Por: Luis Enrique Arreola Vidal.

Nos prometieron un sistema de salud mejor que el de Dinamarca.

Nos entregaron uno donde los médicos marchan para exigir con qué curar, las enfermeras denuncian que no tienen ni lo indispensable y los pacientes esperan medicamentos que nunca llegan.

¡Vaya transformación!

Andrés Manuel López Obrador prometió revolucionar la salud pública.

Desapareció el Seguro Popular, inventó el INSABI, lo extinguió y trasladó sus funciones al IMSS-Bienestar.

Tres movimientos administrativos. Miles de discursos. Millones de mexicanos esperando.

El resultado merece una explicación.

En 2018, el 16.2% de los mexicanos carecía de acceso reconocido a servicios de salud.

En 2024, la cifra alcanzó 34.2%: cerca de 45 millones de personas.
Más del doble.

La pandemia influyó. También los cambios administrativos. Pero ninguna explicación sustituye los resultados que el gobierno prometió entregar.

Y ahora la crisis salió a las calles.
Desde el 8 de octubre, trabajadores del IMSS protestan por salarios, falta de personal, medicamentos e insumos.

Médicos, enfermeras, camilleros y jubilados cuestionan también a su dirigente sindical, Rafael Olivos Hernández.

Hoy, 14 de octubre, las bases votan una propuesta de incremento global del 6.8%. Los inconformes exigen 10% directo al salario y denuncian presiones sindicales.

Piden la salida de Olivos.

¡Los que deberían estar atendiendo pacientes tienen que salir a exigir condiciones para hacerlo!

Mientras tanto, Zoé Robledo presume contrataciones, porcentajes de abasto y mesas de diálogo.

Pero una cifra no sutura una herida.

Un discurso no sustituye una medicina. Y una conferencia no opera a un enfermo.

Claudia Sheinbaum heredó el modelo y decidió continuarlo. Ahora le corresponde demostrar que funciona.

Porque gobernar no es administrar las promesas del antecesor. Es responder por los resultados propios.

Y el problema viene de lejos.
El IMSS arrastra déficits estructurales desde hace décadas.

Sus proyecciones financieras advierten que los ingresos ordinarios serían insuficientes a partir de 2032 y que podría enfrentar un déficit actuarial desde 2036.

La crisis no nació con Morena. Pero Morena prometió resolverla.

Ahí está la diferencia entre recibir un problema y presumir que ya se solucionó.

También prometieron terminar con la corrupción en las compras de medicamentos.

Hoy existen auditorías, observaciones sobre contrataciones y denuncias que deben investigarse.

El 7 de octubre de 2026, organizaciones de familiares de niños con cáncer presentaron una denuncia ante la Fiscalía General de la República contra Andrés Manuel López Beltrán y Jorge Amílcar Olán por presuntas irregularidades en la compra y suministro de medicamentos oncológicos.

No hay sentencias contra los denunciados. Pero sí hay preguntas que el gobierno está obligado a responder.

¿Quién autorizó las compras? ¿Quién vigiló las entregas? ¿Dónde quedaron los medicamentos? ¿Quién responde ante las familias?

México no necesita otra ceremonia para anunciar que ahora sí habrá medicinas.

Necesita medicinas.

No necesita más funcionarios explicando por qué falló el proveedor.

Necesita hospitales funcionando.

No necesita dirigentes sindicales aplaudiendo al poder.

Necesita representantes que escuchen a sus trabajadores.

Porque mientras el gobierno presume transformación, los pacientes cuentan los días, los médicos denuncian carencias y las enfermeras siguen esperando soluciones.

El IMSS no se salva con propaganda. Tampoco con una consulta sindical.

Se salva con presupuesto sostenible, personal suficiente, medicamentos y responsabilidad pública.

Nos dijeron que seríamos Dinamarca.

Hoy los trabajadores marchan y cerca de 45 millones de mexicanos carecen de acceso reconocido a servicios de salud.

La transformación tiene todavía mucho que demostrar.

Porque cuando faltan medicamentos, sobran discursos. Y cuando los médicos salen a las calles para exigir con qué curar, la crisis ya no cabe en los balances: está dentro de los quirófanos.

¡NOS ENGAÑARON!