#DESDELAFRONTERA
POR #PEDRONATIVIDAD
Mientras muchos aprovecharon el fin de semana para bajar la cortina y desconectarse de la rutina, en Nuevo Laredo el reloj político siguió avanzando. Y no precisamente con conferencias o anuncios reciclados, sino con una agenda cargada de obras, reconocimientos y entregas que dejan un mensaje muy claro, en el gobierno de Carmen Lilia Canturosas no hay pausa cuando se trata de construir capital político… y ciudad.
El primer golpe de autoridad llegó desde el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), que colocó a Nuevo Laredo como la ciudad número uno del país en el subíndice de Mercado de Trabajo entre las localidades de 250 mil a 500 mil habitantes. No es un premio de popularidad ni una encuesta de redes sociales; son indicadores duros, salarios, formalidad laboral, productividad, igualdad de ingresos y generación de empleo.
En pocas palabras, mientras otros municipios siguen administrando problemas por falta de empleos, Nuevo Laredo presume resultados.
Y detrás de esos números hay una estrategia que la alcaldesa no ha dejado de presumir, infraestructura, servicios públicos, inversión y una coordinación permanente con la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Américo Villarreal, una alianza que hoy está convirtiendo a la frontera tamaulipeca en uno de los motores económicos más importantes del norte del país.
Pero el fin de semana no terminó en el escritorio ni en los reconocimientos.
Carmen Lilia se fue a territorio. Recorrió escuelas, cortó listones y entregó obras educativas, entre bardas perimetrales, techumbres, reconstrucción de espacios y rehabilitaciones integrales.
La apuesta es evidente, mientras la Federación fortalece las becas y los apoyos económicos, el municipio pone los ladrillos para que esos estudiantes tengan escuelas dignas. Una fórmula sencilla, pero políticamente rentable, porque pocas inversiones generan tanto consenso social como la educación.
Y para cerrar la gira, llegó la obra que todos ven, la que no necesita discursos porque la pisan miles de automovilistas todos los días.
Más de 31 millones de pesos destinados a rehabilitar el paso superior del bulevar Aeropuerto y recarpetear una de las vialidades más importantes del sur de la ciudad. Infraestructura que beneficia no solamente a los ciudadanos, sino también a la actividad logística y comercial que mueve la economía de Nuevo Laredo.
Este fin de semana, Nuevo Laredo habló bastante.
MORENA Y EL CASO COAHUILA
Apenas hace unos años, Morena era una maquinaria electoral imposible de detener. Estado que tocaba, estado que conquistaba. Bastaba recordar que entidades históricamente priistas terminaron pintadas de guinda para pensar que el viejo régimen estaba enterrado.
Pero la política tiene memoria corta y los electores suelen ser más ingratos que los propios partidos.
Lo ocurrido en Coahuila, donde el PRI logró un contundente carro completo en las diputaciones locales, es mucho más que una derrota electoral para Morena. Es una señal de alarma.
Seguramente desde el oficialismo repetirán el argumento de siempre, «Coahuila es priista». El problema para Morena es que también lo eran Hidalgo, Oaxaca, Tamaulipas, Quintana Roo o el Estado de México, y poco a poco fue desmontando esas fortalezas hasta convertirlas en bastiones propios.
Esta vez no alcanzó.
Y quizá la explicación no esté en la fuerza del PRI, sino en el desgaste de Morena.
A seis años de consolidarse como el partido dominante, aquella imagen de movimiento ciudadano que luchaba contra la corrupción se ha ido erosionando entre escándalos, señalamientos públicos, disputas internas y una creciente percepción de que muchos de sus cuadros terminaron pareciéndose a los políticos que prometieron desterrar.
La oposición no ha construido un gran proyecto nacional, es cierto. Pero Morena tampoco ha podido escapar del desgaste natural del poder. Gobernadores cuestionados, lo mismo senadores, diputados e hijos. Alcaldes detenidos y bajo la lupa, pleitos entre grupos internos y una militancia cada vez más dividida han comenzado a pasar factura.
Los programas sociales siguen siendo un activo electoral importante, nadie puede negarlo. Sin embargo, el voto mexicano ha demostrado que una cosa es recibir un apoyo gubernamental y otra muy distinta entregar un cheque en blanco en las urnas.
Veracruz fue una primera advertencia. La ruptura con sus antiguos aliados, el Partido Verde y el PT, terminó fragmentando el voto oficialista y abrió espacios que hace apenas unos años parecían imposibles, estos aliados arrebataron alcaldías.
Ahora llega Coahuila.
Ni una sola diputación local.
Es un resultado que hace apenas tres o cuatro años habría parecido impensable para el partido que se asumía invencible.
Por supuesto, vendrán las impugnaciones. Morena ya anunció que acudirá a los tribunales, una estrategia que ya ha utilizado en otras entidades cuando los resultados no le favorecen, como en Veracruz que desde tribunales arrebató municipios y donde no, “convenció” a los alcaldes electos a convertirse en morenistas.
Tal vez consiga modificar algunos números o revertir alguna elección cerrada. Pero los tribunales pueden cambiar actas. Lo que no pueden cambiar es la percepción política.
Y la percepción que deja Coahuila es que Morena ya no luce como aquel Tsunami arrollador que prometía una transformación imparable. Hoy enfrenta el mismo enemigo que terminó desgastando al PRI y al PAN cuando fueron gobierno, el peso del poder, el costo de las decisiones y el juicio de los ciudadanos.
El reloj rumbo a 2027 y 2028 ya comenzó a correr.
Y por primera vez en mucho tiempo, en el cuarto de guerra de Morena deben estar entendiendo que las elecciones ya no se ganan por inercia… ¿Qué, no?, NOS LEEMOS.
Comentarios: [email protected]