Rutinas y quimeras
Clara García Sáenz
Desde la prehistoria las mujeres por su condición de madres mamíferas, es decir, que
procrean en el vientre y amamantan a sus hijos, delimitaron su ámbito de acción a lo
íntimo, a lo privado, a una acción de supervivencia que se realizaba hacía los espacios
interiores donde pudieran proteger a sus hijos, por el contrario, lo masculino estaba ligado
con la búsqueda de sustento, salir, estar en el exterior.
Sin embargo, esto no significó que su rol fuera menos importante, al contario, fue
fundamental para la sobrevivencia de la especie además de realizar muchas otras tareas
también en el exterior como salir a cazar. Sin embargo, el discurso social de la historia nos
hace creer que las mujeres sólo procreaban y los hombres cazaban. Una muestra de su
importancia en la en la prehistoria son los cientos de Venus halladas en las cuevas del
Paleolítico que dejan testimonio de su relevante presencia en aquellas sociedades.
Hablando de las sociedades de la antigüedad, la presencia de las mujeres es
manifiesta cuando estas han realizado acciones en lo público, han salido de su ámbito
privado para protagonizar hechos trascendentes o bien han ejercido su poder a pesar de
no ocupar espacios de autoridad, sino a través de su influencia, finalmente de eso trata la
historia.
Las mujeres más famosas en la historia de la humanidad en occidente sin duda son
las bíblicas, Eva quien le abrió los ojos a Adán, Sara sin duda la madre del pueblo de
Israel, Agar la esclava, la Virgen María quien conduce a Jesús a su autorrevelación.
Mujeres en la historia del mundo renacentista y moderno tenemos como muestra,
reinas que a diferencias de los hombres son pocas en cantidad, pero muy influyentes como
Isabel la Católica, Catalina la Grande o la Reina Victoria.
Aunque muchas están consignadas en la memoria, el problema de la invisibilidad de
las mujeres en la historia radica en que hasta hace un siglo era considerado como historia
solo la política, la heroica, de la esfera pública y del discurso de la construcción de los
estados nacionales, construida por figuras masculinas que serán cuestionados por las
corrientes feministas de la segunda mitad del siglo XX que demandaban la necesidad de
construir heroínas y de denunciar opresiones un discurso histórico no académico.
Pero por otro lado tenemos las luchas sociales de las mujeres de manera visible que
hicieron imperativo ir empujando su visibilidad paulatina, lenta, desgarradora en el discurso
de la historia desde la revolución francesa hasta nuestros días, pugnando por la igualdad
de derechos.
La irrupción de las mujeres en la revolución francesa fue tan violenta que la misma
sociedad se asustó de su ímpetu que quedaron fuera de la Declaración de los derechos del
hombre al triunfo de esta. Y digo que al parecer porque esta manifestación como
luchadoras, como revolucionarias, fijó algunos principios que determinaron el futuro de las
mujeres, porque se convirtieron en individuos; la Declaración señala como derecho “la
libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión” y en la Constitución de
1791 se reconoce por igual a hombres y mujeres para la mayoría de edad civil.
En 1792 se va a reconocer en las mujeres suficiente razón e independencia para ser
admitidas en calidad de testigos en actos civiles y para contraer libremente obligaciones;
en 1793 se permite acceder al reparto de bienes comunales y las mismas prerrogativas
para ejercer la patria potestad y se establece el contrato social donde en el matrimonio y el
divorcio ambas partes son iguales.
A partir de aquí, vamos a ver una presencia gradual de las mujeres en el ámbito
público, como escritoras, como educadoras y como sufragistas. Las obreras estarán
presentes para reclamar derechos y serán en la Primera Guerra Mundial quienes estarán al
frente de las fábricas, ganando espacios públicos, pero nuevamente, su presencia en el
ámbito público asustará a la sociedad que al término de la guerra las regresa a casa,
aunque se avanza en ámbitos de derechos civiles no será hasta después de la Segunda
Guerra Mundial cuando el movimiento feminista tendrá una presencia irreversible con la
liberación sexual.
El estudio de la historia de las mujeres desde el ámbito académico en las corrientes
historiográficas de la Escuela de los Annales en Francia a mediados del siglo XX construye
una corriente de pensamiento de gran influencia.
Peter Burker impulsor de la historia cultural, en repetidas ocasiones, abordará el
tema desde el ámbito académico, muy necesario para despojar el discurso de cargas
ideológicas, políticas y reivindicaciones sociales.
Es en los ámbitos de la academia donde se hace cada vez imprescindible su estudio
por la presencia manifiesta de las mujeres en casi todos los espacios sociales desde el
siglo XIX y el XX.
Ya no se trata de reivindicar desde el discurso político sino de la necesidad que el
estudioso de la historia tiene por explicar los sucesos históricos, siguiendo este camino, los
resultados han sido productivos, sorprendentes y enriquecedores.
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