La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

El disputado escenario electoral, la torpeza e inoperancia de su equipo y la cuota de pago por el error de una red de colaboradores metidos con calzador en el convulso paisaje tamaulipeco, tienen al rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, en una crisis de gobernabilidad agravada por el joven estudiante de Veterinaria que sufrió graves consecuencias por una novatada.
Por defender a ultranza su feudo, y a sus testaferros en ese espacio universitario, metió el hombro a director de la escuela de Veterinaria y estudiantes involucrados en un problema que ya trascendió hasta las oficinas de la presidencia.
El desaseado manejo, del hecho, involucra desde el fiscal general del estado, Gerardo Govea Orozco, hasta el mismo rector Anaya Alvarado, en un caso que debió ser atendido de inmediato con pulcritud y sanciones a los responsables.
Y ahí, se acababa el escándalo.
Pero no.
Con la mentalidad del viejo porrismo que azotó a la UAT por décadas, intentaron echarle tierra al acontecimiento. Salieron a declarar, que había sido un golpe de calor el causante de los malestares del estudiante.
Ahí es donde la puerca torció el rabo.
Con la intervención de la autoridad -universitaria y penal- se complicó todo.
Se derivan, la manipulación de la verdad por parte oficial, que lleva al hecho de torcer el rumbo de la justicia.
La fiscalía ya tiene callo en falsear la ley. Recordemos el caso de la academia militar Doenitz de Madero: sigue sin resolverse y continúa tratando a los responsables con una detención privilegiada. A más de dos meses del asunto, la justicia pronta y expedita ni sus luces.
Falta que salga la familia del estudiante de veterinaria para agravar el caso.
Tamaulipas, es campeón de violencia en espacios educativos. Las academias militarizadas y la universidad pública (UAT) liderean ese oscuro récord. Incluso la presidenta Sheinbaum, por los hechos en nuestra máxima cada de estudios, reflexionó ante la posibilidad de legislar para acabar con esas prácticas.
Olvidémonos que la UAT está en los últimos lugares del país en calidad educativa; dejemos en paz, los miles de millones de pesos escamoteados a los trabajadores pensionados universitarios; soslayemos el precario perfil académico de Dámaso para ocupar tan relevante cargo; no abordemos los exorbitantes pagos por titulación que es una forma de privatizar la educación -cobran igual o más que las escuelas de educación privada por ese trámite-, enfoquémonos en lo inmediato y vital: el cuidado de nuestra juventud.
Dirán los optimistas: es la UAT medalla de oro en violencia.
¿Y Dámaso?
Insiste en sus vaporosos sueños de opio: ser gobernador.