CONFIDENCIAL
ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA
Morena cerró la definición de quienes encabezarán sus proyectos en las 17 gubernaturas que estarán en disputa y ahora toca turno a las candidaturas a diputaciones federales, diputaciones locales y presidencias municipales.
Por esa razón, entre los morenistas que aspiran, suspiran o simplemente sueñan, con aparecer en una boleta, comenzó el tronadero de dedos, particularmente entre quienes tienen puestos los ojos en las alcaldías.
Y donde el nerviosismo resulta imposible de disimular es en el Congreso del Estado. Ahí hay una larga lista de diputados de Morena que quieren brincar de una curul a una presidencia municipal.
Hay quienes, incluso, decidieron no esperar más. Una de ellas, Magaly Guillermina Deandar Robinson, quien difundió desde la noche del lunes un video en sus redes sociales para anunciar abiertamente su intención de buscar la candidatura de Morena a la Presidencia Municipal de Reynosa.
Magaly ha sido una de las legisladoras más consistentes de su bancada. Salvo aquel desafortunado episodio de la anterior Legislatura, cuando en medio de un forcejeo por una urna terminó lesionando a una diputada del PAN, la reynosense se ha distinguido por la seriedad de su trabajo y por llevar a tribuna iniciativas con contenido social. Su desempeño legislativo, por lo menos en el papel, le da argumentos para aspirar a gobernar su municipio.
Pero una cosa es levantar la mano y otra muy distinta quedarse con la estafeta. En Reynosa tendrá enfrente, solamente entre sus propios compañeros, a Humberto Prieto Herrera, Marco Antonio Gallegos Galván y Armando Zertuche Zuani, sin contar a quienes todavía puedan sumarse a la pelea.
Y ahí comienza el verdadero problema para Morena. Mientras las candidaturas parecían lejanas, todos podían hablar de unidad, disciplina y proyecto. Ahora que las posiciones empiezan a tener nombre y apellido, habrá que ver cuánto aguanta ese discurso frente a los intereses personales y de grupo.
Porque aspirantes sobran y candidaturas faltan. Ésa es la realidad. En Tamaulipas estarán en juego 43 presidencias municipales, 22 diputaciones locales de mayoría (más 14 plurinominales) y ocho federales de mayoría relativa.
Son muchas posiciones, sí, pero parecen pocas frente a la cantidad de personajes que ya hacen cuentas para aparecer en las boletas.
A eso hay que agregar otro ingrediente que complica todavía más el reparto: los alcaldes en funciones. Una buena parte de ellos conserva el derecho de buscar la reelección en 2027 y sería ingenuo pensar que todos estarán dispuestos a hacerse a un lado para abrir espacio a los nuevos aspirantes.
De modo que la pelea no será solamente entre diputados, funcionarios y cuadros del partido que buscan una alcaldía. En varios municipios también tendrán que medirse con presidentes municipales que gobiernan, tienen estructura propia y buscarán conservar el poder. Con ello, el embudo se estrecha todavía más.
Por eso, el reto para la dirigencia de Morena no será solamente elegir a sus abanderados. Lo verdaderamente complicado será contener a quienes queden fuera, impedir rupturas y evitar que el fuego amigo termine haciendo más daño que la propia oposición.
EL RESTO.
“EL CALABAZO” Y SU ÚLTIMA CHANCE.- A propósito, la elección del 2027 será la última oportunidad que tendrán aquellos funcionarios que quieran seguir ascendiendo por la escalera del poder político antes de que termine el sexenio.
Uno de ellos, por ejemplo, Héctor Joel, “El Calabazo”, Villegas. Lo que ha hecho al frente de la Secretaría General de Gobierno debe alcanzarle para que le den lo que pida: ¿La diputación federal o la alcaldía de Río Bravo?
Y es que, después del 6 de junio próximo la “cargada” será a favor de quien se perfile como el siguiente o la siguiente gobernadora. Es el proceso natural de toda sucesión: el poder será de los que vienen y ya no de los que están.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.