El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez

Caminaba entre los pasillos de HEB en Ciudad Victoria con una calma que desentona en el ambiente político actual. Uno de los hombres más cercanos al gobernador Américo Villarreal Anaya, de esos que se ganan la confianza a fuerza de trabajo constante y no de baladronadas, recorría la tienda en solitario. A raíz de su llegada, por cierto, descendieron radicalmente los ataques fulminantes en redes sociales contra aspirantes y figuras del equipo estatal.

Se le veía indeciso frente a los estantes, pero sonriente. Sabe de sobra la importancia de su encomienda y la razón exacta por la que desembarcó en la capital. Pudo ir escoltado por una comitiva de asistentes, pero prefirió buscar él mismo sus víveres, enfocado en el área de frutas y verduras, en plan fit.

En las calles de Victoria pocos lo ubican a simple vista, pero en la clase política y empresarial su rostro ya está perfectamente identificado; por eso llama tanto la atención la sencillez con la que se conduce. Tras pagar, acomodó el mandado en la cajuela de su vehículo personal.

Podría haber llegado en una Tahoe o Suburban blindada con chofer esperándolo con el clima a todo lo que da, como se ha vuelto costumbre en la burocracia local. Hoy vemos hasta a subsecretarios y directores generales presumiendo choferes y guardias de seguridad por puro ego, aunque sus puestos no impliquen el menor riesgo.

Mientras este funcionario opera con sensatez, sobriedad y eficacia, dentro del mismo engranaje gubernamental abundan quienes han caído en derroches, banalidades y excesos. A esos fantoches se les olvida el mandato claro de la transformación: no robar, no mentir y no traicionar.

Traicionan la confianza del gobernador Villarreal Anaya quienes confunden el servicio público con un botín para ostentar privilegios y alimentar el nepotismo; quienes se sienten intocables en sus camionetas del año terminan fallándole al proyecto y distorsionando el encargo.

Al final del día, la verdadera fuerza política no la dan los escoltas ni el aparato publicitario, sino la prudencia, el trabajo que da resultados y la capacidad de caminar firme y sin miedos entre la gente común.

El contraste es abismal en esta recta final. Qué diferencia entre quienes entienden la lealtad y aquellos que terminaron mareados arriba de un ladrillo, abusando de la confianza depositada por el gobernador Américo Villarreal Anaya para convertirse en un lastre que solo resta a la figura del Ejecutivo.

Muchos olvidan que el poder es prestado. En el tramo donde se consolida el legado, estos personajes prefirieron la pasarela de egos, la ostentación y el tufo a prepotencia, fallándole de frente al compromiso con el pueblo. No todos están fuera y algunos juegan al enmascarado haciéndose víctimas, cuando tienen un enfermizo amor por el dinero fácil, como algunos que jugaban en su cancha y pertenecían al equipo anterior.

Al final del camino, cuando las luces se apagan y los privilegios se terminan, a los de los excesos no les alcanzará ni todo el clima de sus lujosas camionetas para quitarse el bochorno del repudio. La historia pondrá a cada quien en su lugar… y el tiempo se encargará de cobrar la factura. Al tiempo.

No es tamaulipeco, pero se nota que vino a trabajar en el campo del gobernador, comprometido con su responsabilidad, muy lejos de otros foráneos que también llegaron a la administración y saquean impunemente el presupuesto.

Uno de esos extraños recibía un sobre de 50 mil pesos mensuales por parte de un alcalde, con el compromiso de hablar bien de su trabajo en el tercer piso. Los secretos poco tiempo se pueden ocultar; es fácil conocerlos haciendo las preguntas correctas y a las personas que manejan y susurran el poder.

El hombre del HEB sabe mejor que nadie que los dos años venideros son claves, que es el momento de cuidar la salida, proteger al jefe y garantizar su crecimiento, y que el poder crece, se mantiene y se desvanece. Los meses son claves para hacer aliados, no enemigos.

Su nombre es Gerardo Algarín, el coordinador de Comunicación Social del Gobierno Estatal, el mismo que llegó como emergente. Trata de desenvolverse lo mejor que puede, pero también hay algunos miembros del gabinete que de plano no le ayudan. Sabe mejor que nadie del problema de corrupción; en sus manos hay pruebas y datos del saqueo en su oficina.

Ese hombre caminaba solo y se fue en un Aveo, eso sí, de un color horrible, pero igual de sencillo.

Alguna vez nos comentó que si fuera por él llegaba en bicicleta eléctrica a Palacio; hoy sí le creemos, decía la verdad. No le gustan los reflectores ni los lujos; en los detalles y en la privacidad se conoce a las personas.

Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…

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