El Patinadero

Juan Antonio Montoya Báez

Eduardo Gattás Báez parece un eterno guerrero; siempre pelea por espacios, pero con la madurez suficiente para detenerse y reconocer la institucionalidad cuando el guion lo exige. En sus tiempos como priista, perdió la elección por la diputación local simplemente porque no contó con el apoyo del tercer piso. El entonces gobernador Egidio Torre Cantú odiaba con jarocho fervor todo lo que oliera al PRI.

Por eso, Torre Cantú pactó en su momento con el panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca para entregarle el poder estatal a cambio de una impunidad que, al día de hoy, se mantiene intacta. Egidio resultó ser el exmandatario más pragmático e inteligente: nadie lo persigue y las carpetas de investigación por el uso de empresas factureras y el desfalco millonario al IPSSET duermen el sueño de los justos.

Ese boquete financiero, por cierto, pretenden taparlo ahora exprimiendo con nuevas cuotas a los burócratas estatales, garantizan el olvido y el perdón para los delincuentes de cuello blanco que saquearon la institución.

La traición contra Gattás en aquella vieja contienda se fraguó a través de los operadores políticos de Egidio. La orden unánime se dictó en una reunión secreta celebrada en una palapa de la carretera interejidal.

Ahí, los movilizadores recibieron recursos económicos para la jornada, pero acompañados de una instrucción tajante: votar en contra de Gattás. Los operadores propagaron la consigna y, finalmente, el hoy alcalde perdió la diputación frente a la panista Teresa Aguilar debido al fuego amigo del propio gobernador priista.

El sábado, la historia fue muy distinta. Eduardo «Lalo» Gattás Báez rindió su quinto informe de gobierno municipal —el segundo de su actual periodo— exhibiendo un músculo político y un poder de convocatoria importantes. Al recinto acudió la plana mayor del sector empresarial, senadores, diputados, alcaldes y, como invitado de honor, el gobernador Américo Villarreal Anaya, quien lucía complacido con el recibimiento y con las cuentas entregadas por la administración capitalina.

Gattás destacó una inversión concurrente entre el municipio, el estado y la federación por el orden de los 13 mil 460 millones de pesos destinados a los rubros de obra pública, movilidad, agua y bienestar social, ponderando en todo momento el cobijo del mandatario estatal para consolidar dicha bolsa presupuestal.

En el desglose netamente local, presumió la asignación directa de 709 millones de pesos en obra pública municipal y la histórica adquisición de 24 camiones recolectores de basura. En el tema hídrico, apuntó avances en los proyectos prioritarios para garantizar el abasto de agua a largo plazo en la capital, blindado por finanzas sanas que reportaron una recaudación interna récord de 287 millones de pesos en el último ejercicio.

Pero el alcalde victorense no se limitó a leer números; también lanzó señales de humo sobre su futuro político, bajo la premisa de que su compromiso con Ciudad Victoria “no termina aquí”, Gattás dejó en claro sus aspiraciones de buscar la diputación federal en el corto plazo.

Se declaró listo para construir acuerdos, gestionar recursos y llevar la voz de los ciudadanos “hasta donde tenga que ser escuchada”, advirtiendo que sus sueños van de la mano de la Cuarta Transformación, de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y del propio Américo, pues ningún gobierno se consolida de forma aislada.

El momento cumbre de la tarde ocurrió durante el mensaje del gobernador Américo Villarreal, quien aprovechó el escenario para propinarles un severo y elegante regaño público a sus secretarios. Al ver a casi todo su gabinete congregado en las primeras filas, el mandatario soltó con ironía:
«Me da mucho gusto ver ahora a muchos integrantes de nuestro gabinete, que los extrañamos en algunos de los otros municipios distantes y rurales, pero que estamos esperando que hagan presencia en los próximos».

Con esa sola frase, el Ejecutivo desnudó lo que la ciudadanía grita a voces: la tremenda lejanía de su gabinete con el territorio. Los funcionarios estatales desprecian las comunidades rurales y los municipios apartados; prefieren la comodidad del aire acondicionado y las mieles presupuestales de sus dependencias en la capital.

Es indudable que algunos de ellos solo están aprovechando el espacio para el enriquecimiento personal. A muchos directores y secretarios la gente ni siquiera los conoce por su nombre; en el colmo de la inoperancia destaca el secretario de Turismo, Benjamín Hernández Rodríguez.

Al menos esta vez, el evento de Gattás no se vio empañado por la ruidosa protesta de los ataúdes en motocicleta que solía denunciar la galopante corrupción en la Secretaría del Trabajo, cuyo titular, Luis Gerardo Illoldi Reyes, todavía tiene el descaro de aspirar a la alcaldía de Victoria cargando con todas las manchas del «tigrillo». El colador electoral se pondrá interesante.

Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…

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