LA MADRIGUERA DEL LOBO
Por: José Andrés Zorrilla M.
En la anterior columna de esta saga relativa a LAS LLUVIAS Y LAS AGUAS, se abordó el tema de las inundaciones históricas y actuales en la Zona Sur de Tamaulipas, así como las afectaciones que estas han dejado y siguen dejando, particularmente en Ciudad Madero, sin excluir, desde luego, a Tampico y Altamira, donde también provocan serias pérdidas materiales, daños a la infraestructura, pero, sobre todo, pérdidas patrimoniales, como siempre sucede entre quienes menos tienen.
Cuando se le dio título a esta columna, la parte relativa a las AGUAS tenía que ver, como es lógico, con la relación del líquido con este fenómeno. Sin embargo, también es una expresión que se refiere a una ALERTA de peligro inminente. Es decir: CUIDADO, esto puede ser peor.
En efecto, El Cordón Litoral, que protege las costas de la Zona Sur de Tamaulipas y, específicamente, la zona conurbada de Ciudad Madero, Tampico y Altamira, podría representar un riesgo aún MAS GRAVE debido a otro proyecto detenido por falta de presupuesto y gestión desde hace más de una década, y que hoy sigue pendiente.
La falta de rehabilitación y, en su caso, construcción de lo que hoy tenemos como barrera de PROTECCION para estos TRES municipios, que los separa del Golfo de México, podría tener consecuencias de grandes dimensiones. De continuar su deterioro y erosión, y llegar a romperse este escudo, los daños incluirían, de entrada:
1.- Inundaciones sin precedentes, que afectarían directamente a zonas habitacionales de Ciudad MADERO y ALTAMIRA, las cuales podrían sufrir inundaciones permanentes e irreversibles, poniendo en riesgo especialmente la vida y el patrimonio de miles de familias que actualmente habitan en las colonias ubicadas en esas áreas.
2.- Falta de agua potable en toda la zona, debido a la contaminación, también irreversible, del sistema lagunario del río Tamesí y el Chairel Carpintero.
3.- Daños severos a la industria, ya que muchas de estas empresas dependen también del agua dulce. Esto ocasionaría, además de pérdidas en términos de aportación económica, la afectación de miles de fuentes de empleo.
4.- Destrucción y deterioro de Infraestructura Estratégica, incluidos accesos, vialidades, tramos carreteros, canales de navegación y, desde luego, terminales marítimas.
Podríamos abundar más en las consecuencias que dejaría esta crisis, pero bien vale referirnos ahora a los antecedentes para establecer un contexto final.
Fue precisamente en la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) donde se realizaron los primeros estudios, desarrollados a través del Centro de Investigación y Desarrollo en Ingeniería Portuaria, Marítima y Costera CIDIPORT, del que fuera titular el Dr. Sergio Jiménez Hernández (QEPD), a quien TUVE EL HONOR de tener como asesor y Secretario de mi Gabinete durante la administración municipal que presidí en 2016-2018.
El doctor Sergio Jiménez presentó la cronología 1985 a 2019, sobre cómo se generó esta erosión costera y las consecuencias que podría traer, además de otros estudios relacionados con la API Altamira y Tampico.
El primer presupuesto para estas obras lo aprobó la Cámara de Diputados en 2011, por un monto de 600 millones de pesos. Por distintos TECNICISMOS, no se ejerció. Fue en 2018 cuando el proyecto volvió a ingresar formalmente, en ese momento con un costo actualizado de 900 millones de pesos, recursos que, en concreto, tampoco se asignaron ni ejercieron.
Sin embargo, fue en 2024 cuando nos alcanzó LA PRIMERA CRISIS, tras el paso del huracán Beryl y la tormenta Alberto, fenómenos que provocaron la ruptura del cordón litoral, dejando desprotegidas las zonas bajas y ocasionando algunos daños a la población.
Lo verdaderamente preocupante es que quedó expuesto que, en caso de algún incidente de mayor magnitud, las consecuencias podrían afectar a más de 70,000 habitantes de esas zonas vulnerables.
El día de hoy, la única reflexión es hacer un LLAMADO para que todos participemos en las gestiones necesarias. Literal, las AGUAS ya las tenemos.
Hasta pronto.