Palabras libres

Por Edgar Joel Yépez Ibarra

El auténtico humanismo es incompatible con la mezquindad del beneficio propio: quien desvía el tesoro institucional para su beneficio personal, está ocasionando profundo dolor social y, por consecuencia, renuncia irrevocablemente a la dignidad de llamarse humanista.

El gran Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura, nuestro mexicano universal, nos enseñaba –entre libros, conferencias, entrevistas- que la verdadera transformación, ese anhelo profundo de construir una sociedad con constante progreso humano, libre, justa y respetuosa, es la que se construye desde la honestidad, desde la promesa que se cumple hasta hacer poesía con el más genuino humanismo.

El magistral pensador afirmaba que a todo humanista lo distingue su honradez y su transitar siempre a favor del bien común. Con la belleza de las palabras libres reiteraba que  humanista es todo aquel que convierte sus actos en poesía viva, verdaderamente humana, porque guía sus acciones bajo los principios de los valores universales como la honestidad, la solidaridad y el respeto.

La transformación será alcanzable mediante el fortalecimiento del espíritu con educación y valores, porque son la esencia que nos humanizan para desterrar la ambición y el egoísmo que tanto daño nos hacen.