnica, universidades y capacitación laboral con sectores como logística, manufactura avanzada, digitalización industrial y energía.
La productividad de largo plazo dependerá menos del costo laboral y más de la calidad del talento, la adopción tecnológica y la capacidad de innovación regional.
La cuarta medida es preservar la disciplina fiscal y orientar mejor la inversión pública.
La estabilidad financiera reportada por el estado ofrece una base favorable, pero debe traducirse en infraestructura hídrica, movilidad, conectividad regional e instrumentos de apoyo a pymes sostenibles.
Un crecimiento duradero requerirá coordinación entre gobierno, empresas, universidades y municipios, con indicadores públicos de seguimiento económico, social y ambiental.
Aquí juega un papel muy importante las medidas que se implementen entre el gobierno estatal y las autoridades de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) relacionadas a investigación de avanzada en temas como las cadenas globales productivas, inserción de pymes locales a la proveeduría y desarrollo de hub logístico y de movilidad integral entre puentes, puertos y aeropuertos de Tamaulipas.
En síntesis, Tamaulipas sí registra un crecimiento relativamente dinámico dentro del mapa económico nacional, pero su consolidación dependerá de convertir el impulso industrial actual en una estrategia integral de desarrollo sostenible, territorialmente equilibrado y ambientalmente responsable.