Por: Luis Enrique Arreola Vidal.
Se destaparon las corcholatas.
Fueron diecisiete.
Morena cerró el mapa de sus Coordinaciones Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional: los perfiles que quedaron colocados en la antesala de las candidaturas a las 17 gubernaturas que estarán en juego en junio de 2027.
El nombre es largo.
La intención política es mucho más sencilla.
Son las corcholatas.
Morena asegura que dieciséis definiciones pasaron por encuestas y que una se resolvió por consenso. Hubo levantamientos espejo, negociaciones, inconformidades y reclamos de los aliados.
Pero detrás de las encuestas apareció algo todavía más importante:
El poder territorial.
Porque una encuesta puede medir conocimiento, aceptación o rechazo.
Lo que no mide es quién controla la estructura.
Quién conoce a los alcaldes.
Quién tiene operadores.
Quién puede movilizar.
Quién gobierna.
Y ahí los gobernadores pesan.
Mucho.
No necesariamente porque hayan decidido solos cada candidatura, sino porque sería ingenuo pensar que un gobernador de Morena es un espectador sentado en primera fila mientras se decide quién heredará políticamente su estado.
El territorio también vota dentro de los partidos.
Y hubo otra señal.
El Verde consiguió espacios.
El PT, ninguno.
El Partido del Trabajo terminó reclamando públicamente el proceso y acusando incumplimientos en los acuerdos de la coalición.
Es decir:
La encuesta también tuvo mesa de negociación.
Y esa pequeña historia nacional nos lleva directamente a Tamaulipas.
Aquí no habrá gubernatura en 2027.
Habrá algo que, para la sucesión de 2028, puede resultar igual de importante:
43 ayuntamientos y 36 diputaciones locales.
El 6 de junio se renovará el mapa municipal.
Y esa será la primera gran ronda de la sucesión tamaulipeca.
Porque quien controle Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Victoria, Tampico, Madero y los municipios estratégicos no solamente administrará ayuntamientos.
Administrará territorio.
Presupuesto.
Estructura.
Operación política.
Y votos.
Por eso Américo Villarreal Anaya tendrá frente a sí sus propias corcholatas.
No diecisiete.
Cuarenta y tres.
No necesita anunciarlas en el World Trade Center.
Las irá destapando a su ritmo.
Municipio por municipio.
El gobernador está en Palacio, cuenta con mayoría política en el Congreso y Morena gobierna varias de las plazas más importantes del estado.
Eso pesa.
Y pesará todavía más cuando llegue el momento de decidir quién puede reelegirse, quién deberá dejar espacio, quién será heredero, quién será sacrificado y quién recibirá la bendición política para competir.
Pero existe una pregunta que todavía nadie puede contestar.
¿Cuántas de esas 43 corcholatas serán realmente de Morena?
Porque está el Verde.
Y está el PT.
El Verde ya demostró nacionalmente que sabe negociar.
No solamente acompaña.
Cobra políticamente su alianza.
El PT aprendió la otra parte de la lección: puedes formar parte de la coalición y terminar sin una sola gubernatura.
Y eso seguramente tendrá consecuencias cuando comiencen a negociarse alcaldías y diputaciones.
En Tamaulipas todavía no está definido si Morena, Verde y PT competirán juntos en todo, solamente en algunos municipios o cada quien por su lado.
Ahí está otra elección dentro de la elección.
¿Qué le van a dar al Verde?
¿Cuántas alcaldías?
¿Cuántos distritos?
¿Y qué le tocará al PT?
Porque el PT tamaulipeco ya mueve estructura propia en los 43 municipios.
Y ahí aparece Cendy Robles.
Comisionada política nacional de Asuntos Electorales del PT en Tamaulipas.
Ya dijo que recibió invitación de su partido para participar en 2027.
No ha dicho para qué.
Y quizá esa sea una de las preguntas más interesantes del próximo reparto:
¿Cendy Robles será una de las 43 corcholatas?
¿Una de las 36?
¿Entrará en la negociación con Morena?
¿O después de que el PT salió sin gubernaturas del reparto nacional, también en Tamaulipas le pedirán esperar afuera?
Porque las alianzas funcionan mientras todos reciben algo.
Cuando uno pone votos, estructura y militantes pero no recibe candidaturas, deja de ser alianza.
Empieza a ser subordinación.
Y ahí está el verdadero problema que tendrá que resolver Morena.
Américo Villarreal puede tener la mayor influencia política en la selección de los 43 perfiles municipales.
Pero no necesariamente tendrá 43 lugares para Morena.
El Verde pedirá los suyos.
El PT también.
Los alcaldes querrán herederos.
Los diputados buscarán brincar de puesto.
Los grupos locales intentarán conservar territorio.
Y desde el centro también habrá llamadas.
Ahí veremos cuánto vale realmente la encuesta.
Y cuánto vale el territorio.
La oposición observará su propio tablero y tratará de aprovechar cualquier ruptura. Morena, Verde y PT tendrán que decidir hasta dónde llegan juntos y dónde comienzan sus intereses particulares.
Porque 2027 no será solamente una elección municipal.
Será la primera batalla por 2028.
Así se destaparon las corcholatas nacionales.
Diecisiete.
En Tamaulipas vienen cuarenta y tres.
Más treinta y seis diputaciones.
Y todavía falta saber cuántas serán guindas, cuántas verdes y cuántas rojas.
Porque una cosa es ganar juntos.
Y otra muy distinta es repartir el poder.