POR LA LIBRE

Por Edelmira Cerecedo García

En política, los celulares también pueden ser tema de Estado… y no precisamente porque los diputados estén pegados al WhatsApp.

El Congreso de Tamaulipas decidió entrarle a un asunto que ya rebasó el salón de clases: el uso de teléfonos móviles en las escuelas.

Y aquí hay que reconocerle a Humberto Prieto Herrera que no le sacó la vuelta a una discusión incómoda. Porque mientras unos prefieren hacerse de la vista gorda frente a lo que ocurre en las aulas, el Congreso puso sobre la mesa una pregunta bastante sencilla:

¿El celular está ayudando a los estudiantes a aprender o ya se convirtió en otro distractor con conexión a internet?

La respuesta, por supuesto, no puede ser la misma para todos los planteles.

Por eso el Decreto 66-332 dejó en manos de las Brigadas de Seguridad Escolar la decisión de determinar, de acuerdo con las condiciones de cada escuela, si se restringe el uso de teléfonos móviles y cómo se aplica.

Y eso tiene lógica.

Porque una cosa es que el chamaco tenga el teléfono para avisarle a su mamá que salió de clases…

y otra muy distinta es que TikTok termine teniendo más autoridad dentro del salón que el maestro.

Ahí está el problema.

Y el Congreso no se quedó en el “ya legislamos”.

En enero volvió al tema y aprobó un exhorto para conocer el avance de las brigadas y las restricciones adoptadas en los planteles.

Eso es seguimiento.

Y en política, aunque parezca increíble, a veces hasta preguntar “¿y qué pasó después?” ya es una sana costumbre.

Bajo la conducción de Humberto Prieto, el Congreso ha colocado en la agenda asuntos que van mucho más allá de la grilla cotidiana: educación, seguridad escolar, protección de niñas, niños y adolescentes, transparencia y rendición de cuentas.

Y eso merece decirse.

Porque un Congreso no solamente sirve para levantar la mano.

También tiene que escuchar, legislar, revisar y preguntar.

EL OTRO CELULAR: EL POLÍTICO

Y ahora sí…

vámonos al otro celular.

Al celular político.

Ese que no está en las mochilas de los estudiantes, sino en los escritorios donde empiezan a sonar los teléfonos cuando se acercan las candidaturas.

Claudia Sheinbaum planteó a nivel federal la prohibición de la reelección consecutiva para diversos cargos de elección popular, y Tamaulipas hizo su parte al armonizar su legislación.

El Congreso local aprobó reformas electorales que incorporan la no reelección consecutiva, pero aquí viene el pequeño detalle que algunos discursos prefieren pasar por alto:

la prohibición será aplicable a partir del proceso electoral de 2030.

Así que para 2027 las reglas todavía permiten la posibilidad de reelección en los cargos donde actualmente existe esa figura.

Y aquí aparece esa palabra incómoda que en política todos pronuncian bonito, pero que no siempre resiste una revisión con lupa:

congruencia.

Porque una cosa es el discurso nacional de “no reelección”…

y otra muy distinta son las reglas con las que se jugará la elección de 2027.

El propio Humberto Prieto ha sido claro en este punto: quienes tengan interés en buscar la reelección tendrán que esperar las convocatorias y reglas de sus respectivos partidos.

Y tiene razón.

No hay que adelantar los tiempos.

Ni convertir una posibilidad jurídica en una candidatura.

Mucho menos hacer de cada movimiento político una novela de suspenso.

Porque la ley dice lo que dice.

Los partidos definirán sus reglas.

Y los ciudadanos, llegado el momento, tendrán la última palabra en las urnas.

Así de sencillo.

2027 todavía tiene reglas de reelección.

2030 ya tiene otra historia.

Y mientras tanto, habrá que observar quién habla de renovación, quién habla de transformación y quién está dispuesto a demostrarlo cuando llegue la hora de tomar decisiones.

Porque si se habla de nuevas formas de hacer política, también habrá que demostrarlo en los hechos.

La congruencia no se presume.

Se practica.

Y cuando las reglas son para todos, son reglas.

Cuando empiezan a acomodarse según el apellido, el grupo o la circunstancia, ya parecen menú.

Y el ciudadano ya sabe distinguir entre política y humo.

Y EN ESO LLEGÓ AMÉRICO…

Mientras en los escritorios se discuten reformas, candidaturas y calendarios electorales, en Villagrán el gobernador Américo Villarreal Anaya llegó con algo bastante más tangible:

caminos y una ambulancia.

Durante el segundo informe de la alcaldesa María Isabel Ríos Tovar, el gobernador anunció la rehabilitación del tramo La Nutria-La Purísima y de la carretera interejidal Lucio Blanco-San Lázaro, además de confirmar una ambulancia para la unidad médica de la cabecera municipal.

Y aquí la política cambia de escenario.

Porque para una comunidad rural un camino no es solamente pavimento.

Es sacar una cosecha.

Es llegar a una escuela.

Es trasladar una emergencia.

Es conectar comunidades.

Y una ambulancia tampoco es una fotografía para llenar redes sociales.

Es tiempo.

Y cuando hablamos de salud, el tiempo puede ser la diferencia entre llegar o no llegar.

Américo habló de gobiernos humanistas, transparencia y uso eficiente de los recursos, pero también puso sobre la mesa proyectos para darle mayor valor a la producción agrícola y ganadera de la región.

Ese es otro lado de la política.

El que se puede medir.

El que se puede tocar.

El que un ciudadano puede señalar y decir:

“Eso antes no estaba y ahora está.”

Porque gobernar también es convertir gestiones en resultados.

Y ahí quedó Villagrán.

Con compromisos concretos para caminos, salud y desarrollo productivo.

Menos discurso abstracto.

Más obra que resuelva.

Así también se construye confianza.

UAT: EL CAMBIO TAMBIÉN SE JUEGA EN EL AULA

Y hablando de educación, la Universidad Autónoma de Tamaulipas vuelve a poner el foco donde debe estar:

en el aula.

El rector Dámaso Anaya Alvarado puso en marcha la Trilogía Magistral: Evaluación de los Aprendizajes y la Socioformación, una capacitación que del 23 al 25 de septiembre reúne a más de dos mil docentes de las tres regiones de la UAT.

La capacitación está a cargo del especialista Sergio Tobón Tobón y plantea una ruta bastante concreta:

comprender, diseñar y aplicar.

Es decir, no quedarse en el bonito discurso académico.

Llevarlo al salón.

La apuesta incorpora evaluación integral, pensamiento crítico, ética, aprendizaje basado en proyectos y resolución de problemas reales.

Y aquí aparece una coincidencia interesante con el debate de los celulares.

La discusión no puede ser solamente:

“¿Prohibimos el teléfono o no?”

La pregunta de fondo es:

¿qué estamos haciendo para que nuestros estudiantes aprendan a utilizar la tecnología sin convertirse en esclavos de ella?

Porque quitar el teléfono del pupitre puede ayudar.

Pero enseñar a pensar sigue siendo indispensable.

Y ahí es donde la UAT tiene una responsabilidad enorme.

Una universidad pública no puede limitarse a entregar títulos.

Tiene que preparar jóvenes capaces de resolver problemas reales.

De cuestionar.

De analizar.

De pensar.

Y, sobre todo, de no creerle todo al primer video de 30 segundos que les aparezca en el celular.

Porque si vamos a hablar de transformación educativa, hay que empezar por algo elemental:

formar mejores estudiantes también significa formar mejores ciudadanos.

Y en esa tarea, la capacitación de miles de docentes tiene mucho más fondo que una simple actividad académica.

Y PARA CERRAR… QUE GANE EL FUTBOL, NO EL DESORDEN

Y como Tamaulipas también tiene su clásico, este viernes se juega la edición 44 entre Correcaminos y Jaiba Brava.

Se esperan más de 10 mil aficionados y la Secretaría de Seguridad Pública anunció un operativo con 170 elementos durante seis horas, además del apoyo de seguridad privada del Club Correcaminos y vigilancia mediante circuito cerrado en la Unidad Deportiva Adolfo Ruiz Cortines.

También habrá restricciones para el ingreso de objetos y reglas específicas para los grupos de animación.

Y qué bueno.

Porque la pasión futbolera está para gritar un gol, reclamarle al árbitro —eso casi viene incluido en el boleto— y salir con la garganta rota.

No para terminar en una nota roja.

Correcaminos y Jaiba Brava podrán odiarse deportivamente durante 90 minutos —faltaba más—, pero fuera de la cancha debe prevalecer algo mucho más importante:

que todos regresen a casa.

Porque si algo necesita Tamaulipas es precisamente eso:

menos pleitos inútiles,

más resultados,

menos simulación,

más congruencia.

Y si lo pensamos bien, todo termina conectando en el mismo punto.

El Congreso legisla.

Humberto Prieto conduce y da seguimiento.

El Gobierno de Américo lleva gestión y obra a los municipios.

La UAT apuesta por mejores docentes.

Y los ciudadanos observan.

Porque esa también es la democracia.

Que quienes gobiernan hagan su parte.

Que quienes legislan hagan la suya.

Y que quienes votamos no soltemos la mirada.

La política también tiene sus clásicos.

Nada más que esos…

duran mucho más de 90 minutos.

Se los dejo de tarea.