EN PERSPECTIVA
POR: OMAR ORLANDO GUAJARDO LÓPEZ

— Para Carmona, elogios; para la prensa que lo cuestiona, sospechas y descalificaciones.

— PAN, independiente y Morena: cambian las candidaturas, permanecen las relaciones.

— Respaldarlo en 2028 obligaría al partido a responder por lo que el senador calla.

José Ramón Gómez Leal tiene mejores palabras para Sergio Carmona que para los periodistas que le piden explicaciones. Al empresario lo recuerda atento y servicial; a una reportera que pregunta por sus ausencias al Senado le exige saber quién le paga. En esa diferencia se reconoce al aspirante que pretende gobernar Tamaulipas: comprensivo con sus relaciones, intolerante con el escrutinio y convencido de que puede reclamar confianza sin aclarar lo que la debilita.

Ahí comienza el problema de Morena. JR quiere ser considerado una opción de gobierno mientras trata las preguntas sobre su desempeño como agravios personales. Sus vínculos requieren explicaciones, pero su manera de responder añade otra dificultad: la de un político que parece aceptar la comunicación solamente mientras conserve el control de la conversación.

EL SENADOR QUE QUIERE INTERROGAR A LA PRENSA

Shalma Castillo le preguntó por sus faltas al Senado. JR respondió que estaban justificadas y, ante la insistencia, cuestionó los ingresos de la periodista, quién le pagaba y cómo hacía su trabajo. Finalmente atribuyó una ausencia a enfermedad, después de intentar trasladar el examen a quien sostenía el micrófono.

El salario de la reportera no explicaba sus ausencias. Introducirlo en la conversación servía para insinuar que detrás del cuestionamiento había un interés ajeno al trabajo periodístico. Es la misma lógica de sus anteriores expresiones contra los “chayoteros”: si la pregunta incomoda, se desacredita a quien la formula. Los ciudadanos que esperan una respuesta quedan fuera de esa disputa fabricada por el funcionario.

La entrevista concertada con Liz Vilchis demuestra que JR encuentra espacios para desarrollar su versión. Lo que parece costarle es aceptar preguntas que lo obliguen a salir de ella. Un senador no concede un favor cuando explica su actuación, ni adquiere autoridad sobre una periodista porque ella insista. Confundir ambas funciones revela cómo entiende el cargo: quiere decidir qué responde, pero también quién tiene derecho a preguntarle.

Esa conducta importa para Tamaulipas porque anticipa una forma de ejercer el poder. Si desde el Senado convierte el escrutinio en una confrontación personal, su aspiración a la gubernatura exige algo más que presencia territorial y fotografías con dirigentes.

CAMBIA DE PARTIDO, CONSERVA LOS VÍNCULOS

JR pasó del PAN a una candidatura independiente y después a Morena. Antes administró operaciones de Grupo GOR, la empresa familiar, donde trabajó con transporte, logística y autotanques. Su formación empresarial precede a sus distintas afiliaciones y vuelve difícil aceptar el retrato de un hombre que conocía a Carmona sin enterarse de las actividades que ahora se le cuestionan.

El recorrido sugiere una identidad partidista flexible alrededor de intereses más estables. Quizá la continuidad de JR se encuentre precisamente en conservar influencia para su entorno familiar y empresarial. Desde esa hipótesis, las candidaturas serían distintas vías de acceso al poder, sin que cada cambio implicara abandonar las relaciones anteriores.

Por eso su deslinde de Cabeza de Vaca resulta insuficiente. En los mensajes atribuidos a JR y Carmona aparece “Lacho García”, identificado por quienes difundieron el material como exsubsecretario del gobierno cabecista. Ese contacto compartido permite sospechar que las diferencias públicas coexistían con entendimientos nunca explicados. Cambiar de partido no basta para presentar aquellos entornos como mundos separados.

Su defensa de Carmona profundiza la contradicción. Lo describe como una persona “atenta, servicial y de buen trato”, pero deja pendientes las solicitudes y gestiones de las conversaciones difundidas. La petición de un “papalote”, interpretado como un avión, exige explicar para qué lo necesitaba y qué confianza permitía solicitarlo. Los buenos modales del empresario no aclaran la naturaleza del favor.

La hipótesis incómoda es que explicar a Carmona podría obligarlo a hablar de sus propios intereses. Defender su memoria conserva la discusión entre los afectos; detallar las gestiones la lleva hacia sus decisiones. Tal vez el límite de su deslinde esté ahí: en cuánto tendría que revelar sobre relaciones que todavía considera útiles.

MORENA PUEDE ELEGIR SIN CARGAR CON JR

Las debilidades de otros aspirantes no convierten a JR en la mejor opción. Tampoco resuelven sus contradicciones. Morena tendría que juzgarlo por lo que ofrece y por lo que exige defender, sin aceptar que las deficiencias ajenas funcionen como recomendación.

Ganó la elección extraordinaria al Senado con Morena y el PT. Ese respaldo no lo vuelve indispensable ni convierte los votos de la coalición en patrimonio personal para reclamar la gubernatura. Su cercanía con Adán Augusto y su anterior competencia con Américo Villarreal explican parte de su recorrido interno, pero los apoyos entre dirigentes no sustituyen la confianza ciudadana.

Para la conducción encabezada por Sheinbaum, respaldarlo significaría asumir las respuestas que él deja pendientes. Cada pregunta sobre Carmona, el cabecismo o sus gestiones terminaría dirigida al partido que decidió postularlo. La campaña tendría que defender primero al candidato y después explicar su propuesta para Tamaulipas.

Ahí se perfila su segunda derrota por la gubernatura, antes de llegar a las urnas. JR es la peor opción de Morena porque a las relaciones que necesita esclarecer añade una conducta que dificulta hacerlo. El movimiento no tiene por qué adoptar esa conveniencia: elogios para los allegados y sospechas para quienes preguntan. Puede prescindir del senador; lo que no puede pedirle a Tamaulipas es que deje de cuestionarlo para que él pueda gobernar.