La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
Es una alarma innecesaria. La maleta de sobrevivencia -¡por tres días!- que está llamando el gobierno federal a tener en todas las alacenas de los mexicanos, suena a una broma surrealista. En un país, que ha convertido la miseria y la precariedad, en una fiesta de ingenio que ha revolucionado la gastronomía de la pobreza, provoca risa que nos aleccionen cómo sobrevivir ante la eventualidad del desastre.
¡A nosotros!
Pinches 72 horas son un respiro para quienes nacimos, crecimos y nos desarrollamos por décadas, con ingresos de nuestros padres, como literalmente se dice: salarios mínimos. La abundancia, se representaba en tortillas de harina con picadillo -comercial: es decir, 50 por ciento, carne y el resto grasa, más otros ingredientes de dudosa procedencia- mezclada con zanahoria y papa.
Los tiempos de crisis -por lo general bastante largos, estirados por los gobiernos neoliberales- eran temporales que se capoteaban con la prestidigitación de las madres en la cocina regional.
Bastaba un kilo de tortillas, en el epicentro del disturbio económico, para saciar a toda la familia.
Si escaseaba el huevo, el ingenio maternal siempre estaba ahí: la cazuela -o sartén- la tortilla frita con cebolla, ajo, tomate y sal eran suficientes para hacer que el hambre tocara retirada.
Ahora se les conoce como chilaquiles; y se sirven como comida gourmet.
Los almuerzos eran realmente mágicos: Nescafé con algunas gotas de leche Carnation y un pan de la tienda de la esquina; o un pan bolillo con frijoles: actualmente se les denomina molletes, en los restaurantes que aspiran a fifís.
Harían bien en guardarse sus innecesarios consejos los burócratas. Tratar de enseñar cómo vivir a los pobres, suena insultantemente irreal.
(Ahora que, si sueltan las bombas nucleares, es otro asunto; nos convertiríamos en polvo, parafraseando al grande Mauricio de la Garza: polvo necesitado).
Si usted es una persona informada, se habrá dado cuenta que los medios y redes sociales, no resultó tan masivamente acogido el llamado del gobierno para hacer la bendita maleta de sobrevivencia.
¿Por qué?
Porque mexicano que se respete, es capaz de resistir esos inofensivos tres días sin comer carne, pollo, pescado y demás productos vitales en otras sociedades.
¿Acaso nos quieren atemorizar?
El llamado ha sido tan serio como cómico.
Si hemos superado terribles tragedias como huracanes, violencia social, inundaciones, masacres y a políticos del PRI y el PAN, todo lo que nos toque enfrentar en el futuro es un desafío menor, inofensivo, inocuo.
¿Padeceremos hambre?
¡Asústame panteón!