DE PRIMERA ………..LA DAMA DE LA NOTICIA; POR ARABELA GARCIA

«¿Confiarías el dinero de tu casa a quien te ha robado la cartera? Entre el caso Taddei, la inseguridad y los apoyos que no alcanzan, la democracia mexicana se cae a pedazos. Lee la columna completa de La Dama de la Noticia  👇«

Hay algo que no cambia en la política de este país: cuando crees que ya tocaron fondo, siempre le escarban un poquito más.

Estamos a nada de vivir unas elecciones importantísimas y el panorama da coraje y tristeza. Nos prometieron un cambio histórico, pero nos dejaron un país atrapado: familias batallando para llegar a fin de mes, la delincuencia haciendo de las suyas en las calles y, para colmo, un Instituto Nacional Electoral (INE) al que ya muy pocos le creen.

Durante años nos vendieron la idea de que el INE era el árbitro perfecto, neutral y blindado. Pero hoy la realidad es otra. Entre peleas políticas, gastos exagerados y broncas internas dentro de su propia directiva, la imagen de la institución está por los suelos. Y claro, si nos faltaba una prueba reina para confirmar que todo este circo es efímero y nomás sirve para rasurar el erario, ahí tenemos el caso Taddei: la joya de la corona que dejó al descubierto lo que muchos sospechaban: que los manejos y los escándalos de corrupción dentro del instituto son de risa loca si no fuera porque nos cuesta a todos. ¿Cómo le pides a la gente que confíe en los resultados si la casa que los cuida está llena de goteras, sospechas y tranzas al amparo del poder?

Lo más irónico es que una de las tareas principales del INE es fiscalizar; es decir, revisar peso por peso en qué gastan los partidos y los candidatos. Pero la pregunta del millón es: ¿con qué cara van a revisar a los demás si en su propia cúpula los casos de corrupción salpican hasta la coronilla? Pedirle a la gente que confíe a ciegas en un árbitro así es como encargarle el cuidado del dinero al vecino que siempre debe, roba y nunca paga.

Todo este desmadre institucional no salió de la nada. Viene de un proyecto de gobierno que prometió acabar con la pobreza y la corrupción, pero el saldo de la calle es muy distinto:Dependencia de los apoyos: Los programas sociales son una ayuda necesaria para comer hoy, pero no resuelven el problema de fondo ni crean empleos duraderos. Nos acostumbraron a vivir al día.

Inseguridad desatada: Dijeron que las cosas iban a mejorar, pero la delincuencia agarró más fuerza y el pueblo es el que sigue poniendo los muertos y el miedo.Dinero que no alcanza: En las noticias dicen que todo va de maravilla, pero cuando vas al mercado o a la tienda, la lana rinde cada vez menos.

Y esto no es para pelearnos entre vecinos, ni para atacar al compadre que apoya a la 4T o a la oposición. El problema no es la gente trabajadora que busca salir adelante. El problema son los de arriba: los políticos que cambian de bando, los amigos del poder que se tapan las mañas entre ellos —porque dime con quién andas y te diré quién eres— y la costumbre de que todos terminan cortados con la misma tijera.

Nos acercamos a las urnas con un árbitro desgastado por sus propias corruptelas, una economía apretada y una clase política que solo piensa en su propio hueso. La democracia no se destruye de la noche a la mañana; se va muriendo poco a poco cuando dejamos que las instituciones se caigan a pedazos y nos acostumbramos al descaro.

La duda ya no es solo por quién votar, sino cuánto más va a aguantar este país antes de que la democracia sea solo un cuento que nos platican.

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