Redacción
Ciudad Victoria.- El escritor Enrique Jonguitud Blanco presentó su ensayo “Lo que la ciudad se llevó: un valle perdido en el pasado”, durante la tercera edición del Coloquio Tópicos Victorenses, realizado en la Biblioteca de la Casa de la Cultura de Victoria.
Como primer expositor del encuentro, Jonguitud Blanco abordó la transformación de la zona rural de Ciudad Victoria, donde antiguas parcelas dedicadas al cultivo fueron absorbidas por el crecimiento urbano y convertidas en fraccionamientos habitacionales.
El ensayo recupera la historia de los ejidos y los saberes que durante generaciones formaron parte de la identidad de las comunidades rurales, entre ellos el trabajo con animales de carga, la medicina tradicional, las artesanías, la gastronomía y diversas prácticas comunitarias.
“Hay prácticas y costumbres que permanecen solo en la memoria. Quienes crecieron en zonas rurales conservan algunas herencias bioculturales que moldearon su identidad: los descendientes aprendiendo el oficio de uncir la yunta y con ello, cumplir con el rito laboral necesarios para trabajar los ciclos agrícolas”, dijo.
Entre los ejidos que forman parte de esta transformación se encuentran Guadalupe Victoria, El Olivo, Lázaro Cárdenas, Santa Librada, La Presa, La Libertad, La Misión y El Refugio, territorios que dejaron de ser principalmente referencias agrícolas para incorporarse al crecimiento urbano de la capital tamaulipeca.
Jonguitud Blanco también destacó que el cambio territorial ha afectado la transmisión de conocimientos entre generaciones, como el uso de plantas con fines medicinales, la elaboración de dulces artesanales, las celebraciones comunitarias y la enseñanza para montar a caballo.
Otro de los aspectos abordados fue la desaparición de antiguos oficios agrícolas, entre ellos la práctica de uncir la yunta y el uso de herramientas como el yugo, las coyundas, el barzón, las manceras y el gurgús, conocimientos que fueron desplazados por los tractores y otras tecnologías.
“Esto, entonces, es solo uno de los saberes que se están yendo entre el tiempo y la modernidad y en cuya repercusión quizá no se ha ahondado por completo, pero que definitivamente, han ido deshilachando el famoso tejido social, ese hilo resistente que une y soporta a las comunidades y a su organización”, sostuvo.