Hipódromo Político

por Carlos G. Cortés García

La comunicación y la narrativa en política es importantísima, vital, y mientras una buena comunicación hace ganar candidatos, una comunicación equivocada provoca desastres políticos y gubernamentales. Por ello, es vital que los políticos tengan comunicadores profesionales que sean expertos en los entretelones de la comunicación, campañas y gobiernos, porque el costo de no tenerlos es caro, muy caro, carísimo a largo plazo.

En política, gobernar bien ya no basta. Puede parecer injusto, pero es una realidad del siglo XXI: un gobierno sin estrategia de comunicación está condenado a que sus resultados se diluyen entre la sobreinformación, la polarización y la velocidad digital.

La comunicación política dejó de ser un accesorio para convertirse en una herramienta central del poder. Antes, bastaba el discurso en la plaza pública, la entrevista en radio y la nota del día siguiente en el periódico. Y hoy, la batalla ocurre en tiempo real, en redes sociales, transmisiones en vivo, narrativas audiovisuales y conversaciones fragmentadas que duran segundos.

La política moderna no solo administra presupuestos y programas públicos, sino que administra percepciones.

Eso explica por qué algunos gobiernos con resultados modestos logran altos niveles de aprobación, mientras otros, incluso con avances tangibles en infraestructura, salud o educación, enfrentan crisis permanentes de legitimidad. No siempre gana quien hace más, sino gana quien logra conectar mejor con la ciudadanía.

La comunicación política efectiva no consiste únicamente en propaganda. Reducirla a slogans, spots o campañas de imagen es un error frecuente. Comunicar políticamente implica construir sentido público: explicar decisiones, contextualizar problemas, generar empatía y sostener una narrativa coherente entre lo que se dice y lo que se hace. Cuando existe divorcio entre acción y mensaje, la ciudadanía lo detecta rápidamente.

En México, este fenómeno se ha profundizado. La llegada de plataformas como Meta Platforms, propietaria de redes como Facebook e Instagram, o TikTok, transformó la relación entre gobernantes y gobernados. Hoy, un alcalde, gobernador o presidente puede hablar directamente con millones de personas sin intermediarios, aunque esa ventaja también trae riesgos: la sobreexposición, la improvisación y el desgaste narrativo.

La comunicación digital democratizó la voz, pero también profesionalizó la percepción. Por ello, los equipos de comunicación gubernamental enfrentan un reto complejo: informar sin saturar, posicionar sin caer en triunfalismo y responder crisis sin amplificarlas. La ciudadanía actual no consume mensajes institucionales de manera pasiva, sino que cuestiona, contrasta, ironiza y viraliza. La conversación pública ya no está controlada.

En este nuevo ecosistema, el liderazgo político exige habilidades comunicativas sofisticadas. Un buen político debe dominar el lenguaje simbólico, entender audiencias diversas y construir cercanía auténtica. La credibilidad, hoy más que nunca, depende de la consistencia.

Porque en democracia, comunicar no es adornar el poder, sino el deber de ejercerlo con responsabilidad. Y la política del futuro no será únicamente de ideologías o estructuras partidistas, sino de narrativas capaces de movilizar emociones, explicar complejidades y generar confianza. Gobernar seguirá siendo indispensable; comunicar bien será decisivo.

Al final, la política es disputa por el poder, pero la comunicación es disputa por el significado. Y quien controla el significado, suele acercarse al poder.

Las campañas políticas cambiaron para siempre. Atrás quedó la época en la que una elección se definía únicamente con mítines multitudinarios, bardas pintadas, brigadas casa por casa y spots en radio y televisión. Hoy, buena parte de la competencia electoral ocurre en un terreno mucho más complejo: la comunicación digital, lo que significa que la nueva urna está en la pantalla del teléfono celular.

Y cada elección moderna es, además de una contienda por votos, una batalla por la atención. Y en un ecosistema saturado de información, memes, noticias instantáneas y tendencias virales, el candidato que no logra posicionarse en la conversación pública simplemente desaparece.

En política electoral, la invisibilidad es derrota anticipada. Por ello, las campañas contemporáneas invierten cada vez más en estrategia narrativa, segmentación digital, análisis de datos y construcción de imagen pública. Ya no basta tener estructura territorial; ahora es indispensable tener estructura comunicacional.

Un candidato puede recorrer cientos de colonias, pero si su mensaje no se conecta digitalmente, su impacto se reduce. En contraste, una declaración bien colocada, un video emocional o una narrativa eficaz pueden multiplicar el alcance en cuestión de horas.

Es un hecho que la comunicación electoral trabaja sobre tres grandes dimensiones: percepción, emoción y recordación. La percepción define cómo es visto un candidato: cercano, capaz, honesto, preparado o distante. La emoción moviliza: esperanza, miedo, enojo, identidad o pertenencia. Y la recordación garantiza permanencia: que el electorado asocie nombre, propuesta e imagen de manera inmediata.

No es casualidad, entonces, que campañas exitosas prioricen el storytelling antes que largas plataformas programáticas.

El votante promedio no analiza documentos técnicos; responde a símbolos, relatos y sensaciones de confianza. Esto no significa vaciar de contenido a la política, sino entender que la forma en que se presenta el mensaje condiciona profundamente su recepción.

La comunicación electoral moderna es pues, síntesis, oportunidad y consistencia. Sin embargo, existe un riesgo evidente: confundir comunicación con espectáculo. Una campaña basada únicamente en marketing puede generar notoriedad, pero no necesariamente credibilidad sostenible. El exceso de artificialidad termina pasando factura.

En un entorno donde cualquier error se viraliza y cualquier contradicción queda registrada, la coherencia entre discurso, trayectoria y comportamiento público resulta fundamental. El electorado puede perdonar errores; difícilmente perdona simulaciones evidentes.

México vive plenamente esta transición. Plataformas como TikTok, Meta Platforms y X Corp. redefinieron las reglas del juego electoral. Hoy se ganan posicionamientos en clips de segundos, pero también se pierden candidaturas por crisis mal manejadas en tiempo real.

De cara a los futuros procesos electorales del 2027, federales y locales, el desafío será construir campañas capaces de combinar territorio, narrativa y tecnología. Quien entienda mejor esta triada tendrá ventaja competitiva. Porque al final, las elecciones siguen ganándose con votos. Pero antes de depositarse en las urnas, esos votos pasan por una decisión previa: la mente del ciudadano. Y ahí, la comunicación manda.

PD. 1. El calor intenso y el ambiente bochornoso volverán a apoderarse de Tamaulipas durante los próximos días, con sensaciones térmicas que podrían alcanzar entre los 42 y 46 grados centígrados, principalmente en municipios de la región Cañera, informó la Coordinación Estatal de Protección Civil.

De acuerdo con el pronóstico, las altas temperaturas incrementarán gradualmente hacia el fin de semana, lo que elevará el riesgo de golpes de calor, deshidratación y afectaciones entre personas vulnerables, especialmente adultos mayores, niños y trabajadores expuestos al sol.

La dependencia estatal alertó además sobre un evento de “Surada”, fenómeno caracterizado por viento cálido y seco proveniente del sur, que podría generar ráfagas de entre 35 y 55 kilómetros por hora en distintas zonas de la entidad. Tome sus precauciones y cuide su salud.

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