Agenda Política
Por: Juan Antonio Lerma
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Lo sucedido en Estados Unidos no es cualquier episodio electoral. Es un auténtico campanazo político que debería poner a reflexionar a más de uno, particularmente a quienes en México creen que tener dinero, poder, estructuras y control político es suficiente para garantizar triunfos electorales. De hecho ya lo hemos visto aquí.
Los demócratas dieron un golpe contundente en las elecciones intermedias, conquistando el control del Congreso y propinándole a DONALD TRUMP una derrota que trasciende las fronteras estadounidenses.
El mensaje de las urnas es claro: ningún gobierno tiene comprado el respaldo ciudadano y ningún liderazgo, por poderoso que parezca, está blindado frente al descontento social.
TRUMP tuvo recursos, maquinaria política y una enorme capacidad de movilización; sin embargo, los resultados demostraron que el dinero no siempre alcanza para contener el reclamo de una sociedad que exige respuestas, resultados y un rumbo distinto.
Y aquí es donde la historia comienza a ponerse interesante para México.
Porque lo ocurrido al otro lado del río Bravo inevitablemente abre una nueva ventana de reflexión para nuestra clase política, justo cuando comienza a calentarse el escenario rumbo al 2027, un proceso que será mucho más que una elección intermedia: será la antesala de la gran batalla política rumbo al 2030.
En nuestro país, los partidos poderosos deberían tomar nota. Las marcas partidistas, los programas sociales, las alianzas, los presupuestos y las grandes estructuras territoriales pueden ayudar, pero no sustituyen la confianza ciudadana.
El electorado no siempre vota por quien más gasta, por quien más espectaculares coloca o por quien presume tener las mejores relaciones políticas. También castiga, cobra facturas y cambia de opinión cuando considera que sus expectativas no fueron atendidas.
Y cuidado, porque el fenómeno estadounidense deja otra lectura: la unidad social puede convertirse en un factor determinante cuando distintos sectores encuentran coincidencias en sus demandas, más allá de sus diferencias ideológicas.
DEL ARCHIVERO…
¿Podría trasladarse ese fenómeno a la política mexicana? No necesariamente de la misma manera, porque nuestras realidades electorales son distintas, pero sí puede influir en el ánimo de los partidos, en las estrategias de sus dirigentes y, sobre todo, en la manera en que los ciudadanos evalúan a sus gobiernos.
Y para colmo, lo sucedido recientemente con el escándalo de corrupción en el INE no ayuda en nada bueno.
En cambio, en Tamaulipas, donde Morena buscará mantener su fuerza política y la oposición tendrá el desafío de reorganizarse, el 2027 será una prueba de territorio, resultados, liderazgos y credibilidad.
Los aspirantes que crean que una candidatura se gana solamente con padrinos políticos o chequeras abultadas podrían llevarse más de una sorpresa. La gente también observa, compara y recuerda.
La lección de Estados Unidos no es que un partido tenga triunfos garantizados ni que otro esté condenado a perder. Es que el poder no es eterno y que las urnas siguen siendo el espacio donde la ciudadanía puede expresar su inconformidad.
Por eso, mientras algunos ya andan contando candidaturas, repartiendo posiciones y sintiéndose dueños de los próximos resultados, quizá deberían detenerse un momento a mirar lo que acaba de suceder en el vecino país.
Porque una cosa es tener el poder y otra muy distinta tener el respaldo de la gente.
Y en política, cuando las urnas hablan, ni todo el dinero del mundo alcanza para comprar la última palabra.
Por hoy es todo. Sale y Vale.