Rutinas y quimeras
Clara García Sáenz

Con tantos pendientes por Navidad resolvimos irnos muy temprano al Valle de
Texas; el objetivo era hacer unas compras, recoger a mi suegra y regresar por la
tarde a Ciudad Victoria; para las seis de la mañana estábamos ya montados en la
carretera y muy cerca de Jiménez pudimos disfrutar el amanecer tamaulipeco.
Conforme salía el sol, empezamos a ver caravanas y caravanas de carros,
camionetas y remolques que venían de la frontera. A manera de broma comenté
que tal parece que todos habían pensado lo mismo que nosotros, levantarse
temprano para ganar tiempo. Cuando llegamos al Tejón encontramos largas filas
de autos de que venían de Matamoros y Reynosa a vuelta de rueda para pasar el
retén que la Guardia Nacional tiene en ese lugar. No había revisión, solo un tope
por el que hay que circular a muy despacio.
Para cruzar el puente internacional de las Flores nos llevamos dos horas,
en la fila de Walmart media hora, en el Expressway (por el tráfico y obras), hicimos
de Weslaco a McAllen una hora y media, en Whataburger un poco más de media
hora esperando la hamburguesa, nos fuimos por la 83 para llegar directo al puente
internacional de Hidalgo, pero dos semáforos antes de llegar a la garita nos detuvo
la fila de autos que iban a cruzar a México; no recuerdo haber tardado antes dos
horas para cruzar de Estados Unidos a México. Cuando llegamos a Reynosa era
ya de noche, así que resolvimos descasar para tomar carretera muy temprano al

día siguiente; no sin antes cenar unos tacos a la plancha y darle dos vueltas a la
plaza principal para hacer la digestión; plaza que, por cierto, tiene una iluminación
navideña muy pobre, una pista de patinaje que estaba cerrada a las 8 de la noche
y unos adornos muy modestos y tristes, lo que contrasta con la pujanza de esa
ciudad fronteriza, una de las más importantes del Tamaulipas.
Tomamos la carretera a Ciudad Victoria muy temprano y ya estaba
congestionada, parecía una larga avenida por momentos con embotellamientos;
coches con gran carga en sus techos, camionetas, muchas camionetas con
sobrecarga y que en su mayoría traían placas mexicanas de los más diversos
estados de la república mexicana. Desde hace más de 20 años suelo ir al Valle de
Texas en estas fechas por motivos familiares, pero nunca como ahora me ha
sorprendido la cantidad de mexicanos por todas partes. Durante estas dos
décadas, he vivido diversos momentos, desde devaluaciones del peso, la
inseguridad en las carreteras, la pandemia y siempre se nota como los flujos de
personas y vehículos bajan o suben, pero es la primera vez que veo esa cantidad
circulando.
La única explicación que encuentro a este hecho, para mí inédito, es que
esa movilidad de vehículos, personas y circulante es el reflejo de un bienestar que
se está viviendo en México donde, por primera vez, llegamos a un fin de sexenio
sin devaluación, sin crisis, con mayor vigilancia en las carreteras, mejores salarios,
confiados en que la moneda circula para todos y que este país esta mejor que
hace seis años.
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