El Patinadero

Juan Antonio Montoya Báez

Cuando iniciaba el sexenio de Egidio Torre Cantú, la mujer que fungía como su directora de Relaciones Públicas, Blanca Rosa Galván García, decidió armarse de valor y hacerle una sugerencia estética al mandatario para cambiar su imagen y otorgarle, según sus cálculos, una mejor presencia y personalidad ante los ciudadanos.
—Señor gobernador, Egidio, debería considerar seriamente la posibilidad de quitarse o recortarse el bigote— le soltó con timidez.

La respuesta de Torre Cantú fue fulminante. Hizo un gesto hosco, torció la boca y rechazó de inmediato la propuesta que le realizaban con la mejor de las intenciones:
—Ni se te ocurra volver a tocarme ese tema; es mejor que jamás vuelvas a hablar de eso— le contestó de pésimo humor. Egidio ama sus bigotes de morsa.

Blanca Rosa únicamente pretendía suavizar las facciones del gobernador, un hombre que en el territorio siempre se dejó ver con un rostro hosco, altanero y de pocos amigos; pero bien dice el viejo refrán marinero que donde manda capitán, no gobierna marinero.

Este martes, el gobernador Américo Villarreal Anaya decidió darle un vuelco radical a su propia imagen. Unos simples lentes de aumento bastaron para transformarle el rostro, recomponiendo por completo la estampa que venía proyectando en los eventos oficiales.

El mandatario estrenó su nuevo look intelectual durante el marco del Primer Informe de Resultados de la magistrada presidenta del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, Tania Gisela Contreras López, un ejercicio que reunió a la plana mayor de la política local en Ciudad Victoria.

Durante su intervención, el jefe del Ejecutivo recordó que la reforma constitucional al Poder Judicial de Tamaulipas permitió renovar de tajo al 100 por ciento de las personas juzgadoras a través de las urnas.

Ahora, a la magistrada presidenta le tocó presentar los frutos tangibles de esta sacudida legal, presumiendo un récord histórico de más de 70 mil asuntos concluidos en este primer año, lo que representó un incremento de 11 mil casos resueltos en comparación con el estancamiento del pasado.

Américo señaló con orgullo que la renovación democrática fue el paso correcto para abrir una nueva etapa histórica que, además de democratizar los tribunales y hacerlos verdaderamente independientes, ha fortalecido la estructura interna con el nacimiento del Tribunal de Disciplina Judicial y un estricto control administrativo. «El mandato se ha cumplido y estamos atestiguando un acto de gran trascendencia como Estado libre y soberano», sentenció el doctor.

Por supuesto, la fiesta del Poder Judicial no dejó de convertirse en la acostumbrada pasarela política de la temporada. En las butacas del auditorio se vio desfilar a una buena cantidad de suspirantes, aspirantes y de aquellos funcionarios estatales que prefirieron recordar la vieja advertencia del tercer piso.

Vale recordar que, al inicio de la administración, Américo Villarreal Anaya había deslizado la sugerencia de que ninguno de los miembros de su gabinete legal y ampliado debería soñar con puestos de elección popular, exigiéndoles que lo acompañaran hasta el silbatazo final del sexenio.

Evidentemente, la promesa de lealtad les duró muy poco. Varios colaboradores no lo pensaron dos veces antes de aventar las oficinas gubernamentales, arrastrados por la ambición de colarse a las alcaldías y diputaciones locales.

Las deserciones y la fuga de querencias más notorias se escenificaron precisamente en Nuevo Laredo y en Ciudad Victoria, donde los secretarios prefirieron la incertidumbre de la boleta electoral antes que la disciplina del gabinete.

A pesar de las bajas, la ceremonia transcurrió con total solemnidad civil, contando con el cobijo del diputado local Humberto Prieto Herrera, presidente de la Junta de Gobierno del Congreso del Estado, además de magistrados y jueces de los diversos órganos jurisdiccionales.

En medio de los aplausos y las felicitaciones de rigor, la prensa de la capital —experta en oler el futuro y detectar la sucesión gubernamental cada vez más cercana— no desaprovechó la coyuntura para meter en un auténtico predicamento al gobernador. Aprovechando el banquete, le preguntaron a boca de jarro si la magistrada presidenta podría convertirse en su «apuesta fuerte» o su delfín para el relevo del Poder Ejecutivo.

Villarreal Anaya no parpadeó y reviró con una frase: «Tania es mi gallo… para el Supremo Tribunal de Justicia». Con esta declaración de antología, el doctor manifestó su total y absoluto respaldo al desempeño jurídico de la abogada al frente de la casa de la justicia, pero al mismo tiempo le metió compás de espera a las aspiraciones políticas inmediatas, evadiendo con elegancia cualquier destape adelantado para otros cargos de elección popular. En pocas palabras: zapatero a tus zapatos.

Viendo las cosas fríamente, las nuevas gafas del gobernador Américo le van a servir muchísimo a partir de hoy. Le permitirán distinguir con total nitidez la verdadera lealtad de aquellos colaboradores que decidieron quedarse a su lado a picar piedra en la estructura estatal, a pesar de que traían canicas de sobra para competir por alcaldías o distritos.

Pero, sobre todo, esperamos que este nuevo marco de lentes le permita ver con absoluta claridad los expedientes de aquellos exfuncionarios que se marcharon de su administración, y no precisamente por eficientes, sino por corruptos.

Ya es tiempo de que el Palacio defina los castigos pertinentes; no hay ninguna razón para que los pillos que saquearon las dependencias muerdan impunemente la mano del mandatario que les dio de comer y les arregló la vida hasta por varias generaciones. Esas nuevas gafas americanistas prometen mejorar la visión de la sucesión, permitiendo vigilar quiénes merecen seguir jugando en la cancha y quiénes deben ser enviados definitivamente a la banca.

Bueno, por hoy es todo.
El patinazo… miren que andar viendo gallos y gallinas por todos lados pueden provocar una severa miopía en las encuestas internas del 2027.

Contacto:
[email protected]