Columna Política: Pasos Perdidos
Por: Ulises Chapa Juárez
Si bien es cierto que la mayor fortaleza de MORENA está en el pueblo y en sus bases, también lo es que su reciente proceso de registro de aspirantes a las Coordinaciones Municipales de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional terminó convertido en una auténtica pasarela política, donde hubo de todo: perfiles con posibilidades reales, personajes que buscan negociar posiciones, oportunistas que pretenden llamar la atención y otros que, sin trayectoria ni experiencia, de pronto se sintieron con los tamaños para gobernar un municipio.
Lo vulgar y ridículo de este proceso no está en permitir la participación ciudadana, sino en haber convertido un simple registro en un espectáculo de protagonismos personales. Ahora resulta que recibir una hoja y presumirla en redes sociales parece representar un logro mayor que obtener un título universitario. Como si una constancia de registro otorgara automáticamente capacidad, experiencia y reconocimiento político.
Bastó que alguien les dijera que podían ser candidatos para que se lo creyeran. Otros confundieron su cercanía con algún grupo político con méritos propios, mientras que algunos, con apenas año y medio de experiencia en la administración pública, consideran que ya cuentan con las herramientas necesarias para levantar la mano y aspirar a gobernar.
El problema de fondo es que MORENA, desde sus propios mecanismos internos, está alimentando una competencia que lejos de fortalecer la unidad termina provocando divisiones. Resulta contradictorio que desde la dirigencia nacional se exija unidad mientras se permiten procesos donde prácticamente cualquiera puede asumirse como aspirante, sin acreditar trayectoria, arraigo, preparación o verdadero respaldo ciudadano.
Hay personajes que deberían estar sumándose a proyectos encabezados por perfiles con experiencia, conocimiento del territorio, cercanía con la gente y reconocimiento social. Sin embargo, prefieren emprender aventuras personales, convencidos de que un padrinazgo político, una fotografía o una constancia de registro son suficientes para competir.
Incluso existen quienes llegaron a determinados espacios públicos por circunstancias políticas o criterios de género, mecanismos legítimos que no están a discusión, pero que tampoco sustituyen la preparación ni garantizan capacidad para gobernar.
En política no basta con querer. Se necesita trayectoria, trabajo territorial, reconocimiento ciudadano y preparación para enfrentar tanto una campaña como la responsabilidad de administrar un municipio. Porque una cosa es levantar la mano y otra muy distinta tener los tamaños para gobernar.
MORENA necesita establecer criterios más rigurosos en sus futuras convocatorias. No se trata de cerrar las puertas a nuevos liderazgos, sino de distinguir entre quienes han construido una carrera política y quienes únicamente buscan protagonismo, reflectores o utilizar su registro como moneda de negociación.
De lo contrario, seguiremos viendo el mismo circo, maroma y teatro, con una marca política cada vez más expuesta al desgaste y a las divisiones internas. Al paso que vamos, pareciera más complicado ganar una coordinación interna que una elección constitucional.
A quienes hoy presumen su registro sin contar con posibilidades reales, habría que recordarles que los liderazgos no nacen de una hoja ni de una publicación en Facebook. Se construyen con trabajo, preparación, resultados y cercanía con la ciudadanía.
Porque cuando cualquiera confunde una constancia con una candidatura y una aspiración con la capacidad de gobernar, la política deja de ser un asunto de responsabilidad para convertirse en un concurso de vanidades.
Así de barato resultó el registro de MORENA. Y lo preocupante es que, si no corrigen el rumbo, lo que viene podría ser todavía peor.