CUADRANTE   POLITICO—–POR  FERNANDO  ACUÑA PIÑEIRO—-

——————-

  Algo muy grave esta ocurriendo, con las casas encuestadoras. Cada vez les resulta más difícil justificar los cobros de facturas millonarias, a la luz de una realidad empecinada en desmentir, imágenes de oropel.

 De acuerdo a lo que se sabe acerca del tema, es que “de acuerdo al tamaño del sapo, es la pedrada”. Algunos sondeos digitales o telefónicos, oscilan entre 20 mil y 150 mil pesos. Las encuestas cara a cara, robustas en su metodología, se cotizan hasta en más de un millón.

    Aunque finalmente, la encuesta verdadera no es la que los políticos pagan, para que les maquillen su imagen, con números porcentuales. La medición más verídica, es la que  el pueblo evalúa, en el día a día. Una auditoría ciudadana, de la cual pocos salen bien librados.

 Para no ir muy lejos en el tiempo, les compartimos el triste ejemplo del gobernador de Jalisco Pablo Lemús. Un político panista involucrado en la represión y encarcelamiento de manifestantes que protestaban contra el agua puerca suministrada  en sus hogares.

    El saldo hasta ahora, arroja 39 personas detenidas, algunas con lesiones. Se habla también de 28 policías que se llevaron su parte de violencia, a la hora de intervenir contra más de 10 mil manifestantes.

 Pero, días antes, los invito a que echen una leve mirada hacia los altos niveles de popularidad, que según los vendedores de espejos de las casas encuestadoras, traía el famoso gobernador Lemus.

  En los días previos a la política represiva del gobierno jaliscience, encuestadoras famosas como Mitofsky traían en los cuernos de la luna al mandatario estatal cuya imagen pública, hoy está por los suelos. Le daban 54.2 por ciento, colocándolo entre los diez mejores gobernadores.

 Otros empresarios que viven de cobrar millonadas por embellecer el posicionamiento de sus clientes, como es el caso de Demoscopia Digital, traía a Pablo Lemús con 52.1 por ciento. Massive Caller andaba por las mismas.

  Pero el caso del gobernador de Jalisco, solo es un leve muestreo sobre lo que actualmente sucede en la víspera de la selección interna de los partidos políticos para postular a sus candidatos a gobernadores, alcaldes y diputados federales.

 ¿Qué es lo que sucede?

 Bueno pues lo que ocurre en los hechos, es que este tipo de políticos que se la pasan gastando grandes cifras de dinero, que en ocasiones ni siquiera es de ellos, sino del mismo erario público, generalmente son sorprendidos por lo que se conoce como golpes de realidad.

  Problemas de agua potable, como sucedió en Jalisco. Pero también puede tratarse de calles en mal estado, inseguridad, alumbrado y otros servicios públicos, cuya deficiencia provoca  en automático el mal humor social.

  A partir de este tipo de circunstancias, se generan disonancias de percepción que conducen a una severa perdida de credibilidad. Es entonces cuando toda esa propaganda pagada a las empresas encuestadoras fabricantes de imágenes ficticias, se vuelve contra sus mismos creadores, como un boomerang de desprecio y de descontento.

 Esto se debe a que las o los ciudadanos que están padeciendo los problemas diarios, por la ausencia de resultados, al enterarse de los altos niveles de aprobación de las encuestadoras, interpretan eso como una burla. Y ello incrementa la irritación social.

 El efecto en cadena es impresionante: la primera consecuencia es que el instrumento de las mediciones encuestadoras,  se devalúa a los ojos del pueblo. Y la ciudadanía empieza a cuestionar  este tipo de acciones, como sondeos manipulados.

  Lo que viene enseguida, es el terrible voto de castigo.  La agenda ciudadana llega a tener una percepción opuesta a la agenda política. Lo que se visibiliza es  que durante el ejercicio del poder público, los políticos no trabajaron para resolver la realidad social existente. Sino más bien recurrieron al marketing, e invirtieron más en su imagen personal, que en atender los clamores ciudadanos.

  En los tiempos actuales, la popularidad ya no es la panacea para llegar al poder. Se miden otro tipo de factores. Entre ellos, honestidad y la no contaminación con temas de violencia organizada y otros delitos. 

  Para concluir el tema, obviamente con lo anterior, no se descalifica del todo a las encuestadoras y a quienes las contratan. Porque, en cierta medida, una encuesta honesta y bien hecha sí puede ayudar a un gobierno o a un municipio.

 Pero eso sucederá, siempre y cuando, dichas mediciones vayan acompañadas de un trabajo firme y enfocado al bienestar de los gobernados.

…