DE PRIMERA ………LA DAMA DE LA NOTICIA
POR ARABELA GARCIA …..
Sube la marea, cae la máscara y se alborota el avispero
Resulta fascinante ver cómo en Matamoros la historia se repite cada vez que el cielo decide abrirse con ganas. Caen más de 13 o 17 pulgadas de agua y, ¡oh sorpresa!, la ciudad se vuelve a inundar. De pronto, como por arte de magia, resulta que toda la culpa es del alcalde en turno. Hoy le toca a Alberto «Beto» Granados cargar con la cruz del diluvio, porque al parecer, según la memoria corta de muchos, las corrientes pluviales y la falta de drenaje adecuado nacieron apenas el día que tomó protesta.
Seamos serios —o intentémoslo—. Cargarle la mano a Beto Granados por una infraestructura pluvial obsoleta que arrastra décadas de abandono e inoperancia en administraciones pasadas es, por decir lo menos, un chiste de muy mal gusto. El problema del agua en nuestra ciudad es añejo, heredado y profundo. Lo que sí marca una diferencia entre el discurso y la realidad es la presencia: mientras en otros tiempos las autoridades veían las colonias inundadas desde sus cómodos escritorios, hoy se ve al alcalde con el agua a la rodilla en San Francisco, Los Sauces, Revolución Verde o Infonavit Buenavista, supervisando a la JAD, activando cárcamos y movilizando bombas portátiles para lograr que el agua baje en horas y no en días.
Pero claro, la efectividad del gobierno se topa con un muro casi insuperable: la propia ciudadanía. Es casi poético ver a las cuadrillas arriesgar el pellejo limpiando alcantarillas mientras la gente, firme en su incultura del «no pasa nada», sigue aventando colchones, llantas y toneladas de plástico a los canales. Exigir soluciones al municipio mientras tapamos las coladeras con nuestra propia mugre no es exigencia ciudadana, es cinismo puro.
Y mientras Matamoros intenta secarse, en la política local y estatal el lodo está más denso que nunca. «En Matamoros sigue la mata dando», dicen por ahí. El polémico audio atribulado a la senadora Olga Sosa, de confirmarse del todo cierto, no solo la dejaría con las patitas fuera de cualquier contienda futura, sino que bien podría ponerla a rendir cuentas tras las rejas. Resulta que la dama no era ninguna perita en dulce y parece que le fascinaba el efluvio del combustible robado y el hedor a gasolina adulterada. Definitivamente, calladita y agazapada se hubiera visto más bonita; al menos así habría mantenido la ilusión de llegar de improviso a donde ya no va a pisar.
Hablando de agazapadas, por ahí anda también una «wonder» con piel de oveja a la que solo le falta colgarse el título de psicóloga para salir a «rescatar» a Matamoros a puras palabras bonitas. Qué lástima que el pueblo sí tiene memoria: cuando tuvo poder y presupuesto en aquella dependencia estatal, sus números fueron bastante más negativos que activos, con sospechas de desfalcos que rozaron millónes. Que no se preocupe, que la luz pública siempre llega, y con esa boquita tan afilada que se carga, no va a necesitar enemigos para hacerse el harakiri solita.
Para cerrar este cuadro de pragmatismo y desfachatez, no podemos ignorar la maroma diplomática de Tatiana Clouthier. La «Tía Tatis», tras pasar seis años abrigada bajo el cobijo de Morena y amarrando puestos clave como la Secretaría de Economía, decide que es momento de «reinventarse» y promover un nuevo movimiento político. Un movimiento maestro de pura conveniencia: usó la marca de la 4T como trampolín de colocación para luego lavarse las manos de los costos políticos del gobierno saliente y venderse de nuevo como la «independiente» y «tercera vía».
En fin, mientras las cúpulas cambian de chaqueta, abren nuevos partidos y se aseguran otros seis años pegados a la nómina pública, en las calles de Matamoros el agua baja poco a poco… pero la polvareda política apenas empieza a levantarse.
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